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El Independiente

Antes muertos que rectificados.

JOSÉ LUIS TrasobaresJOSÉ LUIS Trasobares
13/11/2010

 

Si alguna empresa privada se anima a participar en la aventura, los gobernantes de la Inmortal y Sufrida Ciudad de Zaragoza meterán en los próximos presupuestos locales una partida destinada construir el nuevo campo de fútbol. Lo ha dicho el vicealcalde y se ha quedado tan ancho. O sea, que no se paga a los proveedores y el agujero negro no para de crecer, pero todavía aspiramos a construir un estadio cinco estrellas; está el Real Zaragoza en estado agónico (otros creen que murió hace tiempo y lo que sale al campo sólo es un zombi), pero aún se sueña con ponerle un fabuloso escenario con cincuenta mil asientos, donde los quince o veinte mil espectadores habituales podrían echarse unas estupendas siestas para pasar los partidos haciendo algo de provecho; no hay apenas signos de vida en la actividad inmobiliaria, pero los tres mosqueteros (Belloch, Gimeno, Blasco) y D´Artagnan (el otro Blasco el del PAR) siguen imaginando fabulosas operaciones en el Este (y en el solar de la actual Romareda, claro).

¿Están locos nuestros jefes? Supongo que no, e incluso me malicio que ellos tampoco se creen esos proyectos que venden y venden a pesar de la crisis, el desplome de los ingresos municipales y la ruina caracolera que nos azota. No, queridos, aquí cada cual se ha hecho una idea de cómo está el patio; sin embargo es preciso fingir que la vida sigue igual para que no cunda el pánico y los ciudadanos-electores conserven un ápice de confianza en el porvenir. Hay que mantener la posición porque rectificar quedaría muy mal, sería una muestra de debilidad y pondría de manifiesto que los jefes no son esos personajes infalibles y seguros de sí mismos que ellos se empeñan en representar, sino unos seres humanos falibles, débiles y a veces incapaces de razonar con sentido común. Por eso el Sistema se aferra a sus propias fabulaciones pues si fuimos capaces de montar una Expo Internacional y gastarnos mil y pico millones en presumir de guapos, ¿por qué habríamos de achicarnos ahora?

Así que el campo de fútbol sigue estando en el imaginario institucional haciendo compañía a otros delirios. Con decirles que todavía no se ha cerrado el capítulo Gran Scala...

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