DISTRITOS DE ZARAGOZA
El barrio de Zaragoza que conmemora en sus fiestas la gran riada de 1923: "Se saldó con una docena de gallinas y dos vacas muertas"
Tras la tragedia os vecinos iniciaron la tradición de reunirse en una comida popular

Aspecto de la gran inundación de 1923 que se conmemora en las fiestas de La Jota. / Archivo GAZA

El bario de La Jota en Zaragoza ha celebrado una semana de fiestas mucho más intensa que en años anteriores. La tregua que han dado las olas de calor ha favorecido la participación y los propios vecinos se han implicado más que en otras ocasiones en unos festejos que tienen un origen poco conocido. Viendo cómo se encadenan sobresaltos naturales en las últimas jornadas en el barrio zaragozano lanzan la vista atrás para conmemorar que en el mes de julio de 1923 una concatenación de tormentas en todo Aragón provocó una gigantesca riada que arrasó con el incipiente distrito.
«La tragedia se saldó con una docena de gallinas y dos vacas muertas», recuerda el presidente de la asociación de vecinos, Juán Andrés. Por ese motivo el 11 de julio de 1924 los residentes en el entorno de la carretera a Barcelona pasando por la Junquera (como se conocía en la época a la avenida de Cataluña) se reunieron a hacer una merienda y conmemorar que habían salido de aquello con solo daños materiales. «Esta celebración se repitió hasta la guerra civil», explican. La celebración se recuperó en los años 70 y en la actualidad la fecha del 11 de julio sirve como asidero vecinal a falta de otro patrón.
«La recuperación con la democracia debió de ser emotiva, porque todavía quedaría gente viva de una tragedia que marcó a la ciudad y provocó muertos en otras zonas, como San Juan de Mozarrifar», recuerda.
La enorme riada de esa madrugada, en unos años en los que no existían todavía la regulación de los cauces gracias a los pantanos, provocaron que el Ebro y el Gallego se desbordaran anegando toda su margen derecha, San Gregorio, la plana de Cogullada y las vaquerías, casas y torres de lo que hoy es el barrio de La Jota y la Avenida Cataluña.
Según las crónicas, las familias se refugiaron en la fábrica de galletas Patria (donde ahora se encuentra un gimnasio) en un puesto de ayuda que organizaron los Scouts de Zaragoza y la Cruz Roja. «Se cuentan historias que hablan del olor a cacao que había en el interior y de la sopa que les dieron para que pasaran la noche», destaca el presidente vecinal. Al mismo tiempo «los hombres volvían a las torres, granjas y vaquerías a sacar a los animales para llevarlos hacia zonas del Arrabal». Algunos de ellos no se pudieron salvar.

La comparsa de cabezudos del barrio de La Jota, esta semana. / Asociación de vecinos La Jota
El barrio de La Jota comenzó a tomar la forma que ahora tiene, y por la que corren las comparsas de cabezudos, a mediados de los años 50 del siglo pasado organizado entre las calles Once de Julio y Lirio, actualmente calles Ruiseñor y Pedro Lázaro, que forman una cruz.
Este núcleo embrionario poco a poco se fusionó con las construcciones ganaderas que se encontraban en los alrededores de la calle Santa Fe y con las residencias de las calles Carmen Serna y Aurora, lo que era la urbanización de Costa. Un complejo génesis que adquirió su personalidad alrededor de los nombres de joteros que recibieron sus calles primigenias. «En su origen la población era de ganaderos, vaqueros, agricultores y aparceros, con los años y la construcción de las parcelas empezaron a llegar familias de obreros para las fabricas y talleres que comenzaban a crearse en el barrio y su entorno», indican desde la asociación vecinal.
Cabezudos
En esos recodos, esquinas y veladores se ha celebrado esta semana un intenso programa de festejos. Así lo cuenta una de las colaboradoras, Ana Cristina Palos. Este año han visto como la gente joven se implicaba mucho más con esta tradición. «El ambiente es inmejorable y estamos viendo cómo se crea cantera», destaca. De paso han aprovechado para alzar la voz en la reivindicación de más piscinas, algo fundamental cuando las previsiones indican que las olas de calor serán cada vez más frecuentes.
Además, las fiestas se han abierto a otras zonas de la ciudad y han visto cómo asistentes al concierto de Romeo Santos del pasado viernes aprovechaban para rematar la jornada en la verbena organizada por la asociación. «La gente del barrio está muy implicada», destaca Palos. Atrás quedan los años de penurias, barro e inundaciones. Ahora es tiempo de fiestas en comunidad.
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