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Urbanismo

El verano más caluroso de la historia en Zaragoza reaviva el eterno debate sobre la 'dureza' de las plazas: ¿hay sombra suficiente?

Actuaciones como la de plaza Santa Engracia o Salamero fueron cuestionadas en su día, aunque hoy parece que funcionan mejor de lo que se pudo pensar en un inicio

Las plazas de Zaragoza, del duro granito a la sombre de los plataneros

Jaime Galindo

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Zaragoza está viviendo el verano más caluroso desde que hay registros y todavía no ha terminado, ya que este próximo fin de semana se esperan de nuevo temperaturas máximas por encima de los 40 grados y mínimas que rondarán los 25º a primera hora de la mañana. Con una ciudad que actúa como un horno este estío vuelve a dejar en el aire las preguntas sobre cómo diseñar los espacios urbanos para crear refugios que ayuden a mitigar los sofocos, lo que termina siempre con el mismo debate. ¿Por qué se hacen plazas 'duras'? ¿O por qué no se reverdecen las que se hicieron en el pasado?

Por partes. El término de plazas duras surgió en los años 80 en Barcelona, cuando la ciudad afrontaba un rediseño total con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992. Entonces se apostó por crear en la ciudad espacios pavimentados muy diáfanos, sin obstáculos, que sirvieran para acoger a multitudes y, al mismo tiempo, permitir que los edificios del entorno cobren un mayor protagonismo. Esa idea cobró sentido en Zaragoza con la reforma de la plaza del Pilar, que se ejecutó en 1991 y que es obra del arquitecto Ricardo Usón, que en una entrevista reciente con este diario ya explicaba, ante los que cuestionan la 'dureza' del que es el salón de la capital aragonesa. "Puedo entender las críticas, pero cada cosa tiene su lugar. Cada plaza tiene su idiosincrasia. Se podría haber puesto un jardín, sí, pero entonces se perderían todas las perspectivas. Y otra cosa: si yo quiero tener una plaza en la que en un determinado momento quepan 40.000 o 50.000 personas, pues es lo que se requiere", respondía.

Pero claro, el precio a pagar es una plaza que es prácticamente intransitable en el mes de agosto puesto que cuesta encontrar una sombra. Precisamente, con el objetivo de reverceder mínimamente el entorno, el ayuntamiento va a emprender una reforma que, entre otras cuestiones, supondrá la plantación de vegetación en los alcorques en los que ya hay árboles y se crearán 18 nuevos (en la actualidad hay 79). Además, las cubiertas de los porches se cubrirán con vegetación para ayudar a refrescar el entorno.

Aspecto actual de la plaza Salamero, en el centro de Zaragoza.

Aspecto actual de la plaza Salamero, en el centro de Zaragoza. / Jaime Galindo

Esta actuación, no obstante, dista mucho de una reforma revolucionaria al estilo de las que han emprendido otras ciudades como París, que en 2025 consiguió que se viralizara la transformación de la plaza su ayuntamiento, donde se ha creado un bosque urbano de 9.000 metros cuadrados y con ejemplares ya crecidos y con capacidad de dar sombra -algunos árboles tienen 30 años- sin necesidad de realizar obras de calado, sino instalando parterres sobre el pavimento existente.

Aquella actuación removió alguna que otra conciencia y en redes corrieron como la pólvora peticiones para 'copiar' lo que se había hecho en París en otras ciudades. Aquí en Zaragoza también llegó aquel trend, que hoy vuelve a tener sentido después del verano más caluroso de la historia desde que hay registros y dado el aspecto que, por el momento, luce la plaza San Miguel, en plena transformación y cuyos vecinos temen que se convierta en un erial, sobre todo la acera norte, que desde luego parecía mucho más verde en las recreaciones que mandó en su día el ayuntamiento que según está quedando. En este punto cabe preguntarse cómo son y cómo se han reformado las últimas plazas que se han intervenido en la capital aragonesa.

Los condicionantes

Lo primero que hay que señalar es que no existe un modelo y que cada plaza tiene unos condicionantes y unas características. En el mandato anterior, por ejemplo, fue muy sonada por inesperada la reforma de la plaza Santa Engracia, que antaño contaba con carriles dedicados a la circulación y un parterre central con césped y otras plantas. Este se eliminó y se sustituyó por una especie de maceteros a ras de suelo decorados con flores. Pero también se plantaron nuevos árboles y se peatonalizó el lugar.

Aun así, la reforma recibió críticas precisamente por ser muy 'dura' y de contar con demasiado espacio pavimentado. Pero la realidad es que hoy, los árboles de gran porte que se mantuvieron en los extremos de la plaza ayudan a refrescar el entorno y que los que se plantaron nuevos todavía tienen que crecer. Además, se intentó que la nueva configuración del espacio sirviera para ensalzar la fachada de la basílica de Santa Engracia, que antes pasaba más desapercibida. De ahí que no se plantaran más ejemplares en el centro del lugar.

Plaza Santa Engracia, con sombra gracias a los árboles que se mantuvieron tras la reforma.

Plaza Santa Engracia, con sombra gracias a los árboles que se mantuvieron tras la reforma. / Jaime Galindo

Otra reforma muy comentada fue la de la plaza Salamero, cuya transformación fue obligada tras el hundimiento de la losa que cubría el aparcamiento subterráneo. Este hecho, la existencia de un estacionamiento debajo, limitó mucho las opciones de una plaza que antaño también contaba con parterres y amplias zonas cubiertas de césped. El entonces concejal de Podemos, Fernando Rivarés, llegó a emular a la baronesa Thyssen y se quiso encadenar a un olivo para impedir su tala.

Después de varios años, la plaza se inauguró en la primavera de 2023 y se podría decir que el resultado no gustó o por lo menos no encandiló a la ciudadanía. Una de las críticas que se hacían era la falta de sombra, pero hoy la cosa ha cambiado. Si hay algo de lo que no se puede acusar a la plaza Salamero es de ausencia de vegetación, otra cosa es que guste su configuración. Los espacios libres de plantas, asimismo, son necesarios para aligerar de peso un espacio bajo el que hay un aparcamiento que ya se hundió una vez.

El problema de las recreaciones

Y es que muchas veces la decepción de la ciudadanía viene por el hecho de comparar los renders y recreaciones digitales de los espacios ren reforma con el resultado justo después de que acabe la obra. Los árboles crecen y la sombra aumenta, aunque hay casos en Zaragoza en los que se han apeado ejemplares de gran porte que son insustituibles en un plazo corto de tiempo.

Otro caso de reforma que, en este casi sí, aumentó de forma clara la superficie pavimentada en pleno centro de la ciudad fue la reforma ejecutada por Ibercaja de la placeta que queda entre su sede central y el inicio del paseo Damas. Hoy hay quizá más árboles, pero siguen siendo muy pequeños y se eliminaron unos magníficos parterres cubiertas de césped y vegetación que amortiguaban, al menos visualmente, el muy asfaltado centro de Zaragoza. Cada plaza tiene su aquel, pero cada año hace más calor.

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