Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Un comercio familiar de un barrio de Zaragoza baja su persiana tras casi medio siglo: "Son muchos años trabajando"

La carnicería Los Porches se traspasa por la jubilación de sus dueños que abrieron el negocio en el barrio Actur en el año 1991

Un comercio familiar de un barrio de Zaragoza baja su persiana tras casi medio siglo: "Son muchos años trabajando"

Laura Trives

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

Con casi medio siglo de historia formando parte de la vida cotidiana del barrio Actur de Zaragoza, la carnicería Los Porches afronta sus últimos meses antes de bajar la persiana. Sus propietarios, Alberto Bernad y Esther García, pondrán fin a una trayectoria de casi cincuenta años ligada a los vecinos de la zona, la despedida marca el final de una etapa para ellos, pero sobre todo para un establecimiento que ha sido mucho más que un lugar donde comprar.

La jubilación definitiva de Alberto llegará en noviembre y con ella el traspaso del negocio. Esta decisión llega tras toda una vida dedicada al comercio, inicialmente aprendiendo el oficio y más tarde desarrollando un proyecto propio. "Ya teníamos el aprendizaje hecho antes de montar nosotros la carnicería", recuerdan al explicar sus inicios. Tras varios años trabajando, comenzaron su andadura en el barrio, y tras casarse dieron un paso más al abrir su propio negocio en el año 1991, etapa en la que consolidaron el establecimiento que hoy se despide.

Desde ese momento han pasado 35 años detrás del mostrador, y en ese tiempo han tenido grandes épocas, pero también momentos complicados: "Ha habido altibajos y dificultades, pero hemos ido pasando crisis, pandemias y muchas cosas", resume Esther al hacer balance de toda su trayectoria.

Con el paso del tiempo el negocio también ha evolucionado, siendo en 2008 el año en el que realizaron una importante reforma que transformó por completo el local: "La tienda no está como cuando empezamos, al inicio era totalmente distinta, pero lo tiramos todo y se volvió a hacer nueva". Decisión que permitió adaptar el local a los nuevos tiempos manteniendo la esencia del comercio de proximidad.

Ahora, la prioridad tras tantos años de trabajo ya es otra, afrontan la jubilación con ganas e ilusión, pero sobre todo buscando disfrutar de un ritmo de vida diferente. Entre sus planes aparecen los viajes y el tiempo libre, aunque reconocen que quieren ir poco a poco: "Son muchos años trabajando. Lo iremos pillando como vaya viniendo, llega época de descanso".

Pese a la satisfacción del camino recorrido hay algo que saben que echarán especialmente de menos, y eso son los vecinos. Sin dudarlo, responden que lo más difícil será despedirse de la clientela: "El trato con las personas es lo que más vamos a echar de menos, al final son como de la familia". Relación que tras varias décadas ha traspasado el enfoque de cliente y vendedor y ha llegado a la amistad.

Alberto y Esther destacan que el establecimiento ha sido un punto de encuentro donde las conversaciones en el día a día eran casi tan habituales como las compras: "Preguntar por la gente, interesarte por ellos... Cuando llevas 35 años, al final conoces a todo el mundo". Esa cercanía ha sido posible gracias a la sencillez del barrio aseguran: "Es un barrio que es como un pueblo, todos nos conocemos y es un trato más cercano".

La despedida no será definitiva, esperan que el negocio se traspase a alguien que tenga la misma pasión que ellos por el trabajo, y además, continuarán viviendo en la misma zona por lo que seguirán haciendo vida con toda su clientela. "Nos seguiremos viendo, pero de otra manera", confirma el matrimonio con una mezcla de nostalgia e ilusión por este nuevo capítulo de sus vidas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents