Cinco años después de que Argentina fuera sacudida por un terremoto eco-nómico, durante el cual se confiscaron los ahorros de buena parte de la clase media, el Tribunal Supremo dictaminó ayer finalmente que sean devueltos en pesos los dólares que quedaron atrapados en el llamado "corralito".

Las personas que entonces resultaron perjudicadas recibirán en billetes argentinos el valor actual de los dólares que les fueron retenidos por las entidades financieras. Eso representa 3,09 pesos por cada unidad de la moneda norteamericana. Para llegar a esa cifra, los jueces consideraron la cotización inicial de 1,40 pesos por dólar, establecida en el 2002, tras la devaluación. A eso se le sumaron ajustes por inflación e intereses bancarios.

Con el voto a favor de cinco de sus siete miembros actuales, el Supremo no solo validó la pesificación de los depósitos hechos en dólares. El dictamen corresponde a la causa que inició un ciudadano particular contra el Gobierno argentino y el Banco de Boston. Pero su efecto ahora se hace extensivo a los 60.000 demandas judiciales presentadas por otros ahorradores y que se encontraban pendientes de resolución.

ALUD DE RECURSOS La congelación de los depósitos provocó en el 2002 un imparable alud de recursos de amparo. Esas 323.000 solicitudes a la justicia implicaron una sangría del sistema financiero de unos 5.500 millones de euros. Ese flujo ahora se detiene. La sentencia del Supremo alcanza a quienes habían entablado un procedimiento contra el Estado y los bancos para recuperar su dinero, y no afecta a los que ya canjearon sus ahorros por un bono público, pactaron un plan de devolución de sus fondos o cobraron el 100% de sus ahorros. "Lo que se logró es certidumbre, y eso me parece bueno", dijo ayer el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al respaldar la decisión judicial anunciada ayer.

Hace un lustro, el país vivía días vertiginosos e inciertos, hasta el punto que hubo cinco presidentes en 10 días. El último de esa saga, Eduardo Duhalde, terminó con la paridad entre el peso y el dólar y, tras la devaluación, reforzó la congelación de los depósitos bancarios.

La furia de los ahorristas se apoderó de las calles. Las imágenes de fachadas de bancos destruidas o cubiertas de estructuras metálicas para evitar roturas, recorrieron el mundo entero.

OTROS TIEMPOS Pasó el tiempo, la economía argentina comenzó un sostenido proceso de recuperación. Néstor Kirchner se convirtió en presidente en mayo del 2003 y renovó el Supremo. Es en este contexto que tiene lugar su demorado fallo. Él mismo, se dice, ha buscado "la paz social y mostrar que es posible un consenso sobre cuestiones tan difíciles que preocupan a la comunidad".

La devaluación azotó a la mayoría de los argentinos. Pero también hubo ganadores: las empresas y particulares que habían pedido créditos en dólares, los pagaron en pesos.

Las empresas que controlan los servicios públicos, en su mayoría europeas, aseguran ser otras de las perjudicadas. Sus tarifas se encuentran aún congeladas.