Opinión | Tercera página

Todos somos emigrantes

Sin la inmigración la mayor parte de los pueblos de Aragón estarían vacíos

Desde que el hombre pobló la tierra existe el flujo migratorio en busca de un mejor bienestar y sustento familiar, es condición humana aceptar el hecho migratorio sin condicionantes ideológicos, racistas y/o de cualquier otra índole.

El mayor problema de la inmigración o el éxodo de la desesperanza, es que salen de su país sin saber a dónde ir, esto es, salen a la aventura, sin ningún referente de ocupación laboral, con desconocimiento del idioma y costumbres, con poca o nula reserva económica y pronto son condenados a la mendicidad, la no menos triste caridad, el hacinamiento en locales abandonados, centros de acogida, chozas o simplemente durmiendo en la calle y malviviendo. Al poco se dan cuenta que en su país mal que mal, sin mejor futuro al que aspirar, al menos tenían un hogar y algo de comida, sin rebajarse como personas a la mendicidad, el trapicheo, u otras facetas peores a las que lleva una vida marginal. Los más sensatos son los emigrantes que llegan aconsejados por familiares ya residentes en España, que les orientan sobre la disponibilidad laboral y el lugar donde establecer su residencia.

En Aragón como en el resto de España, el principal flujo fue y sigue siendo, de los pueblos a las grandes ciudades, en busca de mejores oportunidades y cuotas de bienestar

En Aragón como en el resto de España, el principal flujo fue y sigue siendo, de los pueblos a las grandes ciudades, en busca de mejores oportunidades y cuotas de bienestar. Para revertir la despoblación rural hace falta acoger a nuevos emigrantes de otras comunidades, o de otros países, con los mismos derechos y obligaciones que gozan los autóctonos, sin favores caritativos, que son vejatorios para quien los recibe.

Como los grandes mandatarios políticos hacen las normas con el culo de su preciado sillón, sin importarles que el mundo rural sufra las consecuencias de una mala planificación, con escasos servicios, malas comunicaciones, sin industrias, ni atractivas ayudas fiscales rurales, que les permitan seguir viviendo de la agricultura y ganadería, los pueblos de año en año van perdiendo habitantes. Los centros de formación, hospitales, etc., se concentran en las ciudades de más de 20.000 habitantes, a muchos Km. de distancia con unas pésimas carreteras.

Voluntad política

No seré yo quien les diga cómo hacer más atractiva la residencia en el mundo rural, tienen los gobernantes un sobrado margen para que así sea, solo requiere voluntad política, planificación y trabajo para desarrollarlos, de lo cual nuestros mandatarios suelen ir escasos. Sin la inmigración la mayor parte de los pueblos de Aragón estarían vacíos, pero el goteo migratorio hacia las grandes ciudades a día de hoy es constante.

Sé del tremendo esfuerzo de algunos ayuntamientos de pequeñas poblaciones aragonesas, por revertir la continua despoblación, sin ayudas, ni apoyo de las administraciones centrales, a veces, las más, con impedimentos hacia las iniciativas municipales.

Gracias a los emigrantes, hoy orgullosos ciudadanos aragoneses, se mantienen con vida las comarcas rurales de Aragón.