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Voluntariado junto con la Universidad de Zaragoza

Las voces de la cooperación

Tres aragoneses dedican su tiempo a acciones solidarias en países sin recursos. Los voluntarios pagan los gastos y usan sus vacaciones en estas acciones

 

Víctor Gracia junto con sus compañeros y pacientes , en Tinduf. - SERVICIO ESPECIAL

Operación quirúrgica del cirujano Ramón Sousa, en Filipinas. - SERVICIO ESPECIAL

SUSANA PÉREZ MORLÁNS
12/08/2019

A veces se dan situaciones a las que uno no puede resistirse. Ya no solo se trata de una experiencia única sino que además, puede llegar a ser muy gratificante. Así lo reconoce Víctor Gracia, estudiante de cuarto curso de fisioterapia en la Universidad de Zaragoza, que el pasado mes de noviembre decidió llevar a cabo toda una nueva aventura durante 30 días. Este joven de 21 años, junto con tres compañeros más, pusieron rumbo al Sáhara con el objetivo de realizar las prácticas de cooperación internacional en los campamentos de refugiados, en el hospital Bol-la.

Durante el verano del 2017, una comisión de fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales fueron a este mismo hospital y valoraron unas necesidades que había que cubrir, por lo que al siguiente año, estos universitarios no dudaron en intentar ayudar de nuevo a esas mismas personas.

El Hospital de Bol-la, situado en Tinduf, es un centro mixto de diversidad funcional que se convirtió durante un mes en la residencia de estos cuatro jóvenes. «Mi día a día era estar con el fisioterapeuta local haciendo prácticas con los niños por la mañana y luego por las tardes, como vivíamos con ellos, ayudábamos en una labor más de voluntariado», explicó Gracia. La experiencia personal puede llegar a ser tan gratificante que Gracia, cuatro meses después, decidió volver de nuevo para realizar valoraciones a los niños y continuar el proyecto.

PROGRAMA UNIVERSITARIO / A pesar de los buenos momentos al ver los retos conseguidos, siempre hay días difíciles, «sobre todo al principio», destacó Gracia, porque «es duro aprender a trabajar con niños en un contexto tan desfavorable donde el material no era muy estimulante, las salas no eran agradables para los pequeños y muchas veces faltaban cosas y había que buscarse un poco la vida».

La Universidad de Zaragoza lleva años realizando actividades de cooperación y desarrollo. En el curso anterior, 60 estudiantes de la Universidad de Zaragoza realizaron estancias de prácticas de cooperación.

Sergio Salinas, director de secretariado de cooperación de la Universidad de Zaragoza, lleva cuatro años en este cargo y aseguró haberse sorprendido cuando vio de cerca todo lo que la gente hacía «y se pagaba de su bolsillo» debido a que cuentan con unos recursos «escasos». Desde la universidad se hace todo lo posible para que estos proyectos se realicen y sobre todo para que todos aquellos estudiantes que estén dispuestos a vivir esta experiencia, puedan acceder y contar con la ayuda económica que les otorga el Gobierno de Aragón.

Salinas explicó que hay grados como «enfermería, fisioterapia, veterinaria, educación y derecho» que cuentan con un peso mayor en actividades de cooperación y desarrollo pero que «ingeniería y arquitectura» estaban empezando a coger peso.

NUEVOS RETOS / Ángel Pueyo Campos, profesor titular de Geografía Humana e investigador en Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza, es uno de los responsables de la realización de actuaciones en materia de cooperación por el desarrollo en el ámbito universitario, que se lleva a cabo en Mauritania y Senegal desde el año 2015. Desde la universidad, junto con las oenegés CERAI y ARAPAZ, se han desarrollado herramientas geográficas para promover el empoderamiento y la inclusión social de las poblaciones rurales de estas zonas y, de esta forma, mejorar su calidad de vida.

En el 2017, nueve personas pusieron rumbo a Senegal, exactamente a la zona de Kaolack. Posteriormente, en el 2018 la cifra aumentó a 16 y fueron a Kédougou, donde ayudaron a colocar letrinas, pozos y fuentes y a crear censos de población, debido a que en la mayoría de las zonas, explicó Pueyo, «conocen el total del censo pero no saben en qué hogares hay más población».

Pueyo hizo hincapié, ya no en el trabajo de investigación que ellos realizan, sino en los valores que todos se llevan una vez que vuelven a Aragón. «A nosotros nos hacen un favor porque nos hacen ver las cosas de otro modo», explicó el profesor.

Como explicó Pueyo, España es un país «privilegiado», mientras que en África, «están viviendo situaciones muy críticas por lo que cualquier intervención de mejora va a tener muchas ventajas».

Pueyo destacó que todo se hacía «con mucho cariño, no podemos llegar y cambiar todo, pero sí que tenemos que ir poco a poco enseñando que las mujeres pueden tomar decisiones y que los hombres pueden ayudar en las tareas del hogar. Nosotros tenemos que dar ejemplo».

Para el próximo mes de noviembre, la universidad tiene entre manos un proyecto muy «ambicioso» que consiste en la formación de técnicos en Dakar. «Se quiere trabajar con oenegés de Senegal, con algunos de Mauritania y serán 10 días de formación intensiva para favorecer la movilidad de técnicos de todo el país.

LA MUJER COMO EJE / En este proyecto, el papel de la mujer se convierte en vital. Según Pueyo, desde la universidad han pedido que «un 40% sean mujeres porque la mujer en África es una de las grandes impulsoras de desarrollo territorial».

Pueyo, que realizó su primera cooperación en 1999, destacó que había aprendido muchas cosas, entre ellas «el saber en qué medida tenemos que ayudarles y que nosotros tenemos que darles la caña de pescar».

Ramón Sousa, profesor asociado de la facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, hace seis años que se fue a Filipinas junto a un grupo de cuatro estudiantes a ayudar a gente sin recursos. Al regresar se dio cuenta de que los estudiantes se implicaban y de que tenían la necesidad de ayudar a los demás. «Pensé que se trataba de un proyecto que tenía que tener la universidad y la verdad es que al plantearlo obtuve una gran aceptación por parte del vicerrector de cooperación».

La idea principal era hacer revisiones anuales, pero las condiciones han llevado a que vayan cada seis meses pero existe la intención de «aumentar el voluntariado y así poder llevar a cabo una continuidad», explicó Sousa.

La última misión realizada se realizó en la segunda quincena de julio, donde fueron 14 personas, entre ellas estudiantes de quinto de medicina, junto a Antonio Guemes, profesor de Cirugía. «Nos vamos 15 días para que sea algo realista debido a que son días de nuestras vacaciones y nos lo costeamos todo nosotros». Según explicó el profesor, son dos semanas «muy intensas» donde todo está organizado para llegar y ponerse en marcha con los pacientes.

Según comentó el profesor, «pasamos consulta médica en las zonas más pobres, damos una atención masiva a todos los pacientes que tienen necesidad y les damos la medicación y hacemos las pruebas como radiografías o ecografías».

Este grupo de cirujanos, estudiantes y médicos está formado al 100% por voluntarios y gracias a la oenegé que crearon pueden costear todo el material y todo lo necesario para las intervenciones. «Todo el dinero va a la atención de los pacientes, todos vamos como voluntarios y todo nos los costeamos nosotros, menos los estudiantes que reciben una pequeña beca para poder pagarse mínimo el viaje».

Sousa hizo hincapié en lo satisfactorio y «adictivo» que es ir a un lugar como Manila y narró lo que más ilusión le hizo hace poco. «Se pusieron en contacto conmigo los alumnos con los que fui hace unos años y me dijeron que querían volver para la próxima misión, pero esta vez ya como médicos ».