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El Acuario Fluvial

Un arca de Noé espera en Ranillas

El único pabellón que se mantiene abierto desde el 2008 alberga a más de 5.000 animales H Tras superar años duros, los visitantes van en aumento

 

Unos peces nadan sobre la cabeza del visitante, en uno de los pasos del acuario. - PAULA GABÁS

MARCOS DÍAZ
22/04/2018

El año 2008 fue una fiesta para Zaragoza; una sucesión de ilusiones y propuestas que culminaron en la Expo. Sin embargo, llegado el final de la muestra, el panorama cambió. La resaca de los fastos, unida a la crisis, derivó en que las expectativas generadas se diluyeran y los pabellones echaran el candado. En este contexto, sin embargo, hubo un superviviente: el Acuario Fluvial. A pesar de que no fue ajeno a este sufrimiento, se ha convertido en el único pabellón que ha estado abierto desde que concluyera la Expo. Un espacio singular que reúne a más de 5.000 animales de 350 especies distintas. Peces, mamíferos, anfibios, reptiles o artrópodos de los cinco continentes conviven en este arca de Noé de los ríos del mundo. El acuario se convierte, así, en una bonita metáfora de aquello que dicen: que la vida siempre se sobrepone a las adversidades.

El proyecto nació ambicioso y sus primeros pasos fueron firmes. La idea sobre el papel diseñaba el acuario fluvial más grande de Europa y uno de los tres más grandes del mundo, como acabó convirtiéndose. Con un presupuesto de 19,5 millones de euros, se reservó un espacio de 7.850 metros cuadrados repartidos en seis módulos. El arquitecto que se hizo cargo fue Álvaro Planchuelo y el contenido se encomendó a la empresa gala Coutant Aquariums, con proyectos en su haber como el acuario de Barcelona. La gestora que llevaría el negocio sería Aquagestión, bregada ya en otros centros como el de Lanzarote.

Tras comenzar las obras el 2 de mayo del 2006, cumplió con el ajustado plazo de construcción, de 24 meses, con un sobrecoste del 8% sobre el presupuesto. En total, se gastaron 21 millones de euros y en mayo del 2008 ya estaba prácticamente todo preparado para su puesta en marcha.El primer inquilino, un pez Pacú del Amazonas, llegó el 15 de marzo del 2008 y a él le siguieron otros colonos como sus primas las pirañas o el pez pulmonado. Uno de los grandes atractivos del acuario, las gigantescas arapaimas, se aclimataron antes en Madrid, tras su viaje desde Perú en barco. Mientras, el 80% de los peces aguardaba en La Rochelle su partida en camión hacia Zaragoza. Les esperaban sesenta peceras y más de dos millones de litros de agua. Con estos mimbres, el acuario muestra desde que abrieran sus puertas la fauna de los ríos del mundo, a través de los espacios temáticos del Ebro (Europa), el Amazonas (América), el Murray y el Darling (Oceanía), el Mekong (Asia) y el Nilo (África). Todo cohesionado gracias a un enorme tanque, llamado Gran Río Mundo, de 1,6 millones de litros. Desde el principio, contó con especies emblemáticas como los cocodrilos del Nilo, las 23 arapaimas amazónicas –la colonia más grande del mundo de estos fósiles vivientes– o la pareja de nutrias, llamadas Valero y Pilar.

A pesar de la riqueza expositiva del recinto, las expectativas quizá fueran excesivas, puesto que el entonces alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, esperaba que 250.000 personas acudieran cada año. Cuando la Expo concluyó, los datos empezaron a decaer. Tampoco ayudaban las obras de conversión en parque empresarial del recinto, que bloqueaban el acceso y obligaban a dar un rodeo. Todo en un entorno aún yermo, sin una ciudad de la Justicia alrededor que atrajera visitantes y en unos años golpeados por la crisis. El espacio vivió una pérdida paulatina de visitantes; desde los 100.000 del 2009 hasta los 70.000 del 2011. El acuario asumía pérdidas y la gestora decidió abandonar la concesión en el 2012. Con el futuro en el aire, se rebajó el canon de 160.000 a 60.000 euros y la empresa del Parque de Atracciones asumió su gestión en septiembre del 2012. Al cerrar el año, 40.000 personas visitaron un acuario que también vio descender sus ejemplares: menos de mil, de ochenta especies diferentes, cuando llegó a albergar a casi 5.000.

cambios / Desde entonces, la nueva gestora ha invertido unos 600.000 euros en nuevas instalaciones, reparaciones, mantenimiento y en una apuesta que tuvieron desde el principio: el reflote de la cafetería y el restaurante. «A la vuelta de 6 años, los resultados son increíbles», señala el director técnico del acuario, Javier González. Para ilustrar esta afirmación, incide en que actualmente el recinto se ha convertido «en un referente europeo de gestión de acuarios fluviales». Además, alude a las cifras de visitantes, unos datos que han visto un incremento constante de entre el 10% y el 20% anual desde el 2012, hasta alcanzar el año pasado unas 96.000 visitas. Precisamente, sobre el 2017 asegura que ha sido «el mejor año», en el que las cuentas arrojaron «pérdidas mínimas», mientras que en lo que llevamos de año ya ha atraído a un 30% más de personas que en el mismo periodo del año pasado, hasta llegar a 30.000. Por ello, González espera que al acabar el 2018 hayan pasado más de 110.000 visitantes.

El acuario no solo quiere acoger una muestra de animales bellos o espectaculares, sino que tiene un espíritu formativo: «La respuesta del público es buenísima y focalizamos todos los esfuerzos al proyecto educativo». El año, pasado, precisamente, inauguró una instalación que muestra los cuatro grupos de artrópodos mediante doce especies animales como el milpiés africano, el escorpión azul gigante, el insecto hoja o la tarántula de rodillas rojas.

También subraya González el reconocimiento que obtiene el centro, al que han pedido asesoramiento zoológicos como el de Londres y que ha firmado convenios con más de treinta universidades. «Tenemos un prestigio grandísimo y la pena es que los aragoneses no lo conozcamos más», destaca, aunque matiza que la dinámica «va cambiando».

El director afirma que el «mayor logro» de este acuario se encuentra en el equipo que trabaja en él, formado por una treintena de personas, y en los que han pasado por allí. Para acabar, lo resume: «como no sabíamos que era imposible, lo hicimos».