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El Periódico de Aragón

Roberto Malo

Bruselas cuenta

Leo en la prensa que Bruselas ha elegido a Zaragoza para un plan con el que convertirse en climáticamente neutra en el año 2030. Esta es la misión que Bruselas le ha encomendado a la capital aragonesa y a 99 urbes europeas más a las que ha seleccionado para liderar la lucha contra el calentamiento global y por la sostenibilidad. En consecuencia, a partir de ahora el ayuntamiento tendrá una serie de deberes y obligaciones, pero también incentivos y premios para poder lograr este objetivo. Día sí, día también, Bruselas dice esto, Bruselas pide lo otro. Bruselas cuenta, desde luego.

Al leer este tipo de noticas evoco mi breve estancia en Bruselas, no puedo evitarlo. Solamente estuve un fin de semana, hace unos años; acudí a la capital belga para trabajar. Tuve un par de cuentacuentos. Uno matinal para público infantil y familiar y otro por la noche en un restaurante para público adulto. Una cena con cuentos, vaya. Con el procedimiento habitual; cuento, plato, cuento, plato, cuento, plato… Las representaciones fueron en castellano, por supuesto (yo y los idiomas nos llevamos regular), y los asistentes eran españoles o hispanoparlantes. Estuvieron genial; mola mucho llenar la maleta de títeres y pillar un Ryanair para realizar unos cuentacuentos, pero lo mejor de todo es que tuve tiempo de hacer algo de turismo y descubrí que Bruselas es el paraíso de los amantes de la cerveza y del chocolate. Qué pastelerías que tienen por allí, madre mía. La perdición de los lamineros como yo. Me puse morado de todo tipo de chocolates. Y lo de la cerveza es de traca, digno de estudio. En algunos bares las cartas con las marcas de cervezas existentes eran tan voluminosas como las páginas amarillas, no exagero ni una pizca. Hay tantas cervezas y tan sabrosas que no puedes dejar de pedir una tras otra. Ay, cuánto vicio tienen en Bruselas.

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