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ELVIRA NAVARRO, ESCRITORA QUE PRESENTÓ EN CÁLAMO 'LA ISLA DE LOS CONEJOS'

«Cuando escribo estoy explorando regiones que me inquietan»

 

La escrita Elvira Navarro, el pasado jueves, en la librería Cálamo, donde presentó su libro de relatos. - ángel de castro

EVA GARCÍA
11/02/2019

–Después de novelas como ‘La trabajadora’ y ‘Los últimos días de Adelaida García Morales’, ha vuelto al relato con ‘La isla de los conejos’. ¿Fue una necesidad?

–En realidad es un género que no he abandonado nunca. Mi primer libro, La ciudad en invierno, fue un libro de relatos, lo que pasa es que como la protagonista de los cuatro relatos era la misma y estaba escrito en orden cronológico, no se leía como un libro de relatos. A lo largo del tiempo he seguido escribiendo relatos y en 2014 buscando ideas para un libro, decidí seguir.

–Entonces, están escritos para este libro.

–Hay tres relatos escritos con anterioridad a 2014, que es cuando yo tuve la idea de seguir escribir relatos, pero el grueso están escritos en dos años, entre 2014 y 2016. Todos escritos ex profeso para el libro.

–‘La isla de los conejos’ es un título muy sugerente.

–En principio iba a ser La habitación de arriba, que es uno de los relatos, pero se lo pasé a mi agente y me dijo ‘¿por qué no lo titulas La isla de los conejos, que es mejor título?’. Y yo pensé que tenía razón, que era más sugerente sobre todo por dos cosas, porque deja un regusto extraño, una isla llena de conejos... por lo menos a mí me deja una sensación de extrañamiento y ese es uno de los recursos de todos los cuentos; por ahí se podía englobar. Y también porque había una referencia al animal y en muchos de los cuentos aparecen animales, entonces me parece una idea que podía englobar los relatos.

–Luego volvemos a la idea del animal, pero, ¿de donde surgen las ideas? Son lugares comunes pero los protagonistas y el entorno tienen un halo de rareza.

–Tienen diversos orígenes. A veces es que alguien me cuenta algo y yo me quedo con la idea, como puede ser La isla de los conejos, ya que alguien me contó que una persona había soltado conejos en una isla del Guadalquivir y eso a mi me pareció tan marciano, que lo apunté y le di vueltas a la idea hasta que me apeteció escribir un cuento. Y otros surgen de experiencias más personales, por ejemplo Regresión, ya que aunque no nombre la ciudad y las calles son inventadas, pero el lugar que tengo en mente es Valencia, la ciudad donde yo pasé mi infancia y adolescencia y esa atmósfera viene de mi vida. O La adivina, que habla de un conflicto laboral que es un conflicto que yo sufrí.

–Dice que son situaciones vividas u oídas pero el hilo común a todos los cuentos es el miedo, el control, la inquietud... ¿Escribe como forma de exorcismo?

–La sensación que yo tengo cuando escribo es que estoy explorando regiones que a mi me inquietan, pero no es tanto exorcizar cuanto ir con alguna idea, el ser capaz de llevar todo lo lejos que pueda un relato que es un género que no te permite un gran desarrollo.

–¿Le cuesta más escribir novela o relato?

–Me cuesta más escribir novela. Yo tengo cierta facilidad para escribir relato, me suelen salir bastante fluidamente, algunos están escritos casi del tirón, es una escritura más sencilla para mí.

–Hablaba antes de los animales, aparecen en ‘La isla de los conejos’, en ‘Encía’, en ‘Myotragus’...

–Yo soy una amante de los animales. Ellos no protagonizan los cuentos pero son un elemento que muchas veces forman parte importante de la trama y es porque son seres muy cercanos a nosotros, quien tiene una mascota lo sabe, y al mismo tiempo son seres que no puedes penetrar. No sabemos nada del animal a pesar de que convivamos con ellos, son misteriosos. En el libro ejercen un papel de identificación con respecto a los personajes principales; los animales son como emisarios de algo que le está sucediendo a los personajes y los animales encarnan eso, aunque lo hacen de manera misteriosa y silenciosa.

–Fue elegida hace unos años como una de las voces con mayor futuro en la literatura; y ‘La trabajadora’, entre las diez mejores novelas del año. ¿Es una presión a la hora de escribir?

–No. Lo fue cuando yo saqué mi primer libro, La ciudad en invierno, que tuvo muy buenas críticas y yo era muy jovencita, estaba muy asustada y me importaba mucho cumplir las expectativas que habían depositado en mí, pero conforme me he hecho mayor realmente las únicas expectativas que me importan son las mías.

–Claudio López Lamadrid fue su editor.

–Era una persona muy peculiar. Para un autor, su editor es como un padre, te aconseja, te orienta... Además, nadie esperaba su fallecimiento. Yo sigo en shock todavía.

–En muchas ocasiones ha hablado sobre el feminismo y mostrado reticente al feminismo más actual.

–Me considero feminista y me parece muy hermoso que el feminismo esté en primer plano, pero me parece peligroso que lo que más se esté visibilizando sea... (duda) el feminismo tiene que ser positivo y lo que se hace es santificar a la víctima. Una víctima tiene que denunciar pero las mujeres nos tenemos que salir de ese lugar, porque es un lugar que no te permite empoderarte. Mi critíca, si puede llamarse así, es un deseo de que lo que se visibilice sean las mujeres que están haciendo cosas, que están en el poder y lo ejercen de forma diferente. No hay que insistir tanto en nuestra condición de víctima porque nos podemos quedar ahí, y además es donde los hombres nos quieren.

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