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J. M. Marraco, el derecho a respirar

 

Juan Bolea Juan Bolea
24/02/2020

El Premio Especial Derechos Humanos de la Abogacía ha recaído en su última edición en José Manuel Marraco. El abogado zaragozano ha visto de esta manera reconocida por sus propios compañeros y por el Consejo General de la Abogacía de España una larga trayectoria en defensa de los derechos medioambientales.

Un periplo profesional cuajado de luchas y éxitos, y también, claro está, de decepciones, pero muy representativo de una especialidad en la que Marraco comenzó a curtirse allá por 1986, cuando se ocupó de un caso de robo de huevos de águila. Desde 1990 coordina la asesoría jurídica de Greenpeace España. Poco después, en 1992, accedió a la Secretaría de la Fundación Ecología y Desarrollo. Ha asesorado a múltiples entidades y asociaciones en defensa de la naturaleza, como Lobo Marley, Asociación Naturalista de Aragón (Ansar), Fondo para la Protección de Animales Salvajes, Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, Sociedad Española de Ornitología (SEO-Bird Life) y un largo etcétera.

Con respecto a la defensa del medioambiente, Marraco considera que se ha avanzado bastante, al haberse pasado de un solo artículo a todo un capítulo en el Código Penal; e igualmente admite que la sensibilidad es hoy mayor. Sin embargo, las medidas tomadas hasta la fecha no han impedido la situación de emergencia climática a la que, desde su punto de vista, nos enfrentamos, y que podría haberse evitado de haberse aplicado los principios aprobados en la primera conferencia de Medio Ambiente, celebrada en Estocolmo en 1972.

Al no haberse frenado el deterioro ambiental, la única defensa del ciudadano vienen a ser las voces de las oenegés. Marraco está convencido de que Greenpeace ha hecho ella sola más por el medio ambiente que muchos gobiernos.
La litigación también sería, además de un derecho, una defensa. Marraco apoyaría la puesta en marcha de una justicia gratuita ambiental y de nuevas secciones judiciales, tribunales especializados en la materia, como ya se han adaptado las Fiscalías. «Aunque --apostilla--, las leyes por sí solas no solucionan nada. Es necesaria más educación ambiental».
¿No tiene toda la razón?