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Crisis climática

Combatir el calor extremo, la nueva tarea de los alcaldes, también en Zaragoza

La crisis climática se deja notar en la capital aragonesa, que con el tiempo acumula cada verano más días de altas temperaturas. El ayuntamiento ha puesto en marcha una red de refugios climáticos, pero para que la ciudad del Ebro siga siendo habitable en julio y agosto parece que hacen falta medidas más ambiciosas

Altas temperaturas en Zaragoza durante la segunda ola de calor del verano.

Altas temperaturas en Zaragoza durante la segunda ola de calor del verano. / Laura Trives

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Las ciudades no son estáticas y por muchos que sean los problemas y retos que un alcalde, alcaldesa en este caso, haya marcado en su agenda, son otros tantos los que van apareciendo con el paso de los años. El PP, desde su llegada al Gobierno municipal, se marcó el desafío de reactivar proyectos que Zaragoza llevaba tiempo reclamando y que no se habían realizado. Con perricas, chufletes, claro, porque en los últimos años la disposición de presupuesto ha sido la más alta de su historia. Pero ese logro no se lo quita nadie ni a Azcón ni a Chueca, ideologías aparte. Ahora bien: mientras se han ido saldando algunas deudas que el ayuntamiento mantenía con sus convecinos, han aparecido otras que, por el momento, parecen lejos de poder pagarse.

El más evidente de estos problemas a los que hay que hacer frente y que antes pasaban de largo de la agenda política es el cambio climático, una cuestión que en una ciudad no pasa por grandes pactos para reducir emisiones sino en cómo hacer habitable una urbe que, durante dos meses, alcanza temperaturas incompatibles, cuando menos, con mantener el buen humor. Cierto es que el Gobierno municipal ha puesto en marcha en los últimos años una red de refugios climáticos que suma decenas de edificios e instalaciones preparadas para combatir el calor a los que los zaragozanos pueden ir a pasar el día. Pero el problema va más allá. El efecto isla de calor convierte a la capital aragonesa en un horno por las noches. Los autobuses se estropean por las altas temperaturas. La mortalidad entre las personas mayores. El gasto energético se dispara. Y la productividad, irremediablemente, se reduce. Aunque sea por esto último los liberales ya tendrían que tomarse en serio el problema.

Y aunque el PP se haya mostrado comprometido con el plan de descarbonización de las ciudades impulsado por la UE, la realidad nos dice cada día que los gobernantes han de ser más ambiciosos y el urbanismo aquí juega un papel determinante. Combatir el asfalto debe de ser una de las prioridades. Es física: un material oscuro que absorbe el calor y lo retiene no puede ser el suelo de un lugar que no puede permitirse dejar de ser habitable en julio y agosto. Hacen falta suelos permeables y, por supuesto, verdes. Por muchos árboles que se planten, siempre son insuficientes. Comparen estos días a esperar a cruzar un semáforo debajo de un platanero o a plena luz del Sol. Y los datos lo demuestran: este reto es inmediato. Ya se llega tarde.

Fenómenos extremos

También relacionado con el cambio climático están los fenómenos extremos. Zaragoza ya ha vivido en sus carnes lo que es una tormenta torrencial. Ocurrió el 6 de julio de 2023 y se llevó por delante un colegio con la suerte de que no había nadie dentro. Desde entonces, el ayuntamiento es cierto que ha impulsado toda una serie de protecciones en la zona del Barranco de la Muerte para evitar que algo así pueda pasar. Pero desde entonces los expertos lo vienen diciendo: si llueve lo suficiente, cualquier calle con cierta inclinación puede convertirse en un río mortal. Y trágicos sucesos recientes nos han demostrado ya que puede llover lo suficiente. La estrategia debe pasar por proteger toda la ciudad de este tipo de fenómenos y no centrarse en aquella zona que ya ha registrado una catástrofe.

Y como no, la movilidad es otro de los debes que por mucho que se haga, nunca se paga. La opinión pública zaragozana parece estar a favor de una segunda línea del tranvía que cruce la ciudad de este a oeste, una opción que el PP ha rechazado. No reniega de otros sistemas de transporte de alta capacidad o de líneas de tranvía en otros sectores de la urbe, pero lo que es seguro es que habrá que tirar de imaginación para conseguir reducir la superficie asfaltada mientras se garantizan sistemas de transporte cómodos y rápidos para cientos de personas al mismo tiempo. Qué locura sería pensar en convoyes circulando sobre raíles incrustados en alfombras de césped, dónde se habrá visto.

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