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COMERCIO DE PROXIMIDAD

Nuevos vecinos, tiendas de siempre: la diversa avenida de Zaragoza que recupera su vigor comercial con nuevas aperturas

La transformación urbanística del entorno, con la construcción de nuevas viviendas, augura un futuro prometedor para el comercio local de la calle Conde Aranda

Nuevos vecinos, tiendas de siempre: la avenida Conde Aranda recupera su vigor comercial

Laura Trives

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David Chic

David Chic

Zaragoza

La avenida Conde Aranda de Zaragoza mantiene vivo un tejido comercial donde conviven establecimientos históricos con nuevas propuestas de negocio: en algunos casos un paseo por la calle es una vuelta al mundo, propiciada por bazares, barberías árabes o colmados latinos. Al mismo tiempo es un viaje al pasado de la capital aragonesa y la arteria que une el barrio de las Delicias con el centro de la ciudad conserva arquitectura e historia que la convierten en un eje singular. Renovarse para no morir. "Los nuevos negocios que se abren funcionan, eso es una buena señal", dice el presidente de la agrupación de profesionales y comerciantes, Rafael Gracia.

La propia agrupación trata de dinamizar este buen momento, en el que los locales rozan un 80% de ocupación y las persianas bajadas ya no son una nota común. A lo largo de las décadas, la vía ha experimentado una evolución notable que ha transformado su oferta, pasando de concentrar en su momento de mayor auge entre 70 y 80 locales asociados a una realidad más diversa. A pesar de que algunos comercios tradicionales han cerrado o se han trasladado, se conserva una relación muy estrecha entre los locales con mayor arraigo. Este vínculo se sustenta especialmente en aquellos propietarios que han ido heredando los negocios familiares, conformando una red de mercerías, peluquerías, tiendas de ropa y de alimentación que actúan como la memoria viva de la zona. "Algunos de estos locales son un punto de atracción en sí mismos y todavía atraen a gente de toda Zaragoza", indica Gracia.

La solera de Conde Aranda, con sus palmeras y sus edificios de los años 20 del siglo pasado, está garantizada gracias la tienda de ropa militar La Fama en 1913, la tienda de lencería Emi en 1939 (que ahora regenta el presidente de la agrupación de comerciantes) y el colmado La Española en 1943, a las que se unieron posteriormente la agencia inmobiliaria Aranda en 1950, la armería Liso en 1956 o el restaurante Montañés en 1961. "Estamos en un sitio privilegiado y eso se nota, además rodeados de una arquitectura muy valiosa", destaca.

Uno de los comercios de Conde Aranda, esta semana en Zaragoza.

Uno de los comercios de Conde Aranda, esta semana en Zaragoza. / Laura Trives

A este ecosistema tradicional se han ido sumando en los últimos años nuevos formatos, como los bazares, que poco a poco se integran en la identidad de la avenida. "Los comerciantes, vengan de donde vengan, hacen barrio", precisa. La cohesión del tejido empresarial presenta en todo caso ciertos matices, ya que la participación en la asociación de comerciantes es variable entre las nuevas incorporaciones. Sin embargo, desde los establecimientos más longevos se mantiene una postura integradora, bajo la premisa de que sumar esfuerzos es fundamental para el futuro de la vía. Tal y como afirma Gracia, el objetivo es contar con todos los actores de la calle para que el comercio local vaya hacia adelante, asegurando que la zona seguirá manteniendo "una buena proyección».

"El alquiler es asequible y tenemos muchos vecinos", afirma el dependiente del bazar Dubai, Lashen Elnouruni. El local huele a incienso y oferta chilabas, vestidos de inspiración oriental, tajines, babuchas y elementos de decoración árabe. Abierto hace menos de un año ha ganado una clientela fija en la que destacan "los españoles de siempre" que entran atraídos por su gran oferta de perfumes. Ahí marcan la distinción. "Cuando a gente nos conocen ven que todos queremos lo mismo, estar en el barrio y salir adelante", indica.

Esta perspectiva de futuro se apoya también en la reciente transformación urbanística del entorno, marcada por la construcción de nuevas viviendas en solares que permanecían vacíos, como el edificio de la antigua sala Oasis o las inmediaciones de la plaza de Toros. Aunque la llegada de los nuevos residentes a estas edificaciones todavía no se ha traducido en un impacto masivo y directo para las ventas del día a día, los comerciantes valoran de forma muy positiva el cambio. "Cualquier iniciativa orientada a renovar y mejorar la zona se acaba notando y beneficia al conjunto del barrio", indican desde la asociación de comerciantes. Las obras en el entorno de César Augusto, que obligaron a muchos meses de desvíos de autobuses, supusieron meses muy complejos que creen ya recuperados.

Uno de los comercios de Conde Aranda, esta semana en Zaragoza.

Uno de los comercios de Conde Aranda, esta semana en Zaragoza. / Laura Trives

Entre las nuevas aperturas destaca la puesta en marcha de la academia de inglés What's Up! con una fachada renovada. Este local, entre la calle San Martín y Ramón y Cajal llena una primera tramo de Conde Aranda en el que se han consolidado propuestas novedosas (aunque ya consolidadas) como la tienda especializada en sabores de EEUU o Cibervía, un espacio que nació como locutorio latino y ahora se ha convertido en una suerte de centro comercial que da servicio a la comunidad migrante del entorno.

En las últimas décadas, en el eje comercial han tenido que lidiar igualmente con el estigma de la inseguridad, una cuestión que creen superada. En los últimos meses la apertura de la comisaría de la Policía Local y la llegada de estudiantes a las residencias universitarias ha calmado mucho los ánimos, pese a los problemas reales que suponen algunas bolsas de abandono. "Realmente no hay grandes conflictos", señala Gracia que también achaca a la propia actividad comercial que se ha recuperado que siempre exista circulación por las aceras, algo que no nota menos en las calles adyacentes.

La española es otro de los negocios históricos de Conde Aranda con más de 80 años de actividad ininterrumpida. Una tienda de ultramarinos de toda la vida que vende dulces, legumbres, pescado seco, vinos y refrescos. "Los comportamientos puntuales no pueden estigmatizar a todo un barrio, sobre todo porque es normal que las zonas evolucionen y que el pequeño negocio esté en vías de desaparición, los tiempos cambian y esto es algo que sucede en todo el mundo", asegura su propietaria, Eva Mañeru.

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