+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

EL STALINGRADO ESPAÑOL

Las batallas de Teruel

Tanto por la dimensión de fuerzas enfrentadas (alrededor de 300.000 combatientes) como por el gélido invierno en el que se desarrolló, la batalla de Teruel (que iniciada por el general Vicente Rojo a mediados de diciembre de 1937, contra las tropas sublevadas que defendían la ciudad, finalizó el 22 de febrero de 1938, día en que las tropas de Franco la recuperaron) ha recibido el sobrenombre de 'El Stalingrado de la guerra civil'.

 

Ernest Hemingway (1899-1961) conversa con unos padres de familia, bajo la atenta mirada de sus hijos, en una localidad próxima a Teruel, durante los días la batalla. La foto fue tomada el 21 de diciembre de 1937. - DAILY PRESS

Luis Negro Marco Luis Negro Marco
22/02/2021

Aunque con más propiedad (puesto que se produjo casi 5 años antes) podría decirse que Stalingrado fue La batalla de Teruel de la segunda guerra mundial. Incluidos los temidos snipers (francotiradores) que –al igual que el Vasili Zaitsev de la  película de 2001 Enemigo a las puertas, de Jean Jacques Annaud– sembraron el pánico entre los soldados durante la batalla de Teruel.

 El Nobel de Literatura de 1954, el estadounidense Ernest Hemingway, fue el más destacado reportero de guerra que la contó para el mundo, siendo además la heroica intervención que en ella tuvo su compatriota, el comandante Robert Merriman, jefe de la Brigada Lincoln, la que pudo haber inspirado al personaje protagonista de su libro: Por quién doblan las campanas. Así mismo, e independientemente del valor estratégico que tuvo en el desenlace de la guerra civil, aquella batalla será siempre recordada por la película: Sierra de Teruel, rodada en España y Francia entre 1938 y 1939 por el escritor y aviador francés André Malraux, quien al mando de una escuadrilla aérea, participó en la batalla de Teruel del lado de la República. Una experiencia vital que le llevó a escribir L´Espoir (La Esperanza) a partir de cuyo texto el escritor español Max Aub desarrolló el guion.  

 Y es que hablar del séptimo arte es hacerlo de Teruel, pues entre sus pioneros se encuentra un ilustre turolense: Segundo de Chomón (de quien este año se cumple el 150 aniversario de su nacimiento) inventor del travelling en las tomas de acción y de los efectos especiales. Digno antecesor del también universal cineasta de Calanda Luis Buñuel, de  cuya surrealista etapa tomó fugaz relevo (falleció en 1979 con tan solo 31 años de edad)  el poeta y director de cine turolense Antonio Maenza. Orfeo filmado en el campo de batalla (1969) fue uno de los tres largometrajes que llegó a rodar.

 Y moviendo ficha, saltando de un arte a otro encontramos a la ciudad de Teruel declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1986 por sus hermosos monumentos mudéjares; Pero Teruel es también la aragonesa ciudad de la verde cerámica; la del refulgente dorado que irradian los azulejos de sus esbeltas y legendarias torres de las iglesias del Salvador y de San Martín; la del susurro calmado de las aguas del río de geminado nombre: Turia o Guadalaviar, que la surca bajo las majestuosas arcadas de su formidable viaducto; y la del broncíneo Torico, emblema y paladión de la ciudad, que fue testigo y sobrevivió a la trágica batalla.

 Y cómo no, Teruel es la mundialmente conocida ciudad de los medievales amantes Diego Marcilla e Isabel de Segura, cuya imposible unión les hizo morir de amor, conservándose sus momificados cuerpos y marmóreo monumento de manos entrelazadas en la iglesia de San Pedro. Curiosa dualidad para tan bella ciudad: capital del amor y trágico escenario de guerra. Pero ahí está el matiz: en las pasadas batallas (libradas ya desde tiempos de los cartagineses) y en la anualmente festiva celebración de las Bodas de Isabel de Segura.

Por otro lado, siendo Aragón Reino de Fueros, ninguna ciudad los tuvo tan aventajados como los que a Teruel concedió en 1177 Don Alfonso II de Aragón, los cuales sirvieron de modelo para los que diferentes ciudades y poblaciones de Castilla y León recibirían después.

 Pero sobre todo, ha sido y es Teruel y su provincia, tierra generosa que supo dar, durante décadas, el hierro de sus minas de Ojos Negros recibiendo a cambio  –recordando a Joaquín Carbonell, en una de sus hermosas canciones– “metralla hirviendo en gritos de estupor”. Y en respuesta a tanto sufrimiento, un frío posbélico desdén que truncó el prometedor futuro de Teruel tras la guerra civil, al desechar las nuevas autoridades la puesta en marcha de la línea férrea Teruel-Alcañiz-Lérida, buena parte de cuyas estaciones y vías de tren estaban ya construidas en 1930.

 Provincia clave

Quizás por ello comprendamos mejor ahora el valor del título de “Vencedora” que acompaña al escudo de la ciudad de Teruel. Porque, a pesar de todo, siempre ha resistido ante las batallas y la adversidad. De ahí el movimiento de resiliencia y llamamiento a la solidaridad que desde 1999 –y ahora más que nunca, como partido político con representación en el Congreso y el Senado de España– reivindica las necesarias inversiones para una provincia clave en la Historia y el devenir de Aragón y de la propia nación. ¡Teruel Existe!