Palabra de honor
Joaquín Macipe : "Admiro a un ladrón que me robó una escultura"
Acaba de colgar 17 pequeñas esculturas de alabastro en la Galería Zappa (Ava. Ilustración. Montecanal). Joaquín es un artista multidisciplinar que vive en Ariño. Ha titulado su exposición como 'Irreflexiones'.

Joaquín Macipe : "Admiro a un ladrón que me robó una escultura"
Joaquín Carbonell
--¿Cuánto tiempo hay detrás de una exposición de este calibre?
--Un año. La última la expuse en Alcorisa, y si quieres hacer algo cuidado tienes que dedicarle al menos un año. Son 17 piezas pequeñas y 10 obras gráficas.
--Usted trabaja con alabastro: no todos los escultores se atreven con él.
--No, porque es muy delicado, muy frágil. Por otra parte es tan atractivo, con esas vetas tan luminosas, que se corre el peligro de que la belleza del material oculte tu propia obra. Hay que tener cierto valor para enfrentarse a él. Pero vale la pena, entre otras cosas porque es una piedra autóctona aragonesa, casi toda procedente del Bajo Aragón, desde Fuentes a Albalate.
--Vas a afrontar un proyecto y te dices: ¿Y ahora qué?
--Es cierto, es lo primero que te preguntas: ¿qué quiero hacer? Mira, he titulado esta exposición como Irreflexiones, porque he pretendido apelar sobre todo a cierta actitud intuitiva...
--¿Y eso?
--Porque me parece que el arte se ha intelectualizado mucho, se buscan obras con una carga conceptual excesiva. Dejar salir las emociones puras es muy interesante; un poco echar a trabajar al hemisferio de la intuición y no tanto al de la reflexión.
--Lo hacían los surrealistas, aquellos Dalí, Bretón, Buñuel...
--Así es; una obra cercana a la escritura espontánea. Me parece que vale la pena...
--¿Y qué suele salir de ahí?
--La mayoría de la gente lo recibe bien. Lo único que sabemos que no funciona es cuando quieres tener éxito a la fuerza, cuando quieres estar a la moda. Eso lleva al fracaso personal y casi siempre al comercial, porque el arte no se puede domesticar. No sabemos cuáles son los resortes que consiguen emocionar a la gente...
--En la escultura, lo que te planteas no tiene nada que ver con el dibujo, con el cuadro.
--Nada que ver. La escultura tiene muchos problemas, sin embargo es la disciplina con la que más disfruto. Pero el proceso es muy complicado, porque de pronto te aparece un problema con el material o una forma: hay que girar la obra, verla con otra luz, hay que cuidar que no se rompa...
--Usted aspira a que sus obras estén en las casas.
--Por supuesto, por eso trabajo en formatos pequeños. Saber que alguien ha ahorrado porque quiere comprar una obra tuya, es lo máximo. Bueno, lo máximo fue cuando me robaron una pieza: el ladrón amaba mi obra hasta el extremo de entrar a robar.
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