ZARAGOZEANDO
Cómo tirar la caña en la orilla del Ebro: "He llegado a sacar ocho siluros en un día"
Son una presencia discreta, pero perenne. Los pescadores forman parte del río como las algas en verano. Los siluros son su sueño húmedo.

Pescadores en la orilla del Ebro, esta semana en Zaragoza. / Laura Trives

Son una presencia discreta, pero perenne. Los pescadores forman parte del Ebro a su paso por Zaragoza como las algas en verano. Llenan las orillas en prácticamente toda su extensión y aunque son de procedencias muy diferentes comparten su amor por el silencio y el sueño húmedo de los siluros, esas bestias que rondan los fondos.
Toda la vida se ha pescado en el Ebro a su paso por Zaragoza, reconocen desde la Federación Aragonesa de Pesca. Pero en los últimos años sí que intuyen que se ha producido un repunte. Algo que confirma un veterano pescador de la ciudad, que en su día tuvo una tienda de productos relacionados con este deporte, Marcos Geriqué. «Hemos notado que viene más gente joven, se ha producido un cambio generacional increíble, la verdad es que ilusiona que no estén todo el día con la videoconsola», afirma.
El contacto con la naturaleza, aunque sea en su tramo urbano, siempre está detrás de las motivaciones de estos deportistas, que obedecen a perfiles muy variados. Pero además ofrece retos y alternativas que lo convierten en un pasatiempo envidiable. «Aquí se pueden hacer muchas cosas, desde centrarse en la orilla o lanzar a las profundidades, sobre todo en las zonas de rápidos y más oxigenación del agua», explica el zaragozano Mariano Gabriel apostado con su caña y aparejos en el balcón de San Lázaro.
En un río que estos días parece sediento se pueden lograr capturas de mucha calidad, como explica Geriqué. El azud del Ebro es una clara frontera. Aguas arriba, con el cauce mucho más estancado, se pueden lograr bastantes barbos, la especie clásica del río que pasa mala época. También se logran carpas y las socorridas madrillas. En general, todos los pescadores devuelven las especies al agua, aunque existen bastantes pescadores que realizan esta práctica para comer luego las capturas.
El gran objetivo del Ebro es el siluro, con ejemplares que pueden superar los dos metros y que es más habitual capturar en la primavera. Estos días de tanto calor hace que se refugien en el fondo y que solo salgan a comer durante la noche, cuando está prohibido pescar. «Mucha gente viene desde fuera de Aragón para lograr su foto con uno de estos grandes peces y la basílica del Pilar de fondo», explica el veterano pescador.
Tradición familiar
Gabriel confirma que es una captura muy satisfactoria. «HE llegado a sacar ocho en un solo día», asegura. En las redes sociales predominan los vídeos de intensas batallas contra el monstruoso pescado. Sin duda es el rey de los fondos.
En general estos pescadores suelen desplegar sus artes en los ríos del Pirineo o en los grandes embalses. Sin embargo, siempre suelen tener tiempo para un paseo por el Ebro. «Cuando no has podido salir es una suerte tener una zona tan rica y tan cerca de casa», confirma Geriqué. De este modo se aprovechan las tardes ociosas o los fines de semana en los qu no se puede viajar por tener que atender compromisos sociales o laborales. Las mañanas a la fresca y la caída de la tarde son los momentos de más concentración de cañas, sillas plegables y cajas llenas de sedales, anzuelos y cebos.

Detalle de una de las cañas en el Ebro. / Laura Trives
La afición de todos ellos llegó con la infancia, descubriendo los aparejos que en aquellos años había en casi todas las familias. «Lo más satisfactorio es estar al aire libre, en buena compañía, luchando contra un pez», destacan. Mucho mejor que estar con el móvil o mirando la tele.
Son habituales las conversaciones entre pescadores, los consejos. La desembocadura del Huerva ha sido un espacio de mucha tradición pesquera que en la actualidad todavía suelen ocupar los aficionados de más edad. Excepto en pocos puntos acotados, con tener la licencia en regla el tirar la caña está permitido en todo el río. Sin embargo, Geriqué lamenta que no se use su riqueza y comodidad para fomentar el deporte. Pone como ejemplo que esté prohibido pescar en los lagos del parque del Agua, cuando estos serían «lugares idílicos» para fomentar una escuela de pesca.
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