Las ventajas de vivir en una casa cueva en Zaragoza: "Llegamos a tener hasta diez grados menos"
Los vecinos de Juslibol aprovechan el aislamiento térmico natural de estas viviendas excavadas para mantener una temperatura constante y confortable durante todo el año

Laura Trives
Apenas siete kilómetros separan las casas cueva del barrio de Juslibol, un pequeño paraíso climático, del centro de Zaragoza. Ese es el caso de Angelines Casasnovas y Jesús Buil, vecinos de este barrio que viven en una de las 270 cuevas que conforman este patrimonio cultural de la capital aragonesa.
Ambos llevan toda la vida habitando este tipo de viviendas y ahora están disfrutando de la burbuja climática que generan las casas excavadas en las laderas: "Podemos llegar a tener hasta tres temperaturas diferentes, pero una vez entras a la parte del interior de la cueva puede bajar hasta casi diez grados del clima del exterior". Con tan solo el refuerzo de un pequeño ventilador y una estufa en la zona más profunda de la casa pasan todo el año a una temperatura ideal para el clima de Zaragoza.
Más allá de la ventaja del termostato estas casas cueva tienen décadas de historia a sus espaldas según cuenta Angelines: "Yo llevo toda mi vida viviendo en las cuevas, esta cueva la arregló mi padre y hasta el día de hoy continúa intacta". Aun así, la vivienda no tiene nada que ver con como era hace unos años, según confirma confirma Jesús: "Ha cambiado mucho desde que empezamos a vivir en ella, hemos reformado zonas, hecho habitables otra e incluso ampliado para que hoy sea lo que se ve, pero siempre manteniendo la esencia de las cuevas de toda la vida".
Desde la década de los años sesenta las casas cueva han ido evolucionando al mismo tiempo que lo hacía Zaragoza, ampliando el número de viviendas, reformando una amplia parte de las fachadas o incluso construyendo zonas adyacentes a la casa original. Muchas de estas todavía cuentan o conservan lo que antiguamente se utilizaba como cuadras o corrales, aunque muchas con una nueva cara.
"La zona de la despensa del fondo antes era una cuadra donde tenía mi padre los conejos o las gallinas que criaba, y para que no se echase a perder la reformamos para hacer una habitación más pero sobre todo para que no se estropeara el interior por las humedades o similares", comenta Angelines acerca de la rehabilitación de estos espacios.
Mucho más que una vivienda
Para quienes viven en ellas, una casa cueva es mucho más que una vivienda, es la memoria familiar. Hay algunas que han pasado de padres a hijos y habitaciones que han sido excavadas, reformadas y adaptadas durante generaciones según las necesidades que iba teniendo cada familia. Las paredes de tierra forman parte de la historia de numerosas familias y convierten cada espacio en un lugar difícil de separar de la identidad del barrio.

Habitación en una de las casas cueva de Juslibol. / Laura Trives
Vecinos del barrio también utilizan estas como segunda vivienda, como es el caso de Belén, quien veranea y utiliza la cueva famliar como segunda residencia: "Poder tener un lugar donde desconectar tan cerca de la ciudad sin duda es un lujo, sobre todo ahora en verano con las olas de calor el hecho de llegar a la cueva y tener que ponerte una chaqueta o algo de manga larga es inigualable".
En este caso la casa cueva ya era de sus abuelos, por lo que ya es la tercera generación que habita esta curiosa vivienda y para Belén lo más importante es la tranquilidad que aporta un lugar como este: "Aunque Juslibol pertenece a Zaragoza, la sensación de llegar a la cueva es de abandonar completamente la ciudad".
Cuando se vive en una casa cueva, la sensación no es la de estar en un museo ni en una recreación del pasado, sino la de estar en casa. "La gente tiene una imagen muy distinta de lo que es vivir aquí, tienen la imagen de los tiempos de los cavernícolas cuando realmente es una casa más como otra cualquiera solo que ubicada bajo el monte y no en el centro de la ciudad", asegura Belén.
Distribución particular
La distribución de estos hogares también se sale de lo habitual, ya que para poder hacer llegar los suministros a las casas muchas de estas tuvieron que variar su plano base y adaptarse a los nuevos tiempos. "Tratamos de mantener la distribución original lo máximo posible, solamente variamos una de las habitaciones por el tema de la cobertura en la zona más interior de la cueva", explica Belén.

Salón en el interior de una casa cueva de Juslibol. / Laura Trives
Por su lado, Angelines y Jesús dejan claro que no cambiarían por nada su vida en la tranquilidad de la casa cueva: "Estos días nos damos cuenta de la suerte que tenemos de evitar el calor, el frío, el tráfico o cualquier cosa que pase en el centro de la ciudad".
Caminar por Juslibol permite decubrir que las cuevas siguen teniendo vida, con vecinos entrando y saliendo de sus casas, decorando las casas para las fiestas y haciendo vida como en cualquier otro barrio, demostrando que solo cambia lo que no se ve. Detrás de cada fachada hay una vivienda o varias que no siempre están a la vista, como es el caso de Juslibol, que a lo largo de sus cuestas cuenta con hasta 270 casas cueva llenando los montes y las calles del barrio.
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