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REPORTAJE.

Casarse bajo otro sol

El matrimonio civil no existe en el Líbano, pero las bodas contraídas en el extranjero son reconocidas Parejas libanesas viajan a Chipre para escapar de la ley religiosa.

CARINE MANSOUR CARINE MANSOUR 08/09/2008

Parejas libanesas e israelís comparten la misma sala. Nadie llora, ni grita. Al contrario, el ambiente es alegre. La escena, por reunir a ciudadanos de dos países enemigos, es muy inusual. Pero los protagonistas tenían el mismo problema y han hallado la misma solución: no hay matrimonio civil en sus países, así que viajan a Chipre, el país más cercano donde pueden casarse.

El Líbano es un mosaico de 18 grupos religiosos, cristianos y musulmanes, cada uno con sus propias normas para matrimonios, divorcios, herencias y adopciones. "Es una federación religiosa con 18 leyes distintas", explica Mijaíl Daher, exministro y exdiputado. El matrimonio como acto civil no existe, y una pareja solo puede casarse en la iglesia o en la mezquita. Ello constituye un problema no solo para los novios de religión distinta, sino en general, porque las leyes religiosas, a parte de ser más o menos discriminatorias para las mujeres, no dan los derechos que en otros países otorgan las leyes civiles. En cambio, una unión civil contraída en el extranjero es válida en el Líbano.

"Hemos optado por el matrimonio civil porque no queremos que las leyes religiosas regulen nuestra vida privada", explica Maïa, cristiana, de 28 años, casada con Rolán, también cristiano, de 30. Como ellos, cientos de parejas viajan cada año a Chipre desde el Líbano para casarse. Solamente en agosto fueron 60, informa Sheríf Zeidán, empleado en el consulado chipriota de Beirut. El proceso es simple. Se requieren pocos documentos, y por 282 euros, la ceremonia puede celebrarse en el mismo día de la llegada a la isla.

Las tensiones

"No hubo problema. Nadie en la familia lo desaprobó", cuenta Maïa. Su madre, francesa, y su padre, libanés, se habían casado por lo civil en Francia. Pero no es el caso de Elén Tuéni, cristiana de 37 años, y Mohamed Jalúl, musulmán de 35. La pareja luchó durante seis años para que sus padres aceptaran su decisión de casarse. "Al final, decidimos hacerlo con o sin su acuerdo. Entonces cedieron", cuenta Elén. Hoy tienen dos hijos y la relación con sus padres ha vuelto a la normalidad.

No solo las leyes impiden las uniones interreligiosas. Las familias las ven con malos ojos. "Los componentes de la sociedad libanesa viven en un aislamiento comunitario", resume el sociólogo Daniel Meier. "Las leyes tienen que estar en manos del Estado, mientras que la religión es un asunto personal", afirma Rúba Abúzed, de 28 años. Abúzed forma parte de un grupo de activistas que desde hace 10 años mantiene vivo el debate con la campaña El matrimonio civil es un derecho civil, no lo violes.

Ha habido intentos de plantear el matrimonio civil en el Líbano desde los años 50, pero siempre han topado con una oposición potente. El último fue en 1998, cuando un proyecto de ley fue sometido al Gobierno. El primer ministro, Rafic Hariri, lo vetó bajo la presión del muftí suní, que calificó el texto de "antirreligioso". El patriarca cristiano se unió a los oponentes, y el proyecto quedó en el limbo.

Aunque los activistas no han tirado la toalla, chocan con un muro. Permitir el matrimonio civil alentaría las uniones interreligiosas, y, con ello, reduciría la influencia de los líderes religiosos en la vida política. Este hecho constituiría un paso importante hacía el laicismo, lo que derrumbaría todo el sistema político, basado en el reparto del poder entre grupos religiosos.

Además, desposeería a los clérigos de una importante fuente de ingresos, puesto que los matrimonios y los divorcios son lucrativos.

Mientras tanto, varias agencias de viajes han hecho del problema un negocio. Guenady Ragy, dueño de Nadia Travel, fue el primero en aprovechar el filón, después de ir a Chipre para ser testigo de la boda de unos amigos. Así nació Matrimonio civil en Chipre, de la A a la Z, que lleva a cabo todo el proceso, por 1.230 euros por pareja.

Oferta de los competidores

Desde el 2003, 650 parejas se han casado en la isla vecina a través de la agencia, 30 de ellos el pasado agosto. Hoy, ante la creciente oferta de los competidores, Ragy se diferencia en los detalles que añade, como el hecho de regalar una botella de champán y un ramo de flores a la pareja o trasladarles en un Jaguar: "Lo hacemos todo, lo único que tienen que hacer los novios es decir ´sí, quiero´", explica.

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