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Cuando en el Actur solo había cierzo y descampados: la llegada de un gigante que cambió el barrio para siempre

El centro comercial GranCasa, inaugurado en 1997 en el barrio del Actur, marcó un punto de inflexión en la transformación urbana de Zaragoza

Actur 1982, avenidas de María Zambrano y de Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Actur 1982, avenidas de María Zambrano y de Gertrudis Gómez de Avellaneda. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

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Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

El 11 de marzo de 1997 podría haber sido un martes cualquiera en Zaragoza. Bill Clinton ocupaba la Casa Blanca, las Spice Girls habían convertido Wannabe en uno de los himnos de aquellos años y Don't Speak, de No Doubt, sonaba sin descanso. También seguía coleando aquella Macarena con la que Los del Río habían conseguido poner a bailar a medio mundo. Pero en la capital aragonesa aquel martes de marzo tenía preparada su propia pequeña revolución.

En el Actur, un barrio cuyo nombre propio todavía recordaba su origen como Actuación Urbanística Urgente, abría sus puertas GranCasa. Tras esas persianas que se levantaban por primera vez había tiendas, restaurantes, salas de ocio y una nueva forma de pasar la tarde sin necesidad de cruzar el Ebro. Pero, sobre todo, había otra señal de que aquella parte de Zaragoza que durante décadas había sido sinónimo de huertas, campos y descampados estaba dejando definitivamente de ser la periferia.

GranCasa inauguraba una nueva etapa para el ocio de los zaragozanos, pero también se convertía en uno de los símbolos de la profunda transformación del Actur. El barrio que durante años había crecido prácticamente desde cero comenzaba a mirar de tú a tú al resto de la ciudad.

El centro comercial de GranCasa es uno de los iconos del barrio del Actur

El centro comercial de GranCasa es uno de los iconos del barrio del Actur / ANDREEA VORNICU

Cuando al otro lado del Ebro había huertas

Para entender lo que significó la llegada de GranCasa hay que retroceder varias décadas. Mucho antes de las galerías comerciales, de las torres de oficinas, del tranvía o de las grandes avenidas, al norte del Ebro se extendían fundamentalmente terrenos agrícolas y espacios todavía sin urbanizar.

Zaragoza había experimentado un fuerte crecimiento demográfico durante las décadas de 1960 y 1970 y necesitaba nuevas viviendas para una población que aumentaba a gran velocidad. La solución pasaba, entre otros lugares, por mirar hacia la margen izquierda y desarrollar unos terrenos que hasta entonces habían permanecido fuera de la expansión más intensa de la ciudad.

Ahí aparece el Actur, siglas de Actuación Urbanística Urgente. El Estado impulsó la planificación y expropiación de cientos de hectáreas para levantar una nueva zona residencial que permitiera absorber parte de aquel crecimiento. Pero transformar unas huertas en una ciudad no sucede de un día para otro.

Uno de los pasos fundamentales había llegado antes, con la construcción del puente de Santiago, abierto en 1967, que reforzó la conexión entre ambas márgenes y facilitó la expansión de Zaragoza hacia el norte. Después vendrían las viviendas, las avenidas, los colegios, los comercios y los servicios necesarios para dar forma a un barrio que durante años tuvo todavía mucho de territorio por terminar.

Gente pasando el recién inaugurado Puente de Santiago de Zaragoza en 1967.

Gente pasando el recién inaugurado Puente de Santiago de Zaragoza en 1967. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

El barrio donde "siempre soplaba el cierzo"

Las primeras generaciones que se instalaron en el Actur conocieron un paisaje muy diferente al actual. Grandes bloques de viviendas se levantaban entre solares todavía vacíos y amplias avenidas mientras el barrio iba construyendo poco a poco su propia identidad.

Y estaba, por supuesto, el cierzo. Aquella imagen de un Actur abierto, con enormes espacios entre edificios y pocas barreras frente al viento, forma parte de la memoria colectiva de muchos de sus vecinos. Durante años parecía uno de esos lugares de Zaragoza donde el cierzo encontraba espacio de sobra para coger carrerilla.

Pero el barrio crecía y llegaron nuevos bloques, colegios, instalaciones deportivas, comercios y asociaciones vecinales. En 1985 nació, por ejemplo, la Asociación de Vecinos Rey Fernando, en una época en la que quienes vivían allí todavía reclamaban servicios tan básicos como una mejor iluminación o nuevas conexiones entre distintas zonas del barrio.

A comienzos de los años noventa la percepción empezaba a ser diferente. El Actur ya no podía contemplarse simplemente como aquella gran expansión residencial situada “al otro lado del Ebro”. Había adquirido una vida y un proyecto propios.

Y entonces llegó GranCasa.

Las avenidas de María Zambrano y de Gertrudis Gómez de Avellaneda serptean paralelas hacia Kasán en 1976.

Las avenidas de María Zambrano y de Gertrudis Gómez de Avellaneda serptean paralelas hacia Kasán en 1976. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

Cuando el Actur estrenó escaparates

La construcción del centro comercial comenzó en los años noventa con un proyecto vinculado a los arquitectos José Antonio Aranaz de Motta y Agustín Centelles Clúa. Finalmente, el 11 de marzo de 1997, GranCasa dio la bienvenida a sus primeros clientes.

Aquel enorme complejo de Grandes Áreas Comerciales de Aragón S.A. era difícil de ignorar. GranCasa llegó a ser el mayor centro comercial del valle del Ebro y puso en el mapa zaragozano una nueva zona para ir de compras, comer, pasar la tarde o acudir al cine.

Pero su importancia iba más allá de lo que ocurría dentro de sus puertas. La apertura ayudó a cambiar definitivamente la relación de muchos zaragozanos con la margen izquierda. Ya no había que ir al Actur únicamente porque se viviera allí, porque hubiera familiares o porque hubiera que hacer alguna gestión concreta. Ahora también se iba para pasar la tarde.

GranCasa funcionó así como uno de los grandes polos de atracción de un barrio que reclamaba su lugar dentro de la ciudad. Las huertas eran ya un recuerdo y los descampados comenzaban a llenarse de actividad.

El Actur dejaba de complementar al centro y empezaba a construir su propio centro.

Visual aérea centrada en el Área de Actuación Urbanística Urgente en los barrios de Zalfonada y Picarral en 1982.

Visual aérea centrada en el Área de Actuación Urbanística Urgente en los barrios de Zalfonada y Picarral en 1982. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

El día que Hollywood se bajó en GranCasa

Y si hacía falta alguna señal para confirmar que algo estaba cambiando, llegó apenas tres meses después. El 27 de junio de 1997, dos estrellas internacionales pasearon por GranCasa: Arnold Schwarzenegger y George Clooney acudieron a la apertura de las salas de Cinesa durante la promoción de Batman & Robin, acompañados por el director Joel Schumacher.

Para la Zaragoza de finales de los noventa aquello no era precisamente una visita habitual. Hubo alfombra roja, expectación y cientos de curiosos pendientes de los actores. Schwarzenegger estaba ya plenamente instalado entre las grandes estrellas de Hollywood y Clooney comenzaba a consolidar su carrera cinematográfica. Los dos terminaron llevándose como recuerdo sendas imágenes de la Virgen del Pilar, como no podía ser de otra manera.

George Clooney y Arnold Schwarzenegger inauguraron las salas de cine de GranCasa en 1997.

George Clooney y Arnold Schwarzenegger inauguraron las salas de cine de GranCasa en 1997. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

El GranCasa que todos guardamos en la memoria

Porque hablar del GranCasa de finales de los noventa y de los primeros años dos mil es también abrir un pequeño cajón de recuerdos.

Está el Bowling Center, están las máquinas y luces del New Park y están las patatas asadas del Tropic's Potato. Está la Cantina Mariachi y aquella decoración que transportaba a México sin salir del Actur. Está el Wok y sus fresas con nata, capaces de convertir el “voy a repetir una vez” en varias visitas al postre.

Está también aquella terraza que desembocaba en la planta superior de El Corte Inglés. Y, para muchos niños que recorrían la galería agarrados de la mano de sus padres, está la tienda Natura y el enorme oso pardo que recibía a los clientes en la entrada.

Son establecimientos que desaparecieron, cambiaron o dejaron paso a otros, pero permanecen asociados a una época concreta. La propia GranCasa los ha recuperado al echar la vista atrás sobre su historia.

Porque los centros comerciales también envejecen con las ciudades. Y hay lugares que, sin ser monumentos ni edificios históricos, acaban funcionando como auténticos marcadores del tiempo porque allí compraste algo con tu primera paga, allí quedabas con tus amigos, allí viste una película, allí celebraste un cumpleaños o allí pasaste tardes enteras cuando todavía no existían los teléfonos inteligentes.

Imagen de archivo del interior del Gran Casa

Imagen de archivo del interior del Gran Casa / JAIME GALINDO / EPA

GranCasa también tuvo que reinventarse

El paso del tiempo trajo, sin embargo, nuevos competidores. La oferta comercial de Zaragoza creció y la aparición de complejos como Plaza Imperial y, especialmente, Puerto Venecia cambió el mapa de las compras y el ocio en la ciudad.

GranCasa dejó de jugar sola y durante algunos periodos, los cierres y cambios de establecimientos alimentaron entre los zaragozanos la sensación de que el centro comercial había perdido parte del protagonismo de sus primeros años. Pero el complejo ha respondido con distintas renovaciones, entre ellas la reforma de su oferta de ocio y restauración desarrollada en la pasada década y, más recientemente, con una nueva oleada de aperturas.

Uno de los grandes golpes de efecto llegó el 25 de julio de 2025, cuando Primark inauguró allí su segunda tienda en Zaragoza. La firma abrió un espacio de más de 2.000 metros cuadrados, tras una inversión superior a seis millones de euros, y creó más de 65 puestos de trabajo.

A ella se han sumado nuevas incorporaciones como Normal, Flying Tiger o Adopt, dentro de un proceso de renovación que permitió a GranCasa cerrar 2025 con más de 12 millones de visitantes y trece nuevas aperturas.

Decenas de personas esperando a entrar al Primark de Gran Casa

Decenas de personas esperando a entrar al Primark de Gran Casa / PABLO IBANEZ

Hoy el complejo supera los 200.000 metros cuadrados construidos, de los que unos 80.000 se dedican a actividad comercial, y reúne más de 120 establecimientos, además de cines, restauración y otros servicios. Sus conexiones mediante tranvía, autobús, bicicleta o a pie son también muy distintas a las de aquella margen izquierda que empezó a urbanizarse hace más de medio siglo.

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