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El Periódico de Aragón

INCENDIOS FORESTALES

"Las casas están bien, pero el paisaje es desolador"

Los vecinos desalojados por el incendio del Moncayo vuelven a sus casas tras pasar dos agónicas noches en los pabellones habilitados en los municipios colindantes | Los de Añón y El Santuario siguen a la espera

Algunos vecinos pasaron por el súper antes de volver a casa. Jaime Galindo.

La mañana ha amanecido con buenas noticias en la comarca del Moncayo. El fuego estaba bajo control y no había alcanzado el Parque Natural, principal peligro y miedo durante toda la jornada del domingo. 

Los más de 1.300 vecinos desalojados han desayunado con el rumor de que podrían volver a casa, que era cuestión de horas. Y así ha sido, pero antes de que llegara el anuncio oficial del Gobierno de Aragón muchos ya habían decidido dirigirse hacía a sus pueblos con la esperanza de sortear los controles de la Guardia Civil y comprobar que todo estaba como lo dejaron. Tarea complicada, salvo que uno se conozca los caminos campos a través. 

La Guardia Civil, en Vera, prohíbe el acceso al municipio. Jaime Galindo.

Sobre las 12.00 del mediodía, en el acceso a Vera del Moncayo las filas de coches evidenciaban el nerviosismo y las ganas que sus vecinos tenían de volver a casa. Hacía menos de 20 minutos que habían reabierto el tramo de la N-122 que une Borja con Tarazona y ya se notaba el trajín de coches que circulaba por una carretera rodeada de hectáreas y hectáreas calcinadas. Totalmente negras.  

Frente al control de la Guardia Civil de Vera del Moncayo estaba Juan Manuel, con los brazos manchados de ceniza y unas gafas sobre la cabeza con las que se había protegido del fuego. 

«Yo no he me ido. Llevo desde el sábado ayudando para apagarlo, que es mi pueblo», explicaba junto a un compañero de fatigas que repetía con insistencia que «toda la vida hemos sido los propios vecinos los que hemos apagado los incendios cuando se acercaban a las casas y ahora no nos dejan ni quedarnos». 

«Yo no he me ido. Llevo desde el sábado ayudando para apagarlo, que es mi pueblo»

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Vigilantes del fuego

La realidad es que ninguno de los pueblos desalojados se ha quedado estos días vacío. En todos ellos podían verse patrullas de voluntarios que se han dedicado a vigilar las casas y el avance del fuego. 

Tras una mañana de espera, a la hora de comer el Gobierno de Aragón autorizaba la vuelta a casa de las localidades de Alcalá, Vera, la urbanización Las Cumbres del Moncayo (en Añón) el Camping Moncayo (Vera), Bulbuente, Ambel y Trasmoz. 

Fatima Halima descarga las pocas cosas que se llevó al albergue de Borja durante la evacuación. Jaime Galindo.

De vuelta a casa

«En cuanto nos hemos enterado hemos decidido venir y eso que sabíamos que la casa estaba bien», decía María Pilar Lahuerta, una vecina de Vera del Moncayo que nada más llegar se ha puesto a limpiar los restos de ceniza de las ventanas y la puerta de la cochera. «Bueno, primero he tirado a la basura todo lo que tenía en el congelador porque se fue la luz. No te haces una idea de cómo estaba. No quiero que se me meta dentro de casa», se justificaba.  

Junto a su marido ha pasado el fin de semana en Tarazona, en casa de una hija. «Cogimos las medicinas y una muda. No nos dio tiempo a más porque nos dieron media hora y entre los nervios y las prisas no te da para pensar», comentaba mientras seguía echando agua con la manguera y decía que, al menos, "las casas están bien", pero sin olvidarse que "el paisaje es desolador".

María Pilar Lahuerta retira los restos de ceniza de la puerta. Jaime Galindo.

Fatima Halima volvía con sus tres hijos y su marido a casa. El reloj no marcada las 4 de la tarde que ya habían hecho una compra rápida. Cuando se declaró el incendio estaba trabajando en la urbanización Villa Cumbres del Moncayo. «Los pase fatal. No podía irme de allí porque tenía que venir a buscarme mi marido y no podía subir. Yo solo pensaba en mis hijos. Al final pude bajarme con un vecino pero pasé un rato horrible», recordaba. 

Junto a sus hijos, ha estado alojada en el polideportivo de Borja donde, dice, «el trato ha sido excepcional», aunque admite que no ha pegado ojo durante las dos noches. 

Urbano Oreja y María Jesús Zatón bajaban de su coche con la mascarilla puesta -- «han dicho que había mucho humo»-- en la urbanización de lo alto del monte, la de Cumbres del Moncayo. Tras un recorrido desolador, con todos los árboles quemados, celebraban la vuelta a casa. «¡Ay! Qué ilusión me hace», decía con risa nerviosa María Jesús. «Sabíamos que todo estaba bien porque algún vecino de confianza ya había venido por la mañana a dar vuelta, pero nos quedábamos más tranquilos si veníamos nosotros», decía Urbano. 

Urbano y María Jesús celebran la vuelta a la normalidad. Jaime Galindo.

El paisaje ahora es negro

En Alcalá del Moncayo los pocos vecinos que habían vuelto a primera hora de la tarde no hablaban de otra cosa, del paisaje devastado de su pueblo. Lucía, que había ido a dar de beber y comer a sus perros, repasaba las zonas más afectadas. «Las casas no se han quemado, alguna fachada quizá, pero por suerte el pueblo está bien», decía entre la alegría y la tristeza porque todos los alrededores de Alcalá ahora son de color negro.

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