Ansó
Tensión en el Pirineo tras la aparición de un oso en el Roncal
La DGA dice que no hay constancia de ataques a rebaños enteros

Tensión en el Pirineo tras la aparición de un oso en el Roncal
F. V.
Las recientes noticias del avistamiento del oso Néré en el valle del Roncal ha puesto en tensión a los ganaderos del cercano valle de Ansó. Aunque hace dos años que no se registran ataques de estos plantígrados en la parte occidental del Pirineo aragonés, los pastores temen por los rebaños que pacen en los puertos de montaña.
La aparición de Néré, que normalmente vive en el Pirineo francés, "no son buenas noticias", subraya el ganadero ansotano Martín Gastón. "Siempre estamos con miedo, pues el ataque de un oso a un rebaño es para nosotros un auténtico desastre", asegura. Los daños, afirma, no se limitan a las ovejas muertas y heridas, sino que alcanzan a todas las cabezas, "pues el estrés les provoca que aborten".
Gastón está en contra de la reintroducción de la especie que se practica en Cataluña y al otro lado de la frontera. Considera que no tiene sentido tratar de recuperarla cuando la evolución natural condujo a su desaparición de la cordillera. Los ganaderos se quejan de la lentitud con que se pagan las indemnizaciones. Además, las sustanciosas ayudas que recibían hace años para hacer frente a los daños causados por los osos desaparecieron con la crisis económica.
En el Gobierno de Aragón recalcan que en el Pirineo oscense solo existe constancia de la presencia de dos osos: Néré, que pasa ocasionalmente desde los bosque de Béarn, y Sarousse, una hembra que se encuentra en el macizo del Turbón, en la Ribagorza.
"Este año se han contabilizado seis incidentes causados por osos, algunos por ataques a ovejas aisladas, nunca a rebaños enteros", explica Manuel Alcántara, jefe de servicio de Biodiversidad en la DGA. "A veces, los ataques atribuidos a osos han sido realizados por perros abandonados", precisa.
José Lancuentra, un ganadero de Beleder, en la Ribagorza, afirma que Sarousse ha matado o malherido a 14 o 15 de sus ovejas, entre Campo y el valle de Bardají. "Las pérdidas se pagan bastante bien, pero al cabo de mucho tiempo", explica. Él no se opone a la reintroducción de la especie. Piensa que si Aragón se lanzara por esa senda, "llegarían ayudas de las instituciones que harían mucho bien a la economía de montaña". Para Lancuentra, los opositores radicales al oso buscan obtener beneficios exagerando los males que produce el plantígrado.
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