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Escapando de los tópicos

Los largometrajes que compiten por el Goya destacan por su variedad y por los diferentes idiomas utilizados

 

Handia, rodada en euskera, ha sido una de las grandes sorpresas de este año -

EFE
29/01/2018

Los largometrajes que compiten por el Goya a la Mejor Película este año están llamados a terminar, de una vez por todas, con el tópico de que «el cine español es un género en sí mismo» y no solo por su variedad, tanto temática como de estilo, sino también por los diferentes idiomas en que han sido rodadas. Quien así se expresa es uno de los directores que podría alzarse con el premio, Paco Plaza, cuya película Verónica, una mezcla de cine de terror, thriller y costumbrismo y uno de los más claros ejemplos de la diversidad que han valorado este año los académicos.

Una Academia «rejuvenecida» por expresa voluntad de la presidenta, Yvonne Blake, que cursó invitaciones a integrarse activamente en la casa del cine a nuevos miembros que le han dado otro aire. Esta 32ª edición optará entre una película histórica rodada en euskera, Handia; una autobiográfica rodada en catalán, Verano 1993; dos adaptaciones literarias, una en inglés, La librería, y otra en castellano, El autor; y una cinta de terror, género que debuta en esta categoría, Verónica.

«Este año valoramos la diversidad absoluta. La selección de los académicos –apunta el creador de la saga REC–, dice mucho de la riqueza de nuestro cine, rompe el tópico de hablar del cine español como un género en sí mismo. El de ahora es un abanico tan amplio como representativo. Y muy bonito», señaló Paco Plaza a Efe.

Verónica ocurre en Madrid en los años noventa y cuenta un caso real registrado en los archivos policiales tras la muerte de una adolescente que falleció repentinamente en su domicilio de Vallecas tras jugar a la güija con sus amigas.

Handia es una cinta bellísima rodada en euskera y, a retazos, en castellano e inglés. Un cuento sobre el gigante de Altzo, Miguel Joaquín Eleizegi, otro personaje real de finales del siglo XIX, cuya fascinante vida sirve de metáfora a sus directores, Jon Garaño y Aitor Arregi, para hablar sobre «cambios imparables y lo conveniente que es adaptarse a los cambios cuando son inevitables». También es real la historia de Verano 1993, concretamente la de su directora, Carla Simón, que ha convertido una pequeña historia familiar, muy localista, que ocurre en Cataluña y se cuenta en catalán, en un canto universal al duelo, a la familia y a la pérdida vista desde los ojos de una niña. «Son los gestos, las miradas, las pequeñas cosas lo que desvela cómo es la gente y sus relaciones», decía Simón, que también compite como mejor directora novel, en una entrevista con Efe.

Rodada en un tono tan íntimo como emotivo, con momentos luminosos y tristes, Verano 1993 llegó a las puertas del Óscar convirtiéndose sin duda en una de las mejores películas del año, pero Simón ve difícil el Goya: «Es una primera película y aspiras como mucho, al premio como director novel».

También ha sido este un año de literatura, escritores, autores y palabras; en inglés, «La librería», la adaptación de Isabel Coixet de la novela homónima de Penelope Fitzgerald, rodada en la costa norirlandesa con actores internacionales, y en español, El autor, sobre un relato corto de Javier Cercas que Manuel Martín Cuenca rodó en Sevilla con un elenco de lujo.

La librería cuenta la historia real de Florence Green, la viuda de un soldado de la Segunda Guerra Mundial que consigue abrir una librería en un pueblo costero a pesar de tener en contra a todas las «fuerzas vivas» de la zona. Según explicaba Coixet a Efe, La librería es la historia de una pasión, de la fuerza que puede arrastrar a una mujer a hacer realidad un sueño; un poco «lo mismo» que lleva a la directora catalana a rodar sus películas.

Y El autor, un juego extremo entre un escritor y sus personajes, que Martín Cuenca se «dedica» como creador: «Es una «autosátira», porque se ríe de sí mismo como autor. Ahí están, dice, «todas las angustias, locuras y necedades que hemos sufrido todos los creadores», encarnadas en su indispensable protagonista, Javier Gutiérrez, también nominado al Goya. Es Álvaro, un aspirante que sabe que no tiene talento para escribir pero sí para manipular a los demás, por lo que sus nuevos vecinos serán sus personajes vivientes.