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El rincón desaparecido de Zaragoza donde comenzó a modernizarse el campo aragonés

Este pionero centro, impulsado por la Diputación de Zaragoza y el Estado, experimentó con cultivos y técnicas para modernizar el campo aragonés a finales del siglo XIX

La Granja 1883. Proyecto de la Granja Escuela por el arquitecto Félix Navarro.

La Granja 1883. Proyecto de la Granja Escuela por el arquitecto Félix Navarro. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

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Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

Que Zaragoza es un referente en innovación y tecnología no es ningún secreto. Tanto la ciudad como Aragón se han consolidado como un verdadero faro de innovación, ya sea por los numerosos centros de datos que han elegido el territorio para instalarse o por las empresas e instituciones que ponen a sus investigadores al servicio de la ciencia.

Lo que quizá sí sea un secreto para muchos zaragozanos es que, muy cerca del Pabellón Príncipe Felipe, se esconde una historia prácticamente olvidada. Por donde hoy pasean los vecinos y crecen zonas verdes, a finales del siglo XIX existió un innovador laboratorio agrícola al aire libre que contribuyó a transformar el campo aragonés.

Fue en 1881 cuando comenzó a tomar forma la Granja Agrícola de Zaragoza, aunque su puesta en funcionamiento se produciría durante los años siguientes. Hoy, el Centro Deportivo Municipal La Granja y el parque de La Granja ofrecen una pista de lo que hubo antiguamente en esta ubicación, pese a que ya no quede prácticamente ningún rastro físico de aquellas instalaciones.

La institución está considerada uno de los antecedentes de la investigación agroalimentaria moderna en Aragón y en sus instalaciones se llevaron a cabo numerosos experimentos agrícolas. Su actividad fue perdiendo peso durante la primera mitad del siglo XX y, con el paso de las décadas, los terrenos acabarían integrándose en una Zaragoza cada vez más extensa.

Ubicada en la partida de Miraflores, en los terrenos de la antigua Torre de la Infanta, este centro pionero marcó un antes y un después en la investigación agropecuaria y en los intentos por modernizar un sector fundamental para Aragón.

En imágenes | Así era la Granja Agrícola Experimental de Zaragoza

Mapa de La Granja Agrícola de Zaragoza en 1935. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

El laboratorio de la revolución

Impulsada por la Diputación Provincial de Zaragoza y el Estado, la Granja ocupaba más de 20 hectáreas dedicadas a la experimentación agrícola y ganadera. El propio Alfonso XII asistió a la colocación de la primera piedra, una muestra de la importancia concedida a un proyecto fue concebido como un espacio de innovación científica aplicada directamente al campo.

Todo ello sucedía, además, en un momento de la historia marcado por la necesidad de modernizar el sector primario, mejorar los rendimientos de las explotaciones y trasladar los nuevos conocimientos científicos hasta agricultores y ganaderos.

La conocida como Granja Escuela no tardó en convertirse en un faro de aprendizaje e innovación. Con el paso de los años se consolidó como un centro de referencia y estuvo vinculada a algunos de los grandes cambios experimentados por la agricultura aragonesa, entre ellos el auge del cultivo de la remolacha azucarera. Sobre todo en una época, tras la crisis colonial, en la que España necesitaba encontrar alternativas para el suministro de azúcar, hasta entonces muy vinculado a la caña procedente de los territorios de ultramar.

Bajo la dirección de figuras como Manuel Rodríguez Ayuso, cuya labor acabaría siendo reconocida con un monumento, se impulsaron avances relacionados con la fertilización, la rotación de cultivos o la mecanización.

En imágenes | Así era la Granja Agrícola Experimental de Zaragoza

La Granja de Zaragoza en 1930, el motor de innovación agrícola y ganadera. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

Una escuela de talento agrícola

Pero La Granja no se limitó a investigar qué ocurría sobre sus parcelas. También desempeñó un papel fundamental en la formación de nuevas generaciones de agricultores y en la difusión de los conocimientos científicos entre quienes trabajaban directamente la tierra.

A través de diferentes programas educativos y cursos de capacitación, los jóvenes podían recibir formación práctica en técnicas agrícolas y ganaderas. Era una manera de profesionalizar un oficio tradicional y, al mismo tiempo, conseguir que los descubrimientos realizados dentro de aquellas instalaciones no se quedaran únicamente en los laboratorios.

Las actividades diarias de La Granja reflejaban, de hecho, un auténtico ecosistema agrícola. Se trabajaba desde la recolección de alfalfa hasta la experimentación con tecnologías de la época.

En imágenes | Así era la Granja Agrícola Experimental de Zaragoza

Las actividades diarias de La Granja reflejaban (1930), de hecho, un auténtico ecosistema agrícola. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

El final de una época dorada

La Guerra Civil española, entre 1936 y 1939, marcó un punto de inflexión para La Granja y para la organización de la investigación agraria en España. Tras el conflicto, la actividad del antiguo centro fue perdiendo progresivamente el protagonismo que había tenido durante décadas, mientras la investigación agrícola comenzaba a desarrollarse a través de nuevas instituciones.

Las instalaciones permanecieron todavía durante años, pero la expansión de Zaragoza acabaría cambiando por completo el paisaje de Miraflores.

En imágenes | Así era la Granja Agrícola Experimental de Zaragoza

La Guerra Civil española, entre 1936 y 1939, marcó un punto de inflexión para La Granja y para la organización de la investigación agraria en España. / Gran Archivo Zaragoza Antigua

A finales de los años 70, los terrenos, hasta entonces propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza, pasaron al Ayuntamiento de Zaragoza. Los antiguos edificios terminaron siendo derribados y los campos que durante décadas habían servido para experimentar con cultivos y técnicas agrícolas fueron urbanizados.

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