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Colectivo plástico de Zaragoza

 

Manifestación por las calles de La Almozara con las pancartas del Colectivo Plástico, 1977 -

José Luis Tomás y Carmen Estella, miembros del CPZ, pintando una pancarta. - ARCHIVO CPZ

Chus Tudelilla Chus Tudelilla
21/06/2020

En la primavera de 1978, el Colectivo Plástico de Zaragoza editó un tríptico para dar a conocer los propósitos que guiaban su acción y las actividades realizadas. Conscientes del enorme distanciamiento que separaba la cultura y el arte de las clases populares, los integrantes del CPZ, fundado en el verano de 1976, quisieron avanzar hacia nuevas posiciones que suponían el abandono de las formas tradicionales de expresión de las obras de arte, y de los habituales lugares y circuitos de exhibición. Pinturas murales, telones, ediciones de serigrafías, carteles y pegatinas… sustituyeron a cuadros y esculturas; y la calle se convirtió en el único escenario.

Unidos por un proyecto común, los nueve integrantes del CPZ: Sergio Abraín, José Luis Cano, Rubén Enciso, Carmen Estella, Enrique Larroy, Concha Orduna, Eduardo Salavera, José Luis Tomás y Mariano Viejo, concibieron sus obras como un equipo que daba respuesta conjunta a los encargos de carácter reivindicativo procedentes de asociaciones de vecinos, comisiones y asambleas de cultura... En 1976 realizaron su primera intervención en el municipio de Sástago, y en enero de 1977 uno de sus trabajos más destacados: las cuatro pancartas-murales para La Almozara, por encargo de la Asociación de Cabezas de Familia del barrio. Tras las conversaciones mantenidas con sus responsables, el CPZ diseñó las pancartas atendiendo a las demandas: traslado de la Química y de la Sociedad Tiro de Pichón, creación de escuelas, zonas verdes y asfaltado de las calles. El archivo del CPZ conserva fotografías del proceso de elaboración de las pinturas sobre paneles de táblex y de la manifestación por las calles del barrio. Se conservan tres pancartas: las que denunciaban la contaminación tóxica de la Química, y la acústica del club Tiro de Pichón; y la que pedía la creación de escuelas y el asfaltado de las calles. Se perdió la cuarta, sobre las condiciones de vida del barrio.

En julio de 1978 el CPZ se registró como asociación cultural, cuyos estatutos incluían los objetivos que centraron su actividad: fomentar la creación artística a nivel popular; divulgar el conocimiento del arte; establecer vínculos con otras asociaciones; e impulsar el arte en el ámbito regional. El 2 de marzo de 1979 se celebró una asamblea para dar por concluida la Asociación, disuelta legalmente en 1981.
La historia del CPZ había comenzado años antes. En junio de 1975, y a propuesta de José Luis Cano, miembro activo de la Asociación de Cabezas de Familia de Torrero, se invitó a un grupo de artistas de la ciudad a pintar las tapias del antiguo cuartel de Castillejos, coincidiendo con las fiestas del barrio. Se trataba de aproximar el arte a la ciudadanía de una forma festiva, sin pérdida del carácter reivindicativo que dirigía la acción. La enorme superficie de las tapias se llenó de imágenes coloristas de fácil comprensión, que denunciaban la falta de libertades y reclamaban la de Eloy Fernández Clemente, director de Andalán, preso en la cárcel de Torrero. Días antes de finalizar el mes de junio, los murales se cubrieron con pintura blanca. Ninguna institución se hizo responsable. Lejos de enmudecer, la experiencia animó a los artistas a intervenir en las calles, atendiendo a las demandas de los barrios, uno de los focos más activos de los movimientos sociales en aquellos años. En septiembre, un grupo de veinte pintores editaron en el taller de Pepe Bofarull una colección de serigrafías, de corta tirada y bajo coste, para facilitar el acceso de las clases populares a la obra de arte. La iniciativa no colmó las expectativas y pronto quedó suspendida. Un encargo importante volvió a reunirlos en octubre de 1975. La Asociación de Propietarios del barrio de La Paz, cuya sede había sufrido el ataque de un grupo de extrema derecha, solicitó una intervención en la fachada del local, sobre la que se pintó una secuencia de tres imágenes que narraban el origen del barrio, su situación precaria y el anhelo de futuro. Como era habitual, en la realización de los murales se empleó pintura plástica de colores apastelados –por ser los mejores cubrientes–, además de mucho gris y marrón, resultado de las mezclas con los sobrantes, que se aplicaba con brochas sobre las paredes, previamente «alisadas». La colaboración con la ciudadanía –que además de preparar las superficies, también participaba en la traslación de los bocetos a los muros– contribuyó a afianzar el compromiso social de los artistas y a relajar el distanciamiento del arte con las clases populares.

Es un hecho que el sector de las artes plásticas, a diferencia de otros ámbitos de la creación, siempre ha tenido más dificultades para reclamar sus demandas a nivel colectivo, debido, entre otras razones, a la naturaleza solitaria del acto creador. La situación no ha cambiado: el empeño de las diferentes asociaciones profesionales por aportar soluciones conjuntas choca con los intereses particulares de cada una. Un asunto crucial para el grupo de artistas de Zaragoza que, en los años setenta, decidieron dar respuesta conjunta a sus reivindicaciones. Entendieron que las acciones debían acompañarse de debates por lo que, ante la falta de un local donde reunirse, en octubre de 1975 decidieron integrarse en el Saracosta, aunque manteniendo plena autonomía con el resto de secciones y actividades del cineclub.

En abril de 1976 tuvo lugar la Primera Asamblea de Artistas Plásticos de Aragón con el propósito de debatir el estado de la cultura en Aragón. De aquella asamblea surgió una comisión integrada por algunos de los artistas que, meses más tarde, se reunieron en el restaurante El Pajarcico para fundar el Colectivo Plástico de Zaragoza, una denominación que se fijó posteriormente –tras utilizar otras variantes como la de Colectivo de Artistas Plásticos de Zaragoza, o Colectivo de Artistas Plásticos–, junto con el diseño del logotipo, impreso en algunos carteles y en el tríptico ya citado que pasa a ser el documento que permite conocer la participación de los integrantes del CPZ, antes y durante su fundación, en las actividades realizadas: Pintadas en los barrios de Torrero, La Paz, Picarral, o La Almozara. Fuera de Zaragoza, en Sástago, Alagón y Ejea de los Caballeros. Carteles para la Asamblea de Parados, Homenaje a Miguel Hernández, Semana de Barrios, Manifestación pro-elecciones municipales, Mujeres Democráticas, Congreso de Jóvenes, Contra el pantano de Campo, No al despido libre, Canto a la libertad, Fiestas de Torrero, Pinares de Torrero-Venecia... Telones y escenarios para recitales de Labordeta, Raimon, Oskorri, Pequeño Teatro de Aragón, Festival pro-Sáhara 78... Cabezudos: gigantes del alcalde y de la reina de las fiestas; gigante de Pinochet para el Museo Salvador Allende. Diseño de pegatinas y portadas para revistas. Y edición de serigrafías en el taller de Bofarull y en el que instalaron en su local de la calle Santa Cruz nº 5.

Como siempre, hay un principio que marca el final: la breve historia del CPZ acabó tras los primeros encargos institucionales, tan ajenos a sus propósitos fundacionales.

 
 
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