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Opinión

La despoblación de parte de España

En 1959 el franquismo puso en marcha el Plan de Estabilización Económica, que se plasmó en la década siguiente en los planes de Desarrollo. Los tecnócratas del régimen, muchos de ellos miembros del Opus Dei, diseñaron un modelo de desarrollismo que primaba unas pocas ciudades (Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valladolid) y regiones (País Vasco, Cataluña, Valencia), dejando a la España rural sumida en un absoluto abandono. El resultado de aquella política desequilibrada fue la emigración masiva de millones de andaluces, extremeños, castellanos, leoneses y aragoneses a esas ciudades y a esas regiones.

Los gobiernos de la democracia ahondaron en las desigualdades territoriales, y la población más joven siguió emigrando, hasta convertir a muchas comarcas españolas en poco menos que eriales demográficos. El territorio de la Serranía Celtibérica (sur de la Rioja, mitad suroccidental de Aragón, zona oriental de Castilla-León y de Castilla-La Mancha y algunas comarcas interiores de Valencia) ha sido el más castigado por la despoblación, tanto que en 2015 la densidad de población ronda los 0,8 habitantes por kilómetro cuadrado; es la región más despoblada de toda la Unión Europea. A ese enorme déficit demográfico hay que añadir que la población que sobrevive aquí presenta el envejecimiento más alto de la Unión. En las tres últimas décadas movimientos ciudadanos denuncian esta situación (Teruel Existe, Soria ya, La otra Guadalajara), pero el proceso de despoblación, acentuado con la actual crisis, sigue imparable.

El profesor Francisco Burillo ha puesto en marcha el Instituto de Investigación y Desarrollo Rural --Serranía Celtibérica--, que ha elaborado un ambicioso proyecto para frenar semejante sangría, proponiendo una batería de medidas que pasa por la puesta en marcha de una ITI (Inversión Territorial Integrada). Esta ITI, similar a la que se ha aprobado para la provincia de Cádiz, debería estar dotada con varios miles de millones euros, que servirían para evitar que se siga despoblando un territorio de más de 65.000 kilómetros cuadrados.

España tiene una deuda gigantesca con las gentes de esta tierra, que han visto cómo sus hijos se han marchado ante el abandono que durante más de medio siglo han sufrido por parte de las Administraciones públicas. Es hora de actuar porque, de no hacerlo, la situación será irreversible y en apenas veinte años el 13% de la superficie española se convertirá en un verdadero desierto. Escritor e historiador

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