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El patrimonio cultural oculto de Juslibol: así son las más de 270 casas cueva del barrio de Zaragoza

Este conjunto arquitectónico excavado en Zaragoza que comenzó como solución habitacional económica refleja la evolución social y económica del barrio

El barrio de Zaragoza con un patrimonio único: así viven más de 200 vecinos en sus casas cueva

EL PERIÓDICO

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Zaragoza

El barrio de Juslibol conserva uno de los conjuntos de casas cueva más singulares de Zaragoza, existiendo alrededor de 270 de las cuales entre 230 y 240 todavía permanecen habitadas o como segunda residencia, según los datos vecinales. Estas viviendas excavadas directamente en las laderas del monte del entorno, se han convertido en uno de los principales puntos de interés del barrio y un elemento característico de su paisaje.

Algunas de las cuevas comenzaron a excavarse hace ya 400 años, aunque los datos oficiales revelan que iniciaron las excavaciones oficialmente en el año 1870, con una aparición ligada a la necesidad de disponer de viviendas económicas para agricultores, jornaleros y trabajadores de las huertas del Ebro. La composición yesífera del terreno facilitaba la excavación manual y permitía crear viviendas con una temperatura estable durante todo el año, dato que sigue resaltando sobre la vida en ellas actualmente, ya que pueden llegar a alcanzar hasta 15 grados menos en los meses de verano y conservar el calor a lo largo del invierno.

El conjunto se concentra principalmente en las laderas situadas al norte y oeste del casco urbano y en el entorno del Camino Viejo de Alfocea. Las viviendas no forman un núcleo compacto y muchas de ellas apenas son visibles desde el exterior, pero tras sus fachadas de ladrillo o piedra se encuentran estancias excavadas en la montaña que incluyen todo lo que encuentras en un piso, algunas incluso disponían de corrales, cuadras, almacenes agrícolas o pequeños huertos.

CASA CUEVA JUSLIBOL

Exterior de una de las casas cueva de Juslibol. / Laura Trives

Las características del terreno proporcionaban a sus habitantes un importante aislamiento térmico y protección frente al cierzo, sin embargo, las viviendas también presentaban dificultades relacionadas con la humedad, la ventilación, los desprendimientos o la instalación de servicios básicos. Con la mejora de las condiciones de vida muchas familias abandonaron las cuevas durante las décadas de 1960 y 1970, aunque una parte importante continuó utilizándose y fueron reformadas para adaptarlas a las necesidades actuales.

Intransferibles

La propiedad de las cuevas también presenta una particularidad, ya que estas son de carácter intransferible a excepción de familiares directos debido a su régimen de canon al encontrarse en terrenos municipales excavados para habitarlos. En la actualidad, el estado de las cuevas es desigual, debido a que algunas permanecen habitadas y acondicionadas mientras que otras están abandonadas o presentan signos de deterioro.

Pese a ello, el conjunto mantiene una presencia destacada dentro del barrio y constituye un elemento relevante de su patrimonio etnográfico. Además, su valor se encuentra también ligado al entorno natural de Juslibol, junto a los escarpes yesosos, el Galacho de Juslibol, los caminos agrícolas y el Castillo de Miranda.

CASA CUEVA JUSLIBOL

Una de las casas cueva de Juslibol. / Laura Trives

A su valor histórico hay que sumarle el reflejo de la evolución social y económica de Juslibol que reflejan las cuevas. Lo que comenzó siendo una solución habitacional de bajo coste terminó consolidándose como una forma de vivienda propia y representativa del barrio. Muchas de las construcciones han pasado de generación en generación y sus interiores han sido modificados a los tiempos actuales, aunque conservando en numerosos casos la estructura y la construcción excavada original.

Su singularidad convierte el barrio de Juslibol en uno de los pocos puntos de Zaragoza y España donde todavía puede observarse este tipo de arquitectura excavada integrada casi en su totalidad dentro del paisaje rural del núcleo urbano de la capital aragonesa. Las aproximadamente 270 cuevas, y especialmente las más de 230 habitadas forman parte de la identidad del barrio y constituyen uno de sus principales reclamos patrimoniales y turísticos.

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