Al menos hay algo que nadie podrá jamás echarle en cara: Amy Winehouse nunca fue una artista de revival. La mayoría de cantantes que en la última década se han arrimado al soul de los años 60 se han ganado el puesto emulando con precisión a las grandes estrellas del género, pero ella siempre estuvo por encima de la imitación. Nadie puede pensar en Amy como una mujer de otra época. Fue salvajemente contemporánea. Y tampoco dio la más mínima opción a ser considerada una cantante manipulada por la industria. Su arrollador carácter también queda profundamente marcado en sus discos. Para bien y para mal, ella solo era ella. Amy Winehouse, un caso aparte.

Quizá alguien en su discográfica debió pensar alguna vez que aquella chica menuda y de violenta mirada podría ser otra dócil intérprete de emociones universales y ajenas. Por eso en Frank (2003), su primer disco, se percibe cierto conflicto de intereses. La producción busca puntos de conexión con el soul descafeinado, aunque sea a través de referentes más dignos como Lauryn Hill. Pero Amy, siempre que puede, se escurre del arquetipo y proyecta su voz por encima de la partitura. Ya notas como quiere escapar del tópico y llegar con su garganta mucho más lejos de lo que la canción le permite.

Frank es el debut de una cantante aún algo encorsetada. Pero ahí estaban ya sus palabras: algunas, visiblemente contemporáneas, otras probablemente extirpadas de su turbulento día a día. "Tus vecinos gritaban / Yo no tengo llave de abajo / Así que piqué a todos los timbres / Esperando que no estuvieses allí", empieza en Take the box. La escena transpira un verismo incontestable. Y luego, en el estribillo, resuelve con un desplante cien por cien siglo XXI: "Esos sujetadores Moschino que me regalaste / Mételos en la caja / (...) Llévate la caja". Difícil pensar que Amy estuviese intentando ser otra persona. Difícil creer que no vivía en su época con canciones como esta. O como Fuck the pumps, un retrato de las cazadoras de famosos que revolotean por las discotecas de lujo.

El soul es un género especialmente propicio para desnudar el alma y no es casual que fuese su mayor debilidad musical. Pero por mucho que citase a Donny Hathaway y Ray Charles en Rehab, por mucho que la viésemos rebuscar viejos discos en tiendas de segunda mano, el soul no fue para ella una religión, sino el lienzo en el que derramaría su vida. Lo hizo con una naturalidad salvaje y un talento innato. Y eso es lo que la conectó con su tiempo (y el público de su tiempo) hasta convertirse en un clásico contemporáneo; no en un clásico por imitación de otros clásicos.

Incluso como letrista era de otra pasta. Su segundo disco, Back to black (2006), será el superlativo grito de desesperación de una mujer despechada y hundida. Pero más allá del efectismo confesional, Amy exhibía noqueantes dotes de narradora. Atención a esta estrofa de You know I´m no good, envenenada de detalles: "Yo estoy en la bañera y tú estás en la taza / Tú te lames los labios y yo me enjabono el pie / Entonces tú descubres una pequeña quemadura en la alfombra / Mi estómago y las tripas se me revuelven / Tú te encoges de hombros y eso es lo peor / Verdaderamente, ¿quién clavó primero el cuchillo a quién?". Aquí hay mucho más que la aportación instrumental de la banda, mucho más que una soberbia interpretación vocal. Hay tensión, suspense, mentiras, resaca, adulterio... No en vano, es la única canción de este siglo que Wanda Jackson, la reina del rockabilly, ha versionado en su disco, The party ain´t over (2011).

Amarga grandeza

Billie Holiday murió antes de Youtube y se libró de la presente obsesión por filmarlo todo. Amy Winehouse tampoco tuvo suerte en esto, pero sus discos siguen ahí, para quien desee calibrar su verdadera dimensión artística. Además de un insólito superventas, Back to black es el disco que levantó a pulso, y desde las entrañas, el revival soul. Pocos artistas han atrapado en cuatro líneas el devastador efecto de un abandono amoroso como ella en la canción titular. "Nos despedimos solo con palabras / Yo morí un centenar de veces / Tú vuelves con ella / Y yo vuelvo a la oscuridad". ¡Qué amarga grandeza!

Peter Doherty, talento hermano, por mayúsculo y desperdiciado, habrá sentido la muerte de Amy como una última llamada de atención.