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ENTREVISTA

Álvaro Lana: "El principal riesgo de no invertir es perder poder adquisitivo”

El director de Abante en Aragón insiste en no dejarse llevar por el «ruido» y centrarse en una buena planificación financiera adaptada a cada persona y a cada etapa vital. Además, advierte que la «inacción» por la incertidumbre, puede salir cara.

Álvaro Lana es el director de Abante en Aragón, asesoría financiera independiente con oficina en Zaragoza.

Álvaro Lana es el director de Abante en Aragón, asesoría financiera independiente con oficina en Zaragoza. / Pablo Ibáñez

Alicia Revuelta

Alicia Revuelta

Vivimos en un entorno de incertidumbre económica. Pese a ello, ¿diría que es buen momento para invertir?

Rotundamente, sí. En 2026 seguirá habiendo ruido político y geopolítico, pero nosotros miramos los fundamentales, es decir, si las compañías ganan dinero y si sus proyecciones de beneficios son buenas. Y, de forma agregada, hoy esas previsiones son positivas y con crecimientos de doble dígito.

El ruido a veces te despista: parece que una noticia va a afectarte mucho y luego no afecta tanto ni al mercado ni a las empresas. Con un crecimiento mundial en torno al 3% y la inflación más controlada, el escenario es propicio.

Eso sí: hay riesgos por la concentración y la sobrevaloración de algunas compañías, y hay que saber identificarlos.

Muchos ciudadanos siguen dejando su dinero en depósitos con baja rentabilidad. ¿Qué riesgo tiene no invertir?

El principal riesgo es perder poder adquisitivo por la inflación y los impuestos.

Un ejemplo: si te tocan 400.000 euros de lotería, tras impuestos pueden quedarte 328.000; y en 20 años, con una inflación del 2%, es como si fueran 220.000.

Y hay otro riesgo: la inacción por incertidumbre. Se pospone la decisión de invertir esperando un escenario claro que nunca llega. Esa parálisis pone en riesgo objetivos reales: jubilación, educación de los hijos o vivienda.

¿Qué le diría a alguien que nunca ha invertido?

Le diría que se informara y formara. Hasta que no tienes experiencia, no entiendes lo que se siente cuando inviertes, cuando ganas y cuando pierdes. Y, por supuesto, que se apoyara en un asesor financiero que le ayude a hacer una planificación y a vislumbrar cuál es el camino ideal.

A una persona neófita siempre le decimos que lo primero que debe hacer es responder al «para qué», cuál es el fin de invertir. Definir objetivos, plazos, rentabilidad necesaria y riesgo asumible según su etapa vital (edad, familia, trabajo, si eres autónomo…). Con un plan, sabes qué buscar.

¿Y eso es lo que hacen desde Abante?

Nuestro core business es tener tiempo de calidad con el cliente: comprender qué necesita la persona, sus inquietudes, sueños y miedos. Después lo bajamos a números: capacidad de ahorro, situación fiscal, hijos, herencias…

Hacemos una foto actual y la proyectamos al futuro para entender qué rentabilidad tiene que pedirle a su dinero. A partir de ahí, diseñamos una estrategia financiera y una cartera de inversión acorde a ese plan y la vamos revisando con el cliente con el paso del tiempo.

No hay una cartera de inversión perfecta, hay una cartera adecuada para tu vida

Álvaro Lana

— Director de Abante en Aragón

¿Por qué es tan importante el largo plazo cuando hablamos de inversión?

Porque el tiempo es un aliado por dos motivos. El primero porque te mitiga el riesgo a la volatilidad. La volatilidad es tener una variación diaria de tus inversiones; pero eso no es una pérdida permanente de capital. En el mundo financiero esto es difícil que pase: al final tienes variación en base a expectativas. Cuando inviertes a largo plazo tiendes a cometer menos errores.

El segundo motivo es el interés compuesto: al ganar dentro de 20 años el 5% del 5% del 5%, eso te genera mucho más rendimiento; los propios rendimientos generan más rendimientos. Y, además, si inviertes a cinco años, las probabilidades de pérdida son mucho menores que a un año.

El largo plazo no implica «aguantar», sino haber hecho un plan, entender el riesgo máximo y gestionar la cartera, rebalanceándola. En los mercados, muchas caídas responden a expectativas y emociones; por eso, con un plazo largo y un plan, se cometen menos errores: no miras cada día, sino si el rumbo sigue encajando con tus objetivos.

¿Se puede hablar de democratización del asesoramiento financiero?

Sí. Más que el patrimonio, lo que determina el asesoramiento es la etapa vital. Nosotros distinguimos tres etapas: inicio, acumulación y disfrute. Y, además, la digitalización también ha ampliado el acceso a productos de calidad con importes más bajos.

El tiempo es un aliado porque mitiga el riesgo a la volatilidad y activa el interés compuesto

Álvaro Lana

— Director de Abante en Aragón

¿Cómo es el comportamiento de los inversores aragoneses?

Es muy similar al perfil nacional. Nos llaman el Ohio de España porque somos una representación equiponderada de lo que pasa en España. Sí que existe, de unos años a esta parte, más concienciación hacia la inversión financiera, en parte por dudas reales sobre si el sistema público será capaz de pagar las pensiones como se estiman y hay mucha sensibilidad a la inflación porque la de 2022 fue muy severa.

Y luego entra en juego la longevidad. Vivir más años es un premio, pero implica financiar más tiempo sin ingresos laborales. Además, en Aragón gusta la inversión inmobiliaria.

Y hay un factor sociológico que son las vidas «multietapa». Ya no es tan habitual entrar a una empresa y jubilarse en ella; puedes tener hitos, reinventarte, y eso obliga a planificar.

Con tanta información disponible, ¿por qué sigue siendo clave contar con un asesor financiero?

Porque información no es igual a criterio. Un asesor aporta filtro, disciplina y acompañamiento. No existe una cartera universal perfecta; existe una cartera adecuada para tu vida. Y cuando cambian tus circunstancias o la coyuntura, el asesor te ayuda a revisar el plan para no tomar decisiones impulsivas.

En Aragón tiene mucho peso la empresa familiar. ¿Qué retos financieros suele plantear?

En la empresa familiar no hablamos solo de invertir un ahorro: se trata de coordinar familia, empresa y patrimonio. Eso implica una dificultad mayor. La recomendación es hacer primero un plan estratégico familiar: qué quiere la familia, qué quiere la empresa, y pasar del «yo» al «nosotros». Después se define el plan estratégico patrimonial y las posibilidades de inversión son básicamente tres. Nosotros lo llamamos los tres bolsillos: el inmobiliario, el financiero y el empresarial.

En estas empresas, la sucesión generacional es un tema relevante. ¿Se planifica lo suficiente o suele abordarse cuando ya es urgente?

Por experiencia, la sucesión se suele abordar más tarde de lo deseable. Es un tema emocional y no cómodo. El éxito es empezar a hablar de ella e involucrar a toda la familia para que todo el mundo pueda expresarse y comentar expectativas. Nosotros solemos ayudar en esta parte y en la planificación a futuro. Ahí el asesor independiente aporta a la familia una distancia reflexiva.

Acaba de nombrar la figura del asesor independiente. ¿Qué ventajas competitivas tienen las firmas independientes como Abante?

Nuestro modelo, basado en la independencia como pilar fundamental, se apoya en una estructura de partnership, en la que la mayoría del capital pertenece a los socios profesionales que trabajamos en la firma. Por eso, el compromiso es mayor y la relación se piensa a largo plazo, lo que reduce conflictos de intereses.

Además, en Abante el cliente no depende de una sola persona, sino de una organización especializada que trabaja con un único modelo de asesoramiento y un único proceso de inversión, coordinando a los especialistas que necesita en cada momento.

La planificación requiere una conversación profunda y personal; la tecnología ayuda a interaccionar y a llegar a más gente, pero no sustituye a la persona

Álvaro Lana

— Director de Abante

¿Qué papel juega la tecnología en el asesoramiento financiero y como se hace uso de ella sin perder el trato personal?

La tecnología nos hace ganar tiempo de calidad. La planificación requiere una conversación profunda y personal; la tecnología ayuda a interaccionar y a llegar a más gente, pero no sustituye a la persona. En nuestro trabajo la confianza es muy importante.

Por último, si tuviera que dar un consejo final a alguien que quiere invertir, ¿cuál sería? Le diría que se responda a dos preguntas: ¿para qué quiero invertir y por qué?

Que hable con su «yo futuro», aterrice su proyecto vital a su situación económica y, si no encaja, use la inversión para buscar la rentabilidad que necesita para lo que de verdad quiere hacer.

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