El motor de la industrialización en la margen izquierda de Zaragoza que se ha convertido en un espacio cultural
El barrio del Arrabal zaragozano conserva la memoria industrial de la Azucarera de Aragón, que fue un importante centro de empleo en la ciudad y se ha reconvertido en la base de Zaragoza Activa

El barrio zaragozano del Arrabal cuenta con parte de la historia industrial de Zaragoza todavía a su alrededor. En la margen izquierda de la capital aragonesa, se encontraba la Azucarera de Aragón, estrechamente ligada al desarrollo de la industria azucarera y a la transformación de Zaragoza. El impulso definitivo del sector llegó tras la pérdida de Cuba y Puerto Rico en 1898, territorios de los que procedían buena parte de las importaciones de azúcar, haciendo que España comenzase entonces a potenciar la producción propia, especialmente en el valle del Ebro y la vega de Granada. En el caso de Zaragoza, la Granja Experimental Agrícola, fundada en 1881, desempeñó un papel muy relevante al favorecer la instalación de fábricas azucareras.
Bajo este contexto nació la Azucarera de Aragón en 1894, la primera fábrica de este sector en el cuadrante noreste de la península. Se levantó en el Camino de las Torrecillas, en el Arrabal, junto a las vías de la Compañía del Norte, y su ubicación permitía facilitar la salida del azúcar producido y encajaba en un entorno que comenzaba a convertirse en uno de los principales focos industriales de Zaragoza. La fábrica fue diseñada por los ingenieros Ignacio Bosqued y Francisco Cano, y su actividad comenzó con una capacidad muy superior a la inicialmente prevista, con un crecimiento paralelo al espectacular desarrollo de la industria azucarera aragonesa.

Imagen de la antigua Azucarera de Zaragoza. / Gran Archivo Zaragoza Antigua
A principios del siglo XX aparecieron nuevas fábricas en localidades como Alagón, Gallur, Épila o Calatayud. En 1926, la provincia llegó a alcanzar hasta una docena de azucareras y Aragón se había consagrado como uno de los grandes centros productores de azúcar en España. Para la Azucarera de Aragón, a lo largo de sus décadas de actividad era uno de los mayores generadores de empleo para Zaragoza por el alto volumen de trabajo con el que contaba. En la campaña de 1929-1930 alcanzó las 850 toneladas diarias de molturación y en los años cincuenta llegó a superar el millar, llegando a vincularse entre 500 y 600 trabajadores a la actividad durante las campañas, con una plantilla fija de aproximadamente 75 empleados.
La Azucarera empezó a sufrir su declive durante los años sesenta, ya que la maquinaria envejecida, los elevados costes y la competencia hicieron cada vez menos viable mantener la producción. Por ello, en 1968, la Sociedad General Azucarera de España decidió clausurar definitivamente la fábrica y concentrar la producción en otras plantas. El cierre puso fin a más de siete décadas de actividad industrial, pero no borró la importancia del complejo en la historia urbana de Zaragoza, ya que esta había formado parte de un Arrabal profundamente vinculado a la agricultura y la industria. Además, con la llegada del ferrocarril a la capital aragonesa en 1861, el crecimiento de este sector de la margen izquierda del Ebro se vio favorecido.

La Azucarera, en el barrio del Arrabal. / MIGUEL ANGEL GRACIA
El complejo de la Azucarera de Aragón destacó por su arquitectura industrial dentro de la capital. Su edificio principal, se trataba de una gran estructura de varias alturas que albergaba las distintas fases de producción, y contaba con un sistema constructivo que combinaba vigas metálicas, bóvedas tabicadas y columnas de fundición. Sin embargo, su exterior destacaba gracias a la mezcla de mampostería y ladrillo que generaba una decoración geométrica de inspiración mudéjar. Con el paso de los años se fueron incorporando nuevas instalaciones, entre las que llegaron las dos grandes chimeneas de 65 y 80 metros de altura que se convirtieron en los elementos más reconocibles del conjunto, conservándose todavía en el corazón del barrio.
Tras el cierre, buena parte de la maquinaria y de las instalaciones fue desapareciendo, con el crecimiento urbano llegando también al antiguo recinto industrial haciendo que en 1998 el ayuntamiento aprobase el derribo de parte de las edificaciones. Esta presión urbanística abrió un debate sobre el futuro del complejo, que finalmente fue reconocido como edificio de Interés Arquitectónico dentro de la revisión del Plan General de Ordenación Urbana. Gracias a la protección, se logró conservar elementos como las fachadas, volúmenes y las columnas de fundición.
El antiguo recinto industrial encontró así una nueva vida, y desde 2011, parte de las instalaciones acoge Zaragoza Activa, un espacio municipal dedicado a la cultura, la formación y el empleo, además de la biblioteca juvenil Cubit. El lugar ha pasado de ser uno de los motores fabriles de la Zaragoza de finales del siglo XIX y buena parte del XX a convertirse en un espacio de actividad cultural y social.
Con esta transformación ha sido posible conservar la memoria industrial del Arrabal mientras el edificio asume nuevos usos. Uno de ellos, dar a conocer la propia historia de la Azucarera, una actividad educativa que recorre el patrimonio industrial del barrio con el programa municipal ‘Del viejo Arrabal a la Azucarera’, utilizando el antiguo complejo como uno de los puntos explicativos.
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