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Soñar

 

Soñar -

Jorge Oto Jorge Oto
26/02/2018

Todos dudaron. Usted, yo, gran parte del club y seguramente el propio Lalo. Puede que el propio entrenador llegara a dejar de creer, derrotado por su propia inseguridad y por una evolución demasiado lenta. De hecho, Natxo llegó a estar con un pie fuera del Zaragoza, a una derrota del despido  Nunca claudicó. De hecho, cada aparición suya era un brindis al sol. Una promesa de tiempos mejores. Un mensaje de confianza. Aquella nefasta primera vuelta le habría abocado a pasar a buscar el finiquito en cualquier otra etapa. Lo habría merecido tras haber perdido el rumbo y la coherencia. Al técnico se le cayó el equipo con la misma rapidez que el zaragocismo había perdido la fe en todo y en todos. Pero Lalo aguantó. El director deportivo optó por aumentar sus apariciones por el vestuario para solidificar su respaldo al técnico, trató de suturar la brecha que se abrió entre Natxo y el vestuario y camufló sus miedos con una coraza a prueba de bombas. Nunca sabremos qué habría pasado en caso de haber llegado el relevo en el banquillo pero el Zaragoza hoy es otro.

Ha vuelto aquel equipo seguro, capaz y fiable al que solo le faltaban los resultados allá por otoño. Natxo tardó demasiado en rescatar un rombo sobre él se asienta la reacción y el futuro del Zaragoza. Se esperaba que Eguaras aumentara sus prestaciones con este dibujo pero había dudas con la adaptación del resto de mediocampistas, sobre todo de Zapater. Y el capitán lo volvió a hacer. Otra batalla ganada.

Pero, más allá de la estelar irrupción de Lasure, la fortaleza de Guti, la seguridad de Cristian, la brújula de Eguaras, la reválida de Benito o el vital rescate de Borja, el Zaragoza ha recuperado a su entrenador. Porque el duelo ante el Oviedo confirma definitivamente que Natxo ha dejado atrás todas aquellas dudas, inseguridades y vaivenes que estuvieron a punto de costarle el puesto. Tardó una vuelta entera pero al fin el Zaragoza tiene un equipo base sobre el que crecer y creer. Y eso es mérito de un Natxo que lee mejor los partidos. No solo en lo que a sustituciones se refiere, que también, sino a acertados movimientos tácticos en el momento oportuno.

Ahora que el zaragocismo vuelve a soñar es de justicia aplaudir y celebrar el regreso de Natxo y la paciencia de Lalo. Pero también lamentar la excesiva tardanza en el rescate de un patrón que mostró al mejor Zaragoza y que el propio técnico extravió. Aquellos que afirmaban que no había plantilla para más ya no lo tendrán tan claro. Los que dábamos por perdido a Natxo festejamos su regreso. Porque aún hay tiempo. Se acabó la pesadilla. Pónganse a soñar.

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