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Del Portillo a las viejas fábricas: Zaragoza avanza para coser sus cicatrices urbanas

El ayuntamiento está avanzando en los últimos años para impulsar varios desarrollos pendientes en la ciudad consolidada que quedaron rezagados mientras la urbe se expandía

Zaragoza avanza en coser sus cicatrices urbanas.

El Periódico de Aragón

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Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

La bimilenaria ciudad de Zaragoza ha vivido en un continuo cambio desde el mismo momento de su fundación. Pero ha sido en los dos últimos siglos cuando ha cambiado totalmente su cara, extendiendo sus lindes mucho más allá de lo que soñaron los romanos o los musulmanes que un día gobernaron la capital aragonesa. La industrialización, especialmente con la llegada del ferrocarril, y el éxodo rural fueron, a grandes rasgos, los fenómenos que la hicieron expandirse demográfica y urbanísticamente en los siglos XIX y XX.

En el actual, variables como la inmigración son fundamentales para continuar con una expansión que se consolidó más si cabe con la celebración de la Expo en 2008. Aunque esta evolución vertiginosa ha ido dejándose cicatrices urbanas por el camino por distintas circunstancias y que, de un tiempo a esta parte, el Ayuntamiento de Zaragoza se ha empeñado en intentar coser, con sus pros y sus contras.

El desbloqueo del triángulo del Portillo o de solares como el del antiguo convento de Jerusalén o el Jesús y María son solo tres de los últimos ejemplos en una ciudad en cuya periferia también se generaron nuevos vacíos urbanos, acrecentados con el crac inmobiliario de 2008 y que ahora se intentan compensar.

La gran cicatriz del Portillo

La del Portillo es, sin duda, la cicatriz urbana por excelencia del centro de Zaragoza. Un enclave que fue estratégico para el desarrollo de la industria del ferrocarril ya desde el siglo XIX. Con la llegada de la Alta Velocidad en los 2000, este enorme triángulo que hace de frontera entre Delicias, el barrio más populoso de Zaragoza, y el centro quedó como un descampado en el que apenas estaba operativa la estación de cercanías, Correos o el CaixaForum inaugurado en 2014.

Estado actual de las obras de reurbanización del Portillo.

Estado actual de las obras de reurbanización del Portillo. / Jaime Galindo

En 2023, el consistorio y Adif, con el visto bueno del Gobierno de Aragón, consiguieron desbloquear el proyecto, que desde entonces se ha encontrado con distintos obstáculos, tanto en precio como en plazo. Las obras empezaron a principios de 2026, con un presupuesto cercano a los 32 millones que ya se ha disparado hasta cerca de 40 y un estreno que se aplazará hasta el verano de 2027. En ese entonces, el Portillo se reurbanizará con un gran parque central, en el que se generará una pastilla para 220 pisos de lujo y otra para usos terciarios, además de dos grandes avenidas, Anselmo Clavé y Escoriaza y Fabro, que absorberán 8.500 coches que pasan al día por el eje María Agustín–Pamplona.

La cicatriz más reciente que se ha cerrado en Zaragoza de una forma similar a la del Portillo es la de los antiguos Depósitos Pignatelli. La zona se reurbanizó en la pasada legislatura, ampliando el parque homónimo y generando suelos para 65 pisos libres, construidos y habitados, y 30 VPO de titularidad municipal que todavía siguen sin impulsarse, con el embarcadero también a la espera.

Las viejas industrias

La salida de las viejas industrias de la ciudad consolidada también ha ido generando una serie de vacíos y cicatrices que, poco a poco, se van subsanando. Junto al Portillo estaba la histórica fundición Averly, que cesó su actividad hace más de una década. Brial compró los terrenos, sobre los que ha lanzado promociones urbanísticas que incluyen un pequeño paquete de viviendas protegidas y que siguen en obras, aunque en un estado cada vez más avanzado.

Por otro lado, a finales de 2025 se desbloqueó la recalificación de las parcelas que ocupaba Aceralia en el Picarral, las cuales abandonó hace más de 20 años y con una titularidad compartida entre el ayuntamiento, Saica y la Sareb. El acuerdo se alcanzó en 2023, con Azcón como alcalde, pero tardó en ratificarse en el pleno municipal. Ahí se levantarán 850 viviendas en una cicatriz cercana a las 16 hectáreas.

Estado de los suelos de Aceralia.

Estado de los suelos de Aceralia. / Laura Trives

En Giesa, la apuesta ha pasado por reconvertir las antiguas naves del distrito de Las Fuentes en una ciudad del cine no exenta de polémica, con una inversión pública de 20 millones de euros. Y en el próximo pleno la idea es aprobar definitivamente el convenio para que Instalaza abandone el centro de la ciudad, en este caso el barrio de Tenerías, en una operación que se lleva persiguiendo desde hace más de 15 años.

Los edificios en desuso

Por otro lado, existen solares que hasta hace poco albergaban edificios con un uso histórico y que, por distintas razones, han sido demolidos. Los religiosos están a la orden del día en este sentido, con dos ejemplos muy recientes. El que más, el antiguo colegio Jesús y María, entre la avenida Goya y la calle Cortes de Aragón. El acuerdo entre el ayuntamiento y la promotora Wilcox para su urbanización se alcanzó a finales de 2024 y se rubricó hace unos días. La previsión es que las obras empiecen en 2027, con 169 viviendas libres, un equipamiento público y un viario peatonal que conectará ambas arterias.

Estado del solar del Jesús y María.

Estado del solar del Jesús y María. / Laura Trives

Asimismo, las últimas monjas abandonaron el convento de Jerusalén hace más de diez años. El grupo inversor aragonés Bancalé compró la parcela, junto a La Romareda y frente al Servet, en 2019 por unos seis millones. En 2023, tras un largo proceso el edificio fue demolido (las asociaciones intentaron paralizar su derribo, como el del Jesús y María) y en el último pleno el Gobierno municipal del PP sacó adelante la recalificación de las parcelas, donde se habilitarán 220 pisos libres, una nueva calle entre Isabel la Católica y Álvaro Bazán y dos residencias privadas. En el tintero quedan todavía tiritas como el Teatro Fleta, propiedad de la DGA, o la innumerable lista de solares vacíos en el casco.

Expansión

La siguiente gran transformación de Zaragoza llegará en la próxima década y deberá cerrar, si otra crisis no lo impide, los enormes huecos que dejó la burbuja inmobiliario. Desarrollos como Arcosur, un enorme barrio con 22.815 viviendas mixtas y el doble de población que Teruel, o la trasera de Augusta, toda vez que los vacíos del Barrio del AVE se han ido solventando, aunque todavía queda alguno a gran escala como el parque equipado de La Almozara. La expansión también se ha producido hacia la avenida Cataluña y pone su mirada en Miralbueno o el entorno del Príncipe Felipe, entre otros ejemplos.

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