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EL PASTOR DE ANDORRA

  •  Joaquín Carbonell bucea en la vida de José Iranzo y dedica una completa biografía al último mito viviente del folclore aragonés


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    JUAN BoleaJUAN Bolea 08/04/2005

    El Pastor de Andorra, menos conocido por José Iranzo, y menos aún por Tracaletas o El Militar (apodos previos al sobrenombre que lo ha hecho inmortal en el folclore jotero) ha despertado el interés biográfico de Joaquín Carbonell, quien, en la colección de Personajes de la editorial Delsan, acaba de dedicarle un hermoso libro que recorre su historia personal: José Iranzo, El Pastor de Andorra. 90 años de jota .

    Para acercarse a un fenómeno humano, a quien ya oyó cantar cuando tenía diez años, en su vecino pueblo de Alloza, Carbonell ha visitado al Pastor en su masada andorrana. Toda la vida de José ha transcurrido al cuidado de sus ovejas. Allí, en el campo, donde nació la jota, Joaquín escuchó arrancarse al creador de La Palomica . "Cuando José agarra la guitarra --escribe Carbonell-- y rasguea toscamente sus cuerdas todo el mundo sabe que va a asistir a un momento mágico. El estrépito de un sonido hiperbólico llega hasta la última sabina de los pinares y uno nota un escalofrío, una opresión en el pecho. Y detrás de una jota viene otra, y otra, y otra más, hasta que te invade un mareo dulce, una ligera brisa con sabor a romero y aceituna, y notas que la felicidad te está rozando las mejillas".

    La biografía de José Iranzo está plagada de curiosas anécdotas. Hijo de una familia modestísima, perdió a su padre y a dos de sus hermanos con las epidemias de gripe de principios del siglo anterior. Su madre, cuando tenía que ir al ultramarino del pueblo, abandonando el mas, lo dejaba encerrado en el pajar, con una jarra de leche y un gato, para que el crío, al quedarse solo, no anduviera por ahí y acabara ahogándose en la balsa. Nacido en 1915, el Pastor aprendió la jota oyendo a otros pastores, a gente que cantaba en los trillos, o a un amo que tuvo, "el tío Manuel el Gordico, que era muy cantador". Pero hubiera aprendido de cualquier modo, porque tenía don.

    Fue Pascuala Perié, directora de la Escuela Municipal de Jota de Zaragoza, la maestra que domaría e instruiría ese genio. Muy pronto, José ganó los concursos del Teatro Principal y se hizo fijo en los festejos del Bajo Aragón. "En Calanda llegué a cantar 320 jotas seguidas, y me bebí veinte huevos para aclarar la voz. Menos mal que me montaron en el caballo de Raimundo el gitano... ¡Y lo bien que suena la jota sobre un caballo!".

    Un día le llamaron a cantar a Teruel, delante del ministro franquista Ibáñez Martín. En esa actuación, de una manera espontánea, fue presentado como El Pastor de Andorra, y con el apodo permaneció. Pilar Primo de Rivera, presidenta de la Sección Femenina, debió oír hablar de aquel prodigio bajoaragonés, porque lo llamó para integrar el grupo de Coros y Danzas que partía en gira por Europa.

    En Londres, viendo a los predicadores de Hyde Park, que portaban sus típicas escaleras, El Pastor pensó que iban a varear la oliva. Y en Nueva York, ni corto ni perezoso, le canto una jotica en inglés a Robert Kennedy, que acababa de perder a su hermano John.

    Personajes como Fulgencio Batista, Fraga Iribarne, Gómez de las Roces, Concha Velasco, Fernando Esteso, José Oto y otros muchos complementan este emotivo libro.

    *Escritor y periodista