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REPORTAJE

Una generación para la historia

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    MARTA LOPEZMARTA LOPEZ 09/11/2004

    "Señor Gorbachov, derribe ese muro". Estas palabras, pronunciadas por Ronald Reagan el 12 de junio de 1987, frente a la puerta de Brandenburgo, en el entonces Berlín occidental, sonaron a premonición. Veintinueve meses después, hoy hace justo 15 años, el telón de acero se vino abajo y toda aquella generación de políticos que hicieron aquel sueño posible ha sido ya devorada por los cambios vertiginosos experimentados desde entonces.

    Si el 9 de noviembre de 1989 es la fecha que simboliza el fin de la guerra fría, Mijail Gorbachov encarna con su nombre toda una era. Fue él quien desde Moscú relajó la presión sobre los antiguos países satélites de la Unión Soviética, facilitando la apertura en Polonia y Hungría. En casa, los cambios que introdujo a través de la perestroika (reestructuración) y la glasnost (transparencia) acabaron por destruirle. Gorbachov quedó atrapado entre ortodoxos y reformistas, tratando de capear el ciclón secesionista que soplaba desde el Báltico.

    Fracaso en las urnas

    El golpe de Estado de 1991 significó su muerte política, la del PCUS (Partido Comunista), que fue ilegalizado, y la de la URSS, que dejaría de existir el día de Navidad.

    Admirado fuera (fue galardonado con el Nobel de Paz) y denostado en casa, Gorbachov obtuvo sólo un humillante 0,51% de los votos cuando en 1996 se presentó a las elecciones presidenciales en la Federación Rusa. Retirado de la política, Gorbachov, de 73 años, imparte hoy conferencias millonarias en las que ofrece su visión del mundo.

    Como él, otro hombre clave en aquellas transformaciones y también laureado con el Nobel de la paz, el polaco Lech Walesa, de 61 años, vive también retirado. El salto a la política de aquel joven electricista de los astilleros Lenin de Gdansk, que se erigió en presidente del primer sindicato libre de Europa del Este, fue controvertido. En 1990, fue elegido primer presidente poscomunista de su país con un abrumador 74,2% de los votos. Como estadista, se reveló demagógico, autoritario, intrigante y derechista, y arruinó sus posibilidades de reelección en 1995. En el 2000, lo intentó por última vez. No alcanzó ni el 1% de los votos. Su compatriota Tadeusz Mazowiecki, de 77 años, que dirigió en 1989 el primer Gobierno no comunista de la Europa del Este, también ha desaparecido de la política.

    El disidente y exprisionero político checo Vaclav Havel estuvo 13 años en la jefatura de Estado de su país. Se retiró en febrero del 2003, a los 68 años, con una mancha en su historial de luchador por las libertades: fue uno de los ocho gobernantes europeos que, en enero de ese año, firmó el manifiesto de apoyo a la política belicista de Estados Unidos en Irak.

    Su compatriota, Alexander Dubcek, el hombre que en la Primavera de Praga (1968) quiso reformar el comunismo desde dentro --una ilusión que aplastaron los tanques soviéticos--, murió en 1992 en un accidente de tráfico, cuando ostentaba el cargo de presidente de la Asamblea Nacional.

    Otro de los hombres que marcaron la época, el escritor y disidente político húngaro Arpad Göncz, actualmente de 82 años, que se convirtió en 1990 en el primer presidente no comunista de Hungría, se retiró en el 2000, tras una década en la jefatura del Estado.

    El ocaso de Kohl

    Y en el otro lado del ya inexistente muro, otro hombre protagonista de aquellos trepidantes meses en que el mundo dio un vuelco, el excanciller alemán Helmut Kohl, no podía culminar de peor forma su brillante y larga carrera política: viendo su nombre mezclado en un escándalo de financiación ilegal de su partido, y repudiado por su propia gente.

    Kohl, el hombre que jugó todas las cartas a la reunificación de Alemania, y que permaneció 16 años en la cancillería alemana, es sólo hoy un diputado más de la CDU.

     
     
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