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ALTAS TEMPERATURAS

Un zaragozano en París, ante la histórica ola de calor: "Ha sido muy difícil. Francia está menos adaptada que España: ni culturalmente ni las infraestructuras"

Costumbres y horarios que no evitan el calor han hecho que más personas se expongan al peligro de pasar el día a 40º, cuenta Óscar, un joven aragonés que reside en la capital de Francia

Un hombre y un niño se refrescan en una fuente frente a la Torre Eiffel de París, el pasado verano, en plena ola de calor.

Un hombre y un niño se refrescan en una fuente frente a la Torre Eiffel de París, el pasado verano, en plena ola de calor. / YOAN VALAT / EFE

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

España está acostumbrada a pasar veranos con temperaturas por encima de los 40 grados pero en el resto de Europa esta circunstancia, cada vez más habitual, es una novedad que les ha 'pillado' viviendo en casas que no están adaptadas al calor extremo y costumbres que aún están menos preparadas. Y esto es justo lo que ha pasado en Francia. "La verdad que incluso para alguien de Zaragoza como yo, acostumbrado a llegar a los 38 y 40 grados en junio y al que no le sorprenden tanto estas temperaturas ha sido muy difícil de sobrellevar", explica Óscar, un joven nacido y criado en la capital aragonesa pero que lleva ya años residiendo París.

Y es que mientras el valle del Ebro se adentra en su segunda ola del calor en tres semanas, en París todavía no han superado un evento "histórico", con temperaturas de récord nunca antes vistas tantos días consecutivos. "Ha sido más fuerte que en 2003 -cuenta Óscar, ecologista militante y de formación- y entonces hubo miles de muertos en toda Francia". Esta vez, se prevé que sean también varios miles de personas las que han podido fallecer a causa del bochorno. Los datos asustan: las muertes en el hogar de personas mayores subieron un 91% con respecto al promedio semanal del mes de junio durante la ola de calor.

Pero, ¿por qué si las temperaturas que se han alcanzado en Francia son las mismas que España lleva años sufriendo allí parece haber tenido más incidencia? "Francia está bastante menos adaptada que España al calor tanto a nivel de infraestructuras y construcciones como culturalmente", cuenta Óscar. Eso explica, por ejemplo, que la manifestación del Orgullo LGTB, que se tuvo que suspender por el calor, se convocara a las 14.00 horas. "En España es inviable. A nadie se le ocurre y a mí me sigue extrañando. O que el comercio siga abierto en las horas centrales del día, cuando hace más calor. Eso hace que más gente esté en la calle y, por tanto, el calor se sufra más. No tienen la costumbre de reposar hasta la tarde", explica Óscar.

Adaptación normativa

Y es que resulta que los españoles no duermen la siesta por vagos sino por adaptación. Las ciudades españolas se paran cuando pasan las 14.00 horas en verano y no regresan a la vida casi hasta que empieza a irse el sol. Eso no pasa en Europa pero tendrá que empezar a pasar. "En Francia no ha existido este tiempo hasta ahora y no ha habido que adaptarse a ello", añade el joven zaragozano, que cuenta que en el país vecino tampoco tienen apenas adaptada la normativa laboral a la nueva realidad climática. "Aquí todavía no se han puesto en marcha leyes para restringir el trabajo al aire libre en las horas de más sol y en España está regulado", dice. Un ejemplo más de adaptación.

En París, además, el efecto de la urbe multiplica la sensación del calor. El asfalto absove la radiación del sol y la escupe por las noches, convirtiendo los barrios en verdaderas calderas aun cuando ya se ha ido el Sol. En los últimos tiempos se ha puesto en marcha un plan para retirar asfalto y reverdecer la ciudad, sí, pero se ha demostrado insuficiente porque, en general, todo está menos preparado en Francia para el calor. "Hay muchas menos piscinas municipales, por ejemplo. Y hay muchísimos edificios que no tienen persianas, lo que hace que el Sol entre durante toido el día en las casas y se acumule dentro el calor", cuenta Óscar.

En la capital francesa hay otro elemento que eleva aún más las temperaturas dentro de los hogares. Los bonitos y negros tejados de la ciudad del amor son de zinc, un material oscuro que al sol puede alcanzar los 80º, cuenta este jóven, que ha estudiando un máster en Políticas de Transición Ecológica en las Ciudades. "Ese calor en los tejados se transmite después al interior a lo largo de toda la noche, lo que llega a resultar hasta peligroso", explica.

Allí, además, la instalación de máquinas de aire acondicionado no había sido necesaria hasta ahora, por lo que no hay. Pero es que encima las casas no están preparadas para el calor. Al contrario. Se pensaron, desarrolla el joven zaragozano, para acumular calor y poder pasar el invierno. "Son todo elementos que dan cuenta de la falta de adaptación, tanto cultural como arquitectónica. Todo junto ha hecho que se viva de forma muy agresiva", zanja Óscar.

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