En algunos rincones de Washington hay cierta ilusión por la llegada de Donald Trump, un desembarco que se interpreta como una oportunidad para devolver a la ciudad el centelleo de lentejuelas que trajeron los Reagan en los ochenta. Su querencia por las fiestas pomposas y su mentalidad de hombre del espectáculo contrasta con el perfil relativamente bajo que han mantenido los Obama, más propensos a comer bien en los restaurantes populares de la ciudad que a codearse con las élites. Pero esta ya no es la capital de los truculentos años ochenta, cuando el crack hacía estragos y el abandono urbanístico era la norma. Trump aterriza en una ciudad vibrante y furibundamente demócrata, donde solo obtuvo el 4% de los votos en noviembre. Los pasquines de estética punk llamando estos a la protesta imperan en las calles.

El republicano había prometido un espectáculo inolvidable para su investidura con «récord» de asistencia, pero los tres días de actos y ceremonias vinculados a su toma de posesión serán a la postre bastante modestos. Banderas de Estados Unidos y del distrito de Columbia adornan la avenida por la que desfilará tras la toma de posesión. Las fuerzas del orden, que han desplegado a 30.000 agentes para velar por la seguridad, prevén que entre 700.000 y 800.000 personas acudan al Capitolio y el National Mall para verle jurar el cargo, una cifra superior a las 300.000 que acudieron en el 2001 a la de George Bush pero muy lejos del récord de 1,8 millones que presenciaron en directo la de Obama en 2008. Y lo que sí se anticipan son manifestaciones como no se han visto en una toma de posesión desde los turbulentos tiempos de la guerra de Vietnam.

Hay protestas en marcha en Washington desde hace días, como la que protagonizaron el miércoles activistas por los derechos de los gays frente a la casa del vicepresidente electo, Mike Pence. Numerosos bares y restaurantes han organizado fiestas para recaudar fondos para causas sociales y medioambientales. Y las autoridades han recibido la solicitud de 99 grupos para manifestarse, 63 de ellas solo para el día de la toma de posesión. La más numerosa será el sábado, la Marcha de las Mujeres, en la que podría participar medio millón de personas.

La redimensión a la baja de los actos festivos se palpa en datos y detalles. Solo 108 bares de la ciudad han solicitado permiso para extender su horario el viernes por la noche, frente a los 280 que lo hicieron en el 2008 con Obama. El publicitado rechazo de muchos artistas de renombre a participar en las celebraciones ha dejado como resultado una lista dominada por artistas prácticamente desconocidos. Ayer, cuando Trump se desplazó a Washington en un avión militar para visita al cementerio de Arlington como primer acto en la víspera de su investidura, en la que la estrella del concierto gratuito frente al Lincoln Memorial fue el cantante de country Toby Keithel. Y pocos fuera de EEUU habían oído hablar de Jackie Evancho, la adolescente de 16 años que en el 2010 fue finalista del concurso televisivo America’s Got Talent y que hoy cantará el himno nacional en el Capitolio.

Pese al lustre rebajado y la división que se reflejará en la ausencia de la toma de posesión de casi 60 de los 194 congresistas demócratas, la jornada cumplirá con la tradición ceremonial. A las 9.30 de la mañana, Donald y Melania Trump se reunirán con los Obama en la Casa Blanca para tomar el té. Una hora después saldrán de allí en sendas limusinas camino al Capitolio, donde a las 11.00 empezará la ceremonia que culmina con la investidura y el discurso de Trump.

Según explicó Sean Spicer, el jefe de prensa de Trump, el discurso durará unos 20 minutos. El magnate ha buscado inspiración en Ronald Reagan y John F. Kennedy y será «una declaración muy personal y sincera sobre su planes para el país, en el que hablará de lo que significa ser estadounidense y los retos que enfrentamos». Aunque habrá menciones a las infraestructuras, la educación o la industria, hay que esperar «menos una lista de propuestas y más un documento filosófico, una visión de hacia dónde ve el país, el rol apropiado del gobierno y el papel de los ciudadanos».

La jornada continuará con una reunión de primeras damas, el desfile entre el Capitolio y la Casa Blanca, que se espera más breve que en ocasiones anteriores. Culminará con los bailes oficiales, solo tres en esta ocasión. Se espera que el ya presidente hable y baile en los tres. Su presidencia estará ya en marcha.