La renovación generacional que se le encomendó a Luis Enrique no era una tarea sencilla, pero todo comenzó funcionando bien. Tras la desilusión del Mundial, España ganó en Wembley a Inglaterra (2-3) y goleó a Croacia (6-0) en las dos primeras jornadas de la Liga de Naciones. En los enfrentamientos de vuelta, dos derrotas han devuelto a España a la realidad, han recordado al incipiente proyecto de Luis Enrique que cualquier fallo se penaliza, que no ejecutar el plan con precisión supone perder y que no aferrarse con desesperación a las oportunidades supone fracasar.

El entusiasmo que rodeaba a la selección española se ha disipado en dos convocatorias, entre los contragolpes ingleses y el afán croata. La nueva realidad de España es que está todavía lejos de ser un equipo sólido e integrado, que la construcción apenas ha empezado, que aunque cuente con los planos del rascacielos, tiene que buscar los materiales y ensamblarlos.

NUEVA ERA EN CIERNES

En Zagreb, en un partido que el seleccionador había catalogado como una final, España perdió las pocas señas de identidad que había anticipado, perdió la batalla táctica y fue un equipo inoperante. En el segundo periodo, espoleado por los goles croatas, las reacciones del equipo español fueron rápidas y contundentes, pero cuando tuvo al rival moribundo, contra las cuerdas, no se fue a por la victoria con el arrojo que las circunstancias merecían. Croacia sobrevivió y encontró el premio a la insistencia, que no al juego, en el corralito privado de Jedvaj, al costado del área pequeña de De Gea.

Con el final de su generación dorada, España ha perdido el lugar privilegiado en el olimpo del fútbol. Una nueva era está en ciernes y tendrá que granjearse su estatus con el trabajo y los resultados, de momento irregulares. La reconstrucción de Luis Enrique está en pañales, inmersa en un largo periplo por la vida hasta alcanzar una madurez que se atisba lejana.

En la transición, el equipo perdió talento y jugadores de trascendentes a primer nivel mundial. Más allá de la evolución del sistema de juego (estancada), el proceso que ocupa a España es volver a funcionar como un equipo que potencia las habilidades de sus mejores jugadores.

Luis Enrique dijo que esperaba el partido que hizo Croacia, pero no supo imponer su idea. Más allá de mantener su sistema habitual, la gran apuesta fue Sergi Roberto, tan peligroso en ataque como en defensa, pero con más trascendencia atrás en el partido de Zagreb.

De Gea, el epicentro del debate en la portería, contribuyó a mantener a España en el partido con dos paradas de mérito en momentos de bonanza para el combinado croata, pero quedó penalizado por su pasividad en los goles, desasistido por la defensa. El portero del United arrastra las dudas del Mundial y no ha completado actuaciones que disipen la inseguridad que sigue generando su presencia en la portería, mientras Kepa aguarda su oportunidad.

POCA CONSISTENCIA

Saúl y Asensio, los estandartes del proyecto en sus primeros días de gloria, han pasado a camuflarse entre las tropas hasta pasar inadvertidos en la batalla: el centrocampista del Atlético, diluido entre posesiones largas y tediosas, y el atacante del Madrid, en el banquillo. Pese a haber sido el gran beneficiado en minutos con la marcha de Ronaldo del equipo blanco, Marco Asensio se ha disipado con el avanzar de la temporada tanto en su club como en la selección.

Todo termina con la variabilidad y la poca consistencia de los delanteros. Con Diego Costa sin debutar con Luis Enrique y Alcácer, el único delantero español en forma goleadora, fuera de la lista. A Aspas, Rodrigo y Morata no se les puede reconocer más que el esfuerzo y la entrega.

Ya sin Sergio Ramos, de vuelta a Madrid con una sobrecarga, España juega en Gran Canaria un amistoso con Bosnia a la espera de la carambola en Wembley (empate entre Inglaterra y Croacia) que le permita ganar el grupo de la Liga de Naciones. La competición no volverá hasta la primavera para la selección. Luis Enrique tiene trabajo por delante.