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El Independiente

Contradictoria (y despistada) opinión pública.

JOSÉ LUIS Trasobares
06/03/2010

 

Si damos dar por buena la encuesta encargada por Ebrópolis para conocer las opiniones de los zaragozanos, llegaremos a una conclusión inevitable: el vecindario cesaraugustí se mueve entre la aguda intuición y la evidente desinformación; o sea, en un espacio plagado de contradicciones y equívocos. Al personal le gusta su ciudad y no quiere que se siga extendiendo, pero al mismo tiempo expresa deseos y criterios propios de quienes aspiran a vivir en una urbe mucho más grande. Se nota que se sigue tomando como ejemplo el desarrollo de las megápolis norteamericanas en los años Setenta y Ochenta, un modelo que ha llegado a su máxima expresión con esa Dubai bestial, delirante, absurda... y ruinosa.

Ya saben que desconfío de los sondeos realizados mediante entrevistas telefónicas. Pero éste parece verosímil. Incluso cuando la ciudadanía rechaza el tranvía (el más exitoso sistema de transporte público que haya funcionado jamás en Zaragoza) y muestra su preferencia por los cercanías, cuyo actual nivel de uso es bajísimo. Nos gusta lo que luego no utilizamos. Curioso.

Visto lo visto, ya pueden darse por contentos el alcalde Belloch y quienes le rodean. Sus planteamientos han calado (salvo Expopaisajes, que va floja). A jóvenes y mayores les encanta esta ciudad cuya marcha nocturna conquista adeptos en toda España. Y como ya sugirió el señor Biel, si el Ayuntamiento se hubiese olvidado del odioso tranvía para optar por la construcción de un metro (o cualquier cosa parecida), sería la mundial.

Es indudable que en estos momentos el urbanismo está en un importante punto de inflexión, con un retorno a la sostenibilidad, a la habitabilidad y a la calidad de vida de quienes viven en ciudades (la mayor parte de la población mundial). Se supone que nos iremos enterando de eso poco a poco, con el retraso habitual. Ahora todavía adoramos al coche como tótem supremo de la movilidad y aún pensamos que la arquitectura emblemática es lo más.

Claro que, según otra encuesta, la mayoría de los aragoneses cree firmemente que entre nosotros hay demasiados inmigrantes. Como suelen decir los fatalistas: esto es lo que hay.


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