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MUJER Y DEPORTE

La examinadora olímpica

Teresa Muñoz lleva toda la vida luchando por la gimnasia rítmica y ahora apunta a los Juegos de Tokio, a los que irá como jueza

 

Teresa Muñoz. - CHUS MARCHADOR

ALBERTO BOBED
07/11/2020

A los 14 años (y reconoce que comenzó de forma tardía) inició su andadura en la gimnasia, cuando se llamaba moderna, y ahora, con 60, está recién jubilada de su trabajo como profesora, pero lo que no ha cambiado es su relación con el deporte que llena su corazón y por el que se ha desvivido durante más de 40 años. Teresa Muñoz ha sido gimnasta, entrenadora, ha estado en la Federación, en el Club Escuela de Zaragoza y ahora es la jueza más importante de España, un cargo de una enorme responsabilidad. Y lo que es mejor de todo, asume abiertamente que no se cansa, porque la gimnasia rítmica ha marcado toda su vida, porque la vive y la siente como suya.

Pero volviendo atrás en el tiempo hay que remontarse hasta los años 70, cuando un grupo de pioneras encabezadas por Maite Guardiola, Carmen Ezquerra y Mari Luz Cuadrado empezaron a desarrollar y propagar la gimnasia rítmica en Aragón. De hecho, en aquellos ya lejanos años «el germen estuvo en la Universidad Laboral y Maite dirigía con el piano la música», rememora Teresa. Entonces llegó hasta Primera Categoría, pero aumentó tanto el número de chicos y chicas que se apuntaron al Club Escuela de Gimnasia Rítmica que pronto dejó de competir para formar.

Estudió INEF en Madrid, pero venía cada fin de semana para dar clases en el club. Y después de aprobar las oposiciones para ser profesora de Educación Física y trabajar en Ibiza o Asturias, en el año 89 regresó a Zaragoza a pesar de que le llamaron para ir a Lérida o Vitoria. «Pero tenía ganas de volver y hacer aquí, en mi tierra, esa parte de mí que llevo tan adentro», recuerda.

En el 94 finalmente dejó de entrenar porque «llevaba mucho trabajo de planificación, hay que escuchar mucha música, componer y cortar para cada ejercicio y pensar elementos de originalidad. Requiere mucha creatividad y tiempo», asegura. Además, estaba de directora técnica en la Federación Aragonesa, era entrenadora y con dos hijas «no llegaba a todo», tanto que, entre risas, reconoce que «mi marido es un santo». «Tuve que priorizar y como había entrenadoras que estaban haciéndolo muy bien hice más la parte burocrática», apostilla Muñoz.

Pero volviendo al presente, tras una evolución por diferentes puestos y responsabilidades dentro de la gimnasia, ahora es jueza, la mejor de España y cuenta con un enorme reconocimiento a nivel internacional. En la Federación Aragonesa, explica, «estoy de presidenta del comité de jueces y de asesora técnica para las tecnificaciones por si necesitan que les eche una mano». Además, imparte los cursos para juez por haber hecho el intercontinental y viaja con gimnastas a diferentes competiciones internacionales.

Y tras todo su trabajo, al final, llegó el tan merecido reconocimiento a su trabajo como jueza, ya que fue nominada por la Federación Internacional «para estar junto al comité en los dos últimos Mundiales, el de Sofía (Bulgaria) y el de Bakú (Azerbaiyán)». Y en el calendario estaban previstos los Juegos Olímpicos de Tokio y, aunque reconoce que no se lo esperaba, un buen día le dijeron que estaba nominada para acudir a Japón. «Antes no podía haber un juez o jueza del mismo país que los competidores, pero ahora es independiente. Si se celebran voy porque nos mandaron un correo diciendo que los Juegos se posponían, pero que los mismos jueces seguíamos nominados».

Además, Teresa Muñoz será la única jueza de toda España en Tokio el próximo año, lo cual es una responsabilidad que asume, pero que lleva bien: «Para todos los deportistas es una ilusión ir a los Juegos Olímpicos, pero yo nunca me lo había planteado, fue una sorpresa. Aunque me habían llamado para dos Mundiales, hay una presión tremenda, por lo que decidí meterme en una cápsula. Es lo que menos me esperaba. De España de rítmica solo voy yo, pero no me presiono. Es como un examen, que tienes esos nervios de querer hacer bien las cosas, pero otra cosa es llegar al punto de anularte», finaliza la aragonesa.

 
 
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