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Los entresijos de Gran Scala

Desde hace meses, los promotores de la neociudad y sus mentores políticos pugnan por controlar el ´proyecto´
Personajes muy peculiares han coincidido en este supuesto negocio, y todos quieren ganar.

JOSÉ LUIS TrasobaresJOSÉ LUIS Trasobares
30/04/2008

 

Poco antes de que el proyecto Gran Scala fuera presentado en el Salón de la Corona del edificio Pignatelli (12-12-07), las cosas ya no iban bien entre sus promotores. Eran viejos conocidos, sí; pero las enormes facilidades que les estaba concediendo el Gobierno de Aragón y lo lanzado que iba todo les picó la ambición. Así fue como Paul Stephan Allegrini y Christian Colus, apoyados por Josep Carreras y Jaume Riera le pidieron a Fernando Muniesa que, de momento, renunciase a ser socio del pool International Leisure Development (ILD).

--Eres una persona demasiado conocida en España --le dijeron-- y puedes llamar la atención. Si los periodistas te siguen la pista, acabarán contando que has traficado con armas... o cualquier otro asunto delicado.

Un grupo de cuidado

Muniesa y su socio Josep Espadalé, traían de la mano al senador José María Mur y a todos ellos les conocían en la incipiente promotora como Los Gafas. Ellos, a su vez, denominaban Los Corsos a Allegrini, Colus y a su mentor Guelfi (conocido en toda Europa como Dedé la Sardine). Luego rebautizaron como Pili y Mili a Riera y Carreras.

Aunque le habían prometido al principio el veinte por ciento de ILD, Muniesa aceptó quedarse al margen, entre otras cosas porque lo de las armas muy bien podía ser cierto. Ni uno sólo de quienes manejaron desde el principio lo que se dio en llamar proyecto "Los Monegros" podía ser definido como un hombre de negocios convencional. Todos tenían un pasado bastante complejo. Sin embargo, en el PAR y en el Gobierno de Aragón se les recibió con los brazos abiertos.

En marzo del 2007, cuando todo era aún un plan secreto (o confidencial, si se prefiere) la consejería de Industria invitó a los promotores a visitar Aragón para convencerles de que invirtiesen aquí. Nadie reparó en que aquella gente no venía a invertir (invertir... ¿qué?) sino a otra cosa. Claro que en ese momento todavía parecían estar en la pomada la multinacional australiana Aristocrat y la empresa catalana MGA, además del Grupo Tranchant. Luego vinieron los viajes a París, a Las Vegas y a Orlando. En noviembre, el tema había madurado a velocidad de vértigo. El entusiasmado consejero de Industria prometió por escrito tanto la adaptación al proyecto del marco legal aragonés como la construcción de las infraestructuras necesarias. ¿Y los suelos? Se supone que iban en el lote. Meses después, el mismo Riera lo dijo bien clarito:

--En cualquier otro lugar nos hubiesen puesto la alfombra roja y nos hubieran ofrecido el terreno gratis.

De hecho, los promotores de la neociudad del juego y del ocio habían tanteado la compra de algunas fincas ubicadas en Los Monegros e incluso en la ribera del Ebro. Pretendían cambiar suelo por participaciones o por futuras ventajas inmobiliarias. Pero ningún gran propietario mordió el anzuelo.

Biel desplaza a Mur

Sin las dos mil hectáreas no hay nada que hacer. Con ellas... y con unas obras de acceso en marcha (a cargo de la DGA, naturalmente) sería factible captar inversores, operadores despistados, mirlos blancos... y mover dinero (el de otros). Por eso en esta fabulosa jugada ha sido tan importante el factor político. Aunque nadie contaba con que, desplazado Muniesa por Los Corsos y Pili y Mili, también Biel y Aliaga le darían esquinazo a su conmilitón Mur. Para entonces ILD estaba constituida sin otra participación española que Riera y Carreras (que de ser representantes de los catalanes de MGA, pasaron a montárselo por su cuenta). El pool, constituido en Cardiff e instalado en Londres, quedó de hecho bajo control de Los Corsos. En el acto del Salón de la Corona más de uno llevaba la procesión por dentro.

Mur supo que le estaban puenteando cuando en enero de este mismo año, exactamente la noche en que el PAR entregaba sus premios anuales en una cena, Aliaga no hizo acto de presencia. Supuestamente estaba enfermo. En realidad (y el senador lo supo casi inmediatamente) se había ido a Londres, junto con los de ILD, a vender Gran Scala en una feria dedicada a los juegos de azar. Biel se había hecho con el proyecto.