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El Periódico de Aragón

Siempre nos inquietó ser espiados y por eso las películas de espías nos apasionan, porque el espía es un tío apuesto que espía a los malos para salvar al mundo y cosas así de grandilocuentes. Pero en nuestro día a día nos perturba poder ser espiados, porque queremos que nuestros secretos descansen en el arcón que hemos construido para ellos y no nos apetece que nadie sepa más de la cuenta, porque para eso hemos fabricado nuestra propia coraza y hemos desarrollado un método, llamémosle humano, para que nadie escarbe en las cosas que son nuestras, que nos pertenecen y que no queremos desvelar.

Cuando éramos pequeñas mi hermana Ana y yo teníamos varios secretos que compartíamos entre las dos, pero que nunca se los desvelamos a nadie, así que cuando alguien intentaba espiarnos, mi abuela sobre todo, nosotras escondíamos toda esa información en el forro de la falda, luego la memorizábamos y después la quemábamos para que nadie más que nosotras supiera de ella. Teníamos otro truco y consistía en que cada dos o tres días, y sin que viniera a cuento, una de las dos preguntaba a la otra por la información memorizada para de esa forma nunca olvidarla. Eran cosas pequeñas, lógicamente, cosas que tenían que ver con los secretos de los mayores y que nosotras, pequeñas y talentosas espías, habíamos descubierto, pero no podíamos decírselo a nadie porque si lo hacíamos la confianza se rompería y en casa se impondría un largo duelo, porque a nadie le gusta ser espiado y menos que lo espiado se haga público o caiga en manos de alguien sin entrañas que pudiera buscar el chantaje y de esa forma deformar nuestras vidas hacia el abismo.

El espionaje es un acto agresivo, malvado y tan viejo y perverso como el ser humano y por eso cuando alguien reconoce que ha sido espiado surge una enorme confusión al no saber exactamente qué cosas, qué palabras, qué reuniones han sido objeto de esa espía, lo que acaba debilitando la confianza en eso que llamamos el sistema y que no es más que una caja desordenada donde el que espía es a su vez espiado y así todo se resuelve en una espiral donde nadie queda libre de sospecha y los secretos mejor guardados son manoseados por aquellos que son lícitamente nuestros enemigos. Es difícil escapar, porque el mundo se ha hecho de tal manera que todo quieren saber todo sobre los otros, para de esa forma considerarse más fuertes y al degustar esa información obtenida a través del espionaje dar la razón a sus más ocultos temores.

Espiar es asumir que todo está terriblemente mal y que por mucho que espiemos o nos espíen los Centros de Inteligencia no pueden evitar la muerte por hambre de miles y miles de niños, ni el grito ahogado, ni la violencia desatada, ni el horror de las bombas, ni…. Cuando yo espiaba sí conseguía ahogar el dolor.

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