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PRIMER PRESIDENTE DE LA DGA

Fallece el impulsor del Aragón autonómico

Juan Antonio Bolea Foradada reivindicó la vía rápida para Aragón, y la «nacionalidad histórica» / Sus primeras decisiones fueron por el Canfranc, el regadío o el arte sacro

 

Imagen de archivo de Juan Antonio Bolea. -

Antonio Ibáñez Antonio Ibáñez
27/02/2021

Juan Antonio Bolea Foradada fue la primera persona que izó la cuatribarrada que desde entonces ondea vigorosa junto al monumento al Justicia de la zaragozana plaza de Aragón. Lo hizo el 23 de abril de 1978 junto a más de 200.000 aragoneses que aquel día histórico salieron a la calle para reclamar la autonomía plena y reivindicar para la comunidad el máximo nivel de autogobierno. La entidad del Aragón democrático comenzó con ese gesto y su posterior desarrollo no se podría entender sin la figura de este hombre, primer presidente de la Diputación General de Aragón, que ayer falleció poco antes de cumplir 91 años. Mantuvo la lucidez hasta hace unos días, en los que las complicaciones de un infarto acabaron con su vida en un hospital de Zaragoza.

Juan Antonio Bolea Foradada (Ayerbe, 1930-Zaragoza, 2021) atesoraba algunas de las cualidades que más se demandan a los políticos y que más se echan en falta hoy en día: sólida preparación, capacidad de diálogo, inconformismo desde la moderación, voluntad de llegar a acuerdos con el contrario y una independencia que le llevó incluso a enfrentarse con el partido en el que inició su carrera política, la UCD, porque antepuso sus ideas y su compromiso colectivo a cualquier disciplina y beneficio propio.

Se retiró el 1999

En 1999 se retiró, ya como diputado en las Cortes del PAR, de la política, aunque siguió participando discretamente de la vida interna de su partido y de los actos institucionales en los que se requería su presencia. Sus últimos años los dedicó a la lectura y a una de las cuestiones en las que era el mayor experto, el régimen jurídico de las comunidades de regantes. La compleja planificación hidrológica fue una de sus especialidades y su libro 'Las comunidades de regantes', publicado en 1998, es un documento de referencia que hace cinco años actualizó con la inclusión de todas las normas jurídicas existentes sobre la materia.

Sus raíces se encuentran en el Alto Aragón, entre la localidad cinqueña de El Pueyo de Santa Cruz y el Ayerbe en el que nació, el 30 de marzo de 1930. Inició sus estudios primarios en esta localidad y los continuó en Huesca, pero fue en Zaragoza, concretamente en el colegio universitario Pedro Cerbuna y la facultad de Derecho, donde despertó su conciencia política. Licenciado con brillantez, obtuvo una plaza por oposición para ejercer como fiscal en Cádiz, en 1952. Allí conoció a Chari, su compañera de vida, que le sobrevive, y con quien tuvo seis hijos, entre ellos a Juan Bolea, Premio de las Letras Aragonesas y veterano colaborador de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. Este medio le rindió uno de sus últimos homenajes públicos y le concedió en el 2018 el título de Aragonés de Honor, en el 40 aniversario de la autonomía.

Bolea fue feliz en Cádiz, y Alicante donde también ejerció, pero siempre quiso volver a Aragón, y lo logró tras obtener en 1962 una plaza de magistrado de lo Contencioso-Administrativo. Presidió esa sala de la Audiencia territorial hasta que pidió la excedencia en 1976 para ser asesor jurídico de la Cazar, la actual Ibercaja.

Aragonesismo precoz

Fue precoz su aragonesismo y la reivindicación del máximo peso político para Aragón. Ya durante el franquismo lo reclamó durante su discurso de ingreso a la Institución Fernando el Católico, en 1973. Bajo el título  Perspectivas de la descentralización, abogaba por la necesidad de reconocer el hecho regional y la personalidad de Aragón para participar en política. Como él mismo reconocía, fue seducido por Luis del Val, José Luis de Arce y Carmen Solano para incorporarse a la UCD, partido por  el que fue diputado en la primera legislatura y senador en la siguiente. Una etapa corta, (1977-1981), pero suficiente para inventar el Aragón institucional.

Tras las primeras elecciones el 15 de junio de 1977, se constituyó una asamblea de Parlamentarios de Aragón en la que Bolea tuvo un papel activo. Se acordó que Aragón no renunciaba a tener la misma velocidad competencial que País Vasco y Cataluña y así se ratificó en Alcañiz, con autoridades catalanas, el 30 de agosto de 1977.

Pero entonces empezó la primera decepción, ya que aunque Bolea siempre pensó que el partido de Suárez era autonomista, los acuerdos con el PSOE de Felipe González relegaron a Aragón a una vía lenta que ha sufrido hasta hoy. Fue un gran sinsabor para un hombre que pensó que en Aragón siempre faltó fuerza interna y convicción para reivindicar con contundencia unos derechos que le correspondían a Aragón. Su propio partido en Teruel impulsó que los ayuntamientos se opusieran a la vía rápida de la autonomía, en contra de lo que él deseaba. Las tres diputaciones provinciales y 529 municipios rechazaron, frente a 137, que Aragón optara al máximo desarrollo de autogobierno. Esa amarga votación condenó a Aragón a la segunda división autonómica y no pudo ascender a la primera hasta el 2007.

Bolea quedará en las páginas de la Historia porque el 9 de abril de 1978 fue elegido presidente de la primera Diputación General de Aragón. Fue en la iglesia de San Pedro de los Francos de Calatayud, en un ambiente de fervor popular y en el que se tomaron las dos primeras decisiones. El 23 de abril sería el Día de Aragón y la bandera de Aragón sería la cuatribarrada. Bolea convocó una gran manifestación popular para conmemorar el primer día de la comunidad y reclamar la autonomía plena. Y en Calatayud exhibió una bandera aragonesa artesana cosida por Herminia Blanco y Miguel Dalmau, que hoy se exhibe en la sala de retratos del Pignatelli. Junto a Bolea, el socialista Jaime Gaspar fue el vicepresidente y José Ángel Biel fue el secretario general de un gobierno que estaba pormado por una asamblea de parlamentarios de doce miembros.

Todo por hacer

Estaba todo por hacer y así lo demuestra que la primera decisión fue elaborar el primer mapa oficial con los límites de Aragón y asumir las primeras competencias otorgadas por el Gobierno central en un camino que 40 años después aún no se ha cerrado. 

Bolea abrió los debates que han marcado la agenda política aragonesa posterior y muchos de ellos aún no se han cerrado. Es paradójico que por poco no verá la resolución de dos aspectos capitales en los que él tomó parte: el Canfranc y la devolución del arte sacro. De hecho, en el segundo Consejo de Gobierno que presidió, el 13 de mayo de 1978, se dirigió a la Nunciatura y el Ministerio de_Justicia para reclamar que las parroquias aragonesas volvieran a las diócesis de la comunidad, y poco tiempo después, en 1981, se dirigió para la recuperación de todo el patrimonio. Asimismo, como diputado en el Congreso su primera iniciativa fue reclamar la reapertura del Canfranc. Conexiones ferroviarias y, por supuesto, una planificación hidrológica que incluyó el desarrollo de los regadíos como herramienta vertebradora del medio rural, impulsando Bardenas, Aragón y Cataluña, Monegros II o el Guadalope. También, entre 1978 y 1981 durante su presidencia Aragón se adhirió a la petición del Nobel de Ramón J. Sender o presionó para que Cataluña introdujera en su Estatuto que Aragón tenía pleno derecho también sobre el Archivo de la Corona. Defendió a capa de espada, incluso enfrentándose al Ayuntamiento de Zaragoza, la llegada a Figueruelas de la GM.

Firmes convicciones

Fue un hombre tenaz y de firmes convicciones, cuya oposición férrea a los trasvases que pretendió impulsar su propio Gobierno (al que presentó una enmienda a la totalidad) y su reivindicación autonomista le hicieron enfrentarse a la UCD, que le puso la cruz. Pero antes de que le defenestraran, Bolea optó por abandonar en 1981 el partido. Fue en pleno proceso de elaboración del primer Estatuto de Aragón, en el que apostaba decididamente por reconocer a la comunidad como «nacionalidad histórica». Su sintonía con Hipólito Gómez de las Roces, presidente del PAR, y la coincidencia en sus enmiendas, hicieron que se uniera a este partido, que ya no abandonó. El Aragón autonómico sería impensable sin la obstinación de este hombre afable y valiente, también discreto, que sentó las bases del Aragón que hoy conocemos.