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El Mundial de Suráfrica El rival de España.

Marcelo Bielsa, un loco y su mundo

Un recorrido por la filosofía del técnico de Chile revela su singular personalidad.

 

Bielsa toma notas antes de una rueda de prensa. - FOTO: EFE/ALBERTO ESTÉVEZ

MARCOS LÓPEZMARCOS LÓPEZ 24/06/2010

Adora al Ajax de Van Gaal, al Ajax que asombró en 1995 con un grupo de irreverentes jugadores que sacudieron las estructuras tácticas. Adora al Ajax y está conectado, tanto ideológica como emocionalmente, con Pep Guardiola, el arquitecto del Barça de las seis copas, el técnico de la penúltima revolución. A él le adoran en Chile porque ha convertido una selección de segunda fila en un ejemplo de solidaridad y buen fútbol, transformado en un icono social en un país orgulloso de su obra.

Marcelo Bielsa, el entrenador argentino de 54 años, es una figura que ha merecido libros y estudios universitarios para rastrear su filosofía. Una frase resume su mundo: "Los entrenadores podemos cometer dos pecados: hacer caminar a jugadores que vuelan o hacer volar a los que caminan. Si tengo que ir al infierno, prefiero que sea por lo segundo", asegura.

LA IDEOLOGÍA: "Un hombre que tiene ideas nuevas es un loco hasta que sus ideas terminan triunfando"

En Chile no quieren que Bielsa, cuyo mayor éxito con la selección argentina fue la conquista del oro en los Juegos de Atenas 2004, se vuelva cuerdo. Bendita locura, dicen los chilenos porque han encontrado la llave del tesoro que buscaban desde 1962, cuando alcanzaron la tercera plaza en el Mundial que ellos organizaron. "Un hombre que tiene ideas nuevas es un loco hasta que sus ideas triunfan", recuerda Bielsa, que no para de generar ideas nuevas. "Un técnico no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Tiene valor la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo. No hay que juzgar la idea, sino el sustento. Puedo valorar proyectos antagónicos. Lo que nunca se puede hacer es sustituir las convicciones". Palabra de Bielsa. Dicho en 1998, pero como si fuera hoy.

LA VIDA: "El fútbol lo es todo. Pienso, hablo y leo en fútbol, pero así no se puede vivir eternamente"

Cuando llegó a Chile para hacerse cargo de la selección en el 2007, el argentino se instaló en Juan Pinto Durán, el complejo que tiene la federación. Se instaló literalmente: vive en la primera habitación del segundo piso del edificio que hay contiguo al gimnasio. Ahí también tiene su despacho. Ahí está la casa Bielsa. El técnico no solo dirigió la reforma de las dos campos de entrenamiento y el sendero hasta los mismos, sino que participó en el diseño de las habitaciones de los internacionales, con un sistema de red inalámbrica de internet. Pero se apaga por la noche. Bielsa no descuida ni un detalle. ñPara mí, el fútbol lo es todo. Pienso en fútbol, hablo en fútbol, leo en fútbol, así no se puede vivir eternamente. Tendré que moderarme".

LA TÁCTICA: "Quiero equipos ordenados y no mecanizados, con presión constante en todas las líneas"

Ves a Bielsa y ves a sus equipos. Parecen los futbolistas militares que cumplen las órdenes de un general. No está en el fútbol para sonreír. "Si tuviera que elegir, diría que me siento más cómodo con el orden que con la espontaneidad. Hay entrenadores que propician un clima creativo. No es que yo no valore eso, pero hay situaciones que son antagónicas y un técnico no puede estimular las dos cosas a la vez. El orden tiene reglas y la espontaneidad tiende a la ausencia de reglas". Bielsa es el orden puro y su fútbol es de barrio: "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores: el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va a matar. Muy bien, chicos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre". Sus equipos no se rinden.

EL MENSAJE: "Siempre les digo a mis muchachos que el fútbol es movimiento, desplazamiento, que hay que correr"

La presión es correr. La presión es movimiento. La presión es ver a Chile como un diminuto ejército rojo que invade el campo contrario. Allí donde está la pelota hay un par de chilenos. Como mínimo. O tres, o cuatro, o cinco... "Siempre les digo a los muchachos que el fútbol es movimiento, desplazamiento. Que hay que estar siempre corriendo. A cualquier jugador, y en cualquier circunstancia, le encuentro un motivo para estar corriendo. En el fútbol no existe circunstancia alguna, no existe motivo alguno para que un jugador esté parado". Ni siquiera él, que está en el banquillo, sabe estar parado.

LAS VIRTUDES: "Verdaderamente prefiero que nadie me conozca a que conozcan de una manera equivocada"

Hay muchos Bielsas, pero nadie los conoce. Tal vez, ni siquiera él, parapetado en un muro que levantó hace décadas. ñAprendí por el deporte que la generosidad era mejor que la indiferencia, el valor de la significación del coraje, aprendí la importancia del esfuerzo y aprendí lo trascendente de la rebeldía. Son los tres o cuatro elementos con que después traté de orientar mi vida. No necesariamente tienen que ser ellas las elegidas, pero sí es indispensable que uno sepa cuáles son las virtudes alrededor de las cuáles quiere vivir". Y él ha elegido vivir consigo mismo, tratando a todos los periodistas por igual, sin conceder entrevistas. Como Guardiola. O es Guardiola quien imita a Bielsa. ñPrefiero que nadie me conozca a que me conozcan equivocadamente. El arma suya como periodistas es la palabra escrita. Mi arma es la palabra hablada. Yo uso 50 frases para redondear una idea y después ustedes tienen que ponerla en una línea. Eso me aterroriza".

LA ACTITUD: "Yo nunca me dejé tentar por los elogios, en el fútbol siempre han sido de una hipocresía absoluta"

No paran de estudiar su discurso, de analizar sus gestos, de observar sus silencios. Pero no se ha encontrado aún la fórmula para descodificar a Bielsa. "La relación éxito y fracaso ha sido fundamental en mi vida, pero el éxito y la felicidad no funcionan como sinónimos. Uno debe querer a quien conduce. Por eso hay que incluir al que no protagoniza y entender que los rebeldes no nos desafían, sino que simplemente están informándonos. Lo que no podemos permitir es que los jugadores dejen de luchar. El desborde, el desorden, lo que pase está admitido. Lo que no está permitido es que dejen de luchar. Si luchan por el objetivo de todos, merecen estar", cuenta siempre. "El liderazgo se ve en la derrota y el conductor solo es bueno si ha superado la adversidad. Las operaciones y los cambios se hacen en la victoria, no en la derrota. Nunca me dejé tentar por los elogios, en el fútbol son de una hipocresía absoluta. No permitan que el fracaso les deteriore la autoestima".

 
 
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