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Un año del mejor recuerdo

Ayer se cumplió el primer aniversario del ascenso del club aragonés a la élite, conseguido en Lugo

 

Nagore, Carlos David, Camacho, Cucho y Jair, eufóricos en el Anxo Carro. - PEDRO AGRELO

Los jugadores, junto a su afición. - PEDRO AGRELO

A. B. L.
22/05/2019

21 de mayo. Día señalado para el ascenso, una fecha guardada a fuego en la memoria de toda la afición del Huesca. Ayer se cumplió un año del histórico ascenso a Primera División. La culminación de un temporada de ensueño condensada en una jornada única y llena de aficionados oscenses en las gradas a pesar de la distancia.

Ahora el Huesca ha dado un giro de 360 grados y ha vuelto a Segunda tras confirmarse su descenso de categoría, pero el club, la ciudad y los seguidores azulgranas han vivido una campaña única, se han ganado el cariño y respeto del fútbol español y le han enseñando al mundo lo que significa no reblar, ese lema que les ha acompañado hasta que las matemáticas ya dijeron que era imposible la permanencia.

Aquella noche fue la primera en la que los azulgranas se echaron a la cama con un equipo de la élite. Menuda sensación. Ya se intuía en el ambiente que era el día. No fue en El Alcoraz, lo que hubiera sido precioso, pero el fin, el ascenso, daba igual dónde fuera. Tocó en el Anxo Carro de Lugo tras un encuentro inmaculado de principio a fin. Bien pronto se puso todo de cara gracias a una diablura de genio de Álex Gallar. Recepción en la frontal, quiebro de cintura y tiro limando el palo derecho de la meta gallega.

Cuando todavía transcurrían los primeros 45 minutos, la otra genialidad. Un balón rechazado acabó en los pies de Ferreiro en la diestra y Pulido se desmarcó haciendo gala de su alma de delantero centro. La definición, de crack, con la espuela. 0-2 y la Primera División más cerca que nunca tras un año increíble en el apartado futbolístico.

Tal día como hoy, los jugadores y miembros del club, junto a los aficionados desplazados a Lugo, aterrizaban en el aeropuerto de Huesca y fueron recibidos como héroes. El primer recibimiento en Monflorite fue el preludio de lo que iba a llegar por la tarde, con la rúa por las calles de la ciudad, un baño de masas azulgrana merecido que culminó con una Plaza de Navarra llena hasta la bandera y con una fiesta de reconocimiento por todo lo alto.

Ahora la entidad oscense comienza un nuevo proyecto con más garantías y posibilidades de ascenso tras su paso por Primera División y con el objetivo, precisamente, de retornar a la élite y volver a vivir un día tan bonito como aquel 21 de mayo.

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