Opinión | Sala de máquinas
Lectoras en Ontinar de Salz
Las integrantes del Club de Lectura Lebidón de Ontinar de Salz, coordinado por María Teresa Navarro y María José Giral, han estado analizando una de mis novelas y me invitan a compartir los secretos de su proceso creativo.
La primera de las preguntas de este activo colectivo de Ontinar hizo alusión al título del libro, Pálido monstruo. ¿A qué obedecía? La explicación se esconde en un verso del Otelo de William Shakespeare. Yago, sirviente del rey moro que ha conquistado Venecia y (cree Otelo) el corazón de la bella Desdémona, le advierte: «Beware of jelousy, my Lord! It is a green-eyed monster». «Ten cuidado con los celos, mi Señor, es un monstruo de malvados ojos». A menudo el adjetivo green, verde, se identifica en la iconología sajona con la perfidia. Una de las traducciones al castellano cambió green por pale (pálido), modificando el sentido del verso shakesperiano: ese pálido monstruo son también los celos.
Mi novela, en efecto, trata de un crimen motivado por la posesión mal entendida. En su elaboración trabajé sobre el fondo de un caso real, el asesinato a finales de los noventa de una joven abogada en Vitoria.
No era la primera vez ni será la última que, en busca de una explicación, ficcione sobre sucesos en apariencia incomprensibles, como los crímenes machistas. Históricamente las principales causas de los asesinatos son el amor (o el desamor, más bien, y los celos) más los conflictos de índole económica. Existiendo un porcentaje menor de causas más extrañas.
Durante mi charla en Ontinar de Salz sostuve que este tipo de novelas policíacas son metafóricas del bien y del mal, en la dramática pero necesaria ambigüedad que divide al espíritu humano con la raya de la ética. Clara o nítida hasta que deja de estarlo. Difusos o borrados los límites, es cuando el diablo trabaja a gusto para llevarse su botín en forma de tragedia. Nuestro deber consiste en mantener vigilada esa frontera, evitando la invasión de la violencia, el rencor, el machismo, el racismo, lacras que destruyen el respeto al prójimo y la convivencia, denigrando la sociedad a una cámara de tortura.
En este sentido, la ficción puede ayudarnos a mejorar la realidad, del mismo modo que el Club de Lectura de Ontinar mejora la suya.
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