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Calma y a la cocina

 

Lo de menos son ya los maliciosos rumores que apuntaban hacia determinados establecimientos –como si la existencia de un trabajador afectado por el virus se extendiera de inmediato a la clientela− o la constatación de que gran parte de los bares y restaurantes chinos han cerrado sus puertas, probablemente como medida preventiva fruto de información más directa y otra forma cultural de enfrentarse a las crisis.

La epidemia está aquí y va a alterar sustancialmente nuestra relación con la hostelería. Nos guste o no, irá habiendo nuevas medidas, que una mirada hacia Italia puede adelantarnos.

Y cuanto antes lo aceptemos, más pronto se controlará el contagio, que es labor colectiva, de toda la población. Es duro admitirlo, pero el cotidiano cafecito, el vermú, la comida de placer o trabajo, o esa caña o vino tras el trabajo probablemente tendrán que posponerse varias semanas. El sector sufrirá, pero sobrevivirá, como ante otras crisis.

Eso sí, al menos podemos abrirnos ya una hucha, y en la media de lo posible, ir acumulando esos eurillos diarios, para darnos un homenaje cuando escampe, que lo hará, más tarde o más temprano. Mientras tanto, y dado que vamos a pasar más tiempo en nuestros domicilios recuperemos ese espacio llamado cocina. Guisar puede convertirse, para quien no lo haga aún, en una actividad lúdica, placentera y compartida.

Busque esos viejos recetarios, busque nuevas fórmulas por las redes o telefonee a sus mayores para obtener ideas. Tire de la despensa –sin acumular víveres, que el sistema funciona bien−, compre lo imprescindible e invierta tiempo en elaborar esos platos olvidados, por su laboriosidad o simple pereza.

Hagamos de la necesidad virtud, recuperemos el placer de transformar los alimentos –que siguen siendo seguros−, compartamos su degustación con una botella de vino y saludemos a la vida.

No estamos ante una peste medieval, ni nuestras condiciones son las mismas, pero quizá podamos aprovechar esta circunstancia para volver a esos placeres elementales, sencillos y tan humanos.

Y cuando se acabe, que se acabará, volvamos rápidamente a los bares y restaurantes.

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