ANTECEDENTES HISTÓRICOS
El eclipse del siglo XI que se predijo en La Aljafería: “Ocúltate en señal de duelo”
El historiador José Luis Corral recuerda que todas las culturas “han aprovechado los fenómenos astronómicos para plantear cuestiones muy profundas” como demuestran los vestigios que han dejado en Aragón

El escritor Javier Sierra y el historiador José Luis Corral en Sos del Rey Católico. / El Periódico de Aragón

Fue durante un funeral en el siglo XI. El escenario: el palacio de La Aljafería. En aquel momento la ciencia medieval demostró que estaba mucho más avanzada de lo que se suele creer. El médico y botánico zaragozano Avempace, el gran humanista de su época, fue capaz de adelantar un eclipse de Luna gracias a sus conocimientos sobre astronomía. Lo cuenta en su libro El régimen del solitario. Y aprovechó que coincidía con la ceremonia de despedida de uno de sus colegas para dejar “absolutamente alucinados” a las personas presentes en aquel acto. «Ocúltate en señal de duelo», le ordenó al astro. Y claro, este obedeció.
La anécdota la recoge el historiador José Luis Corral, que ya se ha ocupado de los avances científicos de la época en la novela El salón dorado, donde deja claro que los residentes en aquel palacio musulmán ya eran capaces de predecir las órbitas del Sol y de la Luna y que contaban con un observatorio astronómico de gran trascendencia.
Además de este momento, Corral explica que la primera memoria de los eclipses es muy anterior en la comunidad. Los vestigios arqueológicos la sitúan en Segeda, donde se ha excavado un observatorio que no goza del prestigio popular que debería y que no recibe fondos para su investigación. En la actualidad se conserva, según lo excavado por Francisco Burillo, una plataforma de yeso de varios cientos de metros cuadrados. El espacio tenía una serie de postes de madera que en diferentes ángulos marcaban los equinoccios, los solsticios y también permitía medir los eclipses. “Aquella ciudad, la capital de los belos celtibéricos, era un lugar muy importante donde empezó precisamente la guerra de Numancia”, destaca el historiador.

El yacimiento de Segeda, en la provincia de Zaragoza. / El Periódico de Aragón
La primera referencia escrita aparece en la Crónica de Jaime I, escrita por él mismo en el siglo XIII en la que narra un eclipse solar que pudo observar en persona en Montpellier. Aquel 1239 se recibió el fenómeno como algo extraordinario que caló en muchos de los residentes en la Corona de Aragón.
Poco tiempo después se produjo otro ocultamiento del Sol que quedó grabado en piedra en un rincón de Sos del Rey Católico, en 1354. En letras góticas todavía se puede leer sobre aquel momento en el arco de la lonja del mercado, en la plaza del ayuntamiento, otro asombro que ha pasado a la posteridad.
Otra referencia en piedra al movimiento de los astros está oculta (aunque bastante a la vista) en la plaza del Pilar de Zaragoza en el crismón románico que se conserva de la primera iglesia levantada en la capital aragonesa. “Todos estos restos son algo normal que nos recuerdan que la gente en la Edad Media y en el mundo antiguo observaba el cielo todos los días, pues para ellos las constelaciones, las estrellas y su posición eran muy importantes por su relación con el calendario agrícola”, indica el escritor.
En el libro Ovnis en la Edad Media el historiador hace un repaso a otros vestigios y memoria de estos accidentes solares, que tienen más que ver con las leyes de la astronomía que con las visitas de otros mundos. “En Andalucía hay cartas astronómicas, por ejemplo, las Tablas Alfonsíes de Alfonso X el Sabio, que predecían prácticamente todos los eclipses”, explica. Sin embargo, este conocimiento científico no impidió que la Iglesia, en aquellos siglos, utilizara este tipo de elementos “para amedrentar a la gente y decir que ella era la que, de alguna forma, ordenaba el tiempo o tenía cierta influencia sobre Dios para que hiciera estas cosas”. Pero vamos, los científicos sabían perfectamente cómo funcionaban los eclipses.
Por otro lado, Corral celebra el interés que está despertando la llegada del próximo eclipse y destaca que todas las culturas “han aprovechado los eclipses y cualquier tipo de fenómeno atmosférico o astronómico para plantear cuestiones muy profundas”.
Ahí están las leyendas lunares o un lugar como Stonehenge, un lugar abonado al misterio desde hace 5.000 años, que para Corral “no deja de ser un calendario astronómico”. También cita su reciente visita al Museo Arqueológico Nacional de Atenas acompañado del escritor Javier Sierra. “El famoso mecanismo de Anticitera es una pasada, pues tiene una serie de 38 ruedas dentadas de varios tamaños que podían predecir los solsticios, los equinoccios y los eclipses de Sol y de Luna”, indica. Así, insiste en que la fascinación “por las cosas que pasan en el cielo” está mucha más arraigada en nuestro mundo de lo que podemos pensar. “Las constelaciones representan, de forma alegórica, las historias de los grandes dioses de la antigüedad: desde la galaxia de Andrómeda hasta la constelación de Casiopea, Perseo, los gemelos Cástor y Pólux, Orión... todas las constelaciones reflejan mitos griegos”, recuerda.
'National Geographic'
En Aragón la cita se vivirá con evidente intensidad. “Aunque los eclipses parciales son frecuentes, un evento tan extraordinario como este, que no ocurre desde hace 130 años y cuyo eje central cruza Aragón, ha desatado una expectación enorme y ha llenado por completo la ocupación en localidades como Soria, Calatayud y Daroca”, manifiesta.
Corral, que vivirá el fenómeno desde esta última localidad cuenta una anécdota al respecto. “La demanda turística es tan alta que hasta un fotógrafo de National Geographic, que nos ha dicho que está interesado en retratar la localidad para compararla con unas fotos del eclipse de 1905, no encuentra alojamiento disponible debido a que todos los hoteles están completos”, señala. “Ya en aquellos años fue un acontecimiento tremendo que también levantó expectación en todo el mundo y que salió en todos los medios de comunicación de la época”, explica.
El historiador espera que a pesar de las multitudes que se esperan toda la jornada discurra sin incidentes, incendios y otros problemas. Asume que ha faltado más previsión en la organización de determinados actos, pero confía en que todos los aragoneses y visitantes queden deslumbrados por el oscurecimiento de los cielos. De hecho, resalta que la capital aragonesa ofrecerá puntos de observación privilegiados a lo largo del río Ebro, como sucedió en el siglo XI en el palacio de la Alegría. “Los puentes de Piedra, Santiago y Hierro en Zaragoza ofrecerán un espectáculo único para contemplar el eclipse gracias a la amplia visibilidad hacia el Moncayo que brinda el valle durante la puesta de sol”, adelanta.
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