Zaragoza transita por "los colores" entre la luz y la oscuridad del eclipse: "Ha sido demasiado hermoso para ser verdad"
La capital aragonesa ha disfrutado de una jornada histórica marcada por la inusual afluencia de personas y las consecuencias de un fenómeno casi irrepetible

Laura Trives
Hay acontecimientos que solo pasan una vez en la vida. Cuando tienen que ver con el universo y la astronomía, las trayectorias de los distintos planetas, estrellas y satélites tienen que coincidir en su relación con La Tierra con una precisión matemática insultante. El cometa Halley, por ejemplo, no volverá a ser visible hasta dentro de 35 veranos. Y la última vez que la Península Ibérica tuvo el privilegio de observar un eclipse total, con la superficie de la luna tapando por completo el sol durante unos segundos, fue el 30 de agosto de 1905. Esa es la magnitud del histórico fenómeno que se ha llevado todas las miradas este miércoles en Zaragoza, uno de los puntos privilegiados donde el eclipse ha hecho acto de presencia, alcanzando su totalidad a las 20.29 horas.
La capital del cierzo se ha despertado de una manera muy distinta a la de cualquier 12 de agosto. Unas fechas en las que la ciudad se vacía y en las que, quienes tienen la suerte de hacer coincidir sus vacaciones, pueden escaparse a sus pueblos de origen o a otros puntos, escapando del asfixiante calor que cada verano se recrudece más. Pero este miércoles la imagen era otra. Desde el punto de la mañana, turistas, científicos y curiosos de toda índole copaban las calles de Zaragoza, empapándose de los entresijos del lugar que habían seleccionado para vivir, quizá por primera y única vez, un evento de tamaña magnitud.
Y es que todo ha sido distinto a lo largo del día, incluso de las jornadas previas, en las que comenzaban a llegar los primeros foráneos y se ofrecían actos culturales para amenizar la espera que ha llegado a su fin a las 19.34, cuando la superficie lunar chocaba, metafóricamente hablando, con la del sol. El puente de Piedra era el epicentro, con curiosos y aficionados ya desde primera hora de la mañana, para un eclipse total que también presentaba una gran visibilidad (el tiempo, despejado, acompañaba) desde varios puntos de la ciudad.

Un aficionado se prepara para vivir el eclipse en Zaragoza desde el puente de Piedra. / Josema Molina
Y, cuando llegó el momento, el silencio era atronador. Lágrimas, aplausos y las aves que revoloteaban sin saber muy bien qué estaba pasando eran las únicas capacitadas para romperlo. Más de un minuto y medio de oscuridad total en el que la penumbra se ha apoderado de Zaragoza a una hora que no le correspondía. "Éxtasis, viaje astral, segundos de muerte. Un dios lejano se acerca y sonríe al verte", rapeaba Kase.O, en unos versos que bien podían resumir las sensaciones de los presentes.
En ese momento de penumbra, lo que mas sorprendió a alguno de ellos no fue la luz, que regresaba como un reloj a la hora calculada. Tampoco la oscuridad, casi total, que bajó las temperaturas. Lo que más impresionaban eran "los colores" que transitaban entre ambas. "Ha sido demasiado hermoso para ser verdad", resumía uno de los presentes, casi en trance.
"Qué preciosidad, menuda locura", se oía en Juslibol, el balcón natural que los zaragozanos tenían a su alcance para observar el eclipse. "¡Papá, no voy a olvidar nunca que he vivido un eclipse así!", exclamaba una niña, asombrada cuando el fenómeno todavía era parcial, momento en el que, con gafas en las cámaras de los móviles, filtros delante de las cámaras profesionales e incluso telescopios adaptados, la gente buscaba la foto perfecta.
Un día especial
En muchos negocios, el novedoso cartel que rezaba 'Cerrado por eclipse' ocupaba desde por la mañana los escaparates de varias tiendas, que adelantaban su horario para no perder detalle. “Es un adelanto de una hora del horario habitual, pero así nos da tiempo de acercarnos y disfrutarlo todos”, afirmaba Mari Carmen Burriel, encargada del Fotoprix de la calle Verónica, con un ingenioso aviso a sus puertas: "El sol y la luna tienen una cita, y nosotros también".
La afluencia de personas, inusual durante unas fechas en las que los buses y el tranvía suelen circular en proporciones muy menores a las del día a día de cualquier mes de primavera, otoño o invierno, ha provocado cambios en el transporte público. Los puentes se cortaban al tráfico rodado y hasta nueve líneas del bus se desviaban desde primera hora de la tarde, con un tranvía que circulaba con convoyes dobles (y que llegó a cortarse cuando empezó el eclipse, por "decision policial", entre Murallas y La Chimenea) y turismos que debían reducir su velocidad a un máximo de 30 kilómetros por hora en todo el casco urbano zaragozano.

Caravanas situadas en el parking del recinto ferial de Valdespartera para ver el eclipse. / Josema Molina
Las caravanas tampoco dejaban de llegar desde primera hora al parking habilitado en el recinto ferial de Valdespartera. Visitantes nacionales e internacionales no han dudado en acercarse para disfrutarlo. Entre quienes han acudido a la capital hay personas procedentes de Alemania, Italia o distintos putos de España atraídas por otro de los espacios habilitados para observar el momento. Hasta había zaragozanos que se acercaron con su furgoneta.
"Venimos desde Alemania, de Múnich concretamente, y hemos elegido Zaragoza porque estábamos buscando en internet dónde ver el eclipse mejor, y Zaragoza es uno de los mejores lugares sin duda", contaba Teresa Kozak, una turista germana que se había desplazado hasta la capital aragonesa con su marido, Igor. "Venimos de Nápoles y estamos aquí porque vimos que el eclipse de Barcelona es 99,8% visible mientras que aquí era el 100%, así que estamos cerca de Barcelona y es un buen lugar para verlo", narraba el napolitano Mattia Fuschino, en Valdespartera con su familia.
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