Kiosco

El Periódico de Aragón

Javier Fernández

Prostitución

Esa violencia machista es incompatible con la dignidad humana y contraria a algunos de los derechos y principios de la Constitución

Acaba de iniciarse, en el Congreso de los Diputados, la tramitación de lo que podría terminar siendo una ley sobre la prostitución en nuestro país.

Lo primero que me llama la atención es que Podemos, una vez más, se ha posicionado en contra de las tesis del PSOE. Creo que no soy el único que piensa que en ese partido, antes ilusionante, algunas de las actuales líderes utilizan la cabeza más para embestir que para pensar. Cuando en las próximas elecciones generales venza la derecha y Núñez Feijóo se convierta en presidente del gobierno, en el sector de la izquierda a la izquierda de los socialistas se preguntarán las razones de esa derrota.

Entrando en materia, lo primero que hay que plantear si esa ley es necesaria. Nos recuerdan esa frase, estúpida a mi juicio, de que la prostitución es la profesión más antigua del mundo, y no ha habido ley en la historia que haya acabado con esa práctica. Yo sí creo que es necesaria y me gustaría que regulase las cuestiones que voy a exponer a continuación.

Lo primero es la salud de quienes se dedican, mujeres sobre todo, pero no solo, a practicar sexo a cambio de dinero. Por su bien y para evitar la transmisión de enfermedades venéreas la sanidad pública debería prestarles atención, tengan o no papeles. Aunque en el Código Penal ya se sanciona a los proxenetas, en esta ley se podría ir algo más lejos, cerrando los locales que se utilizan, especialmente en carretera, para atraer clientes. Esta decisión, controvertida, llevaría a algunas de estas prostitutas a ejercer en pisos discretos, por lo que estaríamos cambiando solo el lugar. Aceptando esa posibilidad creo que es mucho más fácil explotar a jóvenes hacinándolas en un local de carretera que gestionando varios pisos con ese mismo propósito.

¿Qué hacemos con los puteros? Veo complicado sancionarlos y en los países, como Suecia, que suele citarse como ejemplo, la medida no ha resultado tan disuasoria como se esperaba.

¿Y las, y los, que ejercen de forma privada y voluntaria? Para mí ahí no hay problema alguno, siempre que se haga en un domicilio privado y con acuerdo entre las partes. El intercambio sexual entre adultos no puede, ni debe, ser perseguido.

Uno de los aspectos más debatidos entre grupos feministas es el de la consideración de esta actividad como trabajo. A mi juicio no es afortunado calificar como actividad laboral el que una persona preste su cuerpo para que otra se desahogue sexualmente. Entrar por esa vía nos podría llevar a consideraciones más espinosas como esta: ¿gestar un hijo ajeno también es un trabajo? Por lo que ya he dicho, rotundamente no. ¿Y vender un riñón? Espero que nadie esté a favor de esta utilización, por muy voluntaria que sea, del cuerpo propio. Sí admito ciertas ventajas en la consideración laboral de la prostitución, como estar de alta en la Seguridad Social, cotizar, poder sindicarse, tener identificado al empleador, etc. A pesar de esto insisto en mi idea, no deberíamos ir por ese camino.

Estamos acostumbrados a citar algún articulo de la Constitución que regula aspectos concretos de nuestra vida. Sin embargo no solemos reparar en aquellos otros que pretenden establecer pautas de comportamiento generales, a modo de grandes principios, y en asuntos con potentes aristas, como el que estoy tratando, creo que es lo más adecuado. Considero útil, por tanto, citar parte de los artículos 10.1 y 10.2. «La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad…, son fundamento del orden político y de la paz social». «Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la DUDH,…» Y en el artículo primero de esta declaración de la ONU se afirma que «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…. »

Dignidad, derechos, ¿dónde están? Imagínense un puticlub de carretera y una persona, mujer casi siempre, obligada a practicar sexo contra su voluntad y a hacerlo día a día, en jornadas interminables. Esa violencia machista es incompatible con la dignidad humana y claramente contraria a algunos de los derechos y principios que nuestra Carta Magna establece. Debemos seguir el ejemplo sueco a pesar de las voces que indican que no ha sido todo lo exitoso que se esperaba; si hay prostitución desde el principio del mundo no podemos aspirar a acabar con ella en unos pocos años.

Por todo lo escrito y por otras razones conexas, ¡basta ya! Hay que abolir la prostitución, nuestra Constitución así o lo exige.

Compartir el artículo

stats