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Los Grammy se reconcilian con las mujeres

Kacey Musgraves, Cardi B y Dua Lipa conquistan los premios principales en una gala con acento femenino

 

Cardi B., ganadora al premio del mejor disco de rap. - REUTERS/M. BLAKE-AFP/R. BECK-AFP/A. EDWARDS-REUTERS/M. ANZONI

H.E.R., premio al mejor disco de R&B. - REUTERS/M. BLAKE-AFP/R. BECK-AFP/A. EDWARDS-REUTERS/M. ANZONI

RICARDO MIR DE FRANCIA
12/02/2019

Propósito de enmienda en los Grammy. Un año después de que los grandes premios de la música estadounidense recibieran palos desde todos los flancos por la escasa presencia de artistas femeninas entre los premiados, un aparente agravio que se agudizó cuando el presidente de la Academia de Grabación respondió a las críticas diciendo que «las mujeres tienen que ponerse las pilas», el péndulo ha oscilado completamente. En una gala presentada por Alicia Keys y dedicada a homenajear a ilustres divas como Dolly Parton, Diana Ross y la fallecida Aretha Franklin, las mujeres acapararon el protagonismo sobre el escenario y se fueron a casa con las manos llenas. Kacey Musgraves, Cardi B y Dua Lipa conquistaron algunos de los grandes premios de la noche. Solo les hizo sombra el rapero Childish Gambino, uno de los grandes ausentes de la ceremonia.

Que esta iba a ser una gala distinta a la del año pasado, quedó patente desde el primer minuto, cuando la sensualidad de la cubana Camila Cabello irrumpió en la pantalla para abrir la noche a ritmo de Havana. «¿Quién manda en el mundo?», preguntó Keys poco después para presentar a cuatro mujeres que conjuntamente casi doblan en seguidores de Twitter a Donald Trump, el rey del pajareo en las redes. Lady Gaga, Jennifer López, Jada Pinkett Smith y Michelle Obama tomaron la palabra para recrearse en el valor de la música como lenguaje universal. «La música nos ayuda a compartir quiénes somos, nuestra dignidad y nuestros lamentos, nuestras esperanzas y nuestras alegrías», dijo Obama con la misma naturalidad con la que después tarareó algunas canciones desde la platea.

El mejor disco del año fue a parar a manos de Musgraves, una estrella del country con un sonido popero que se llevó los cuatro Grammy a los que aspiraba. «Estoy rodeada de discos gigantes… Es una locura haber ganado, pero estoy muy agradecida. Esto no me hace mejor que a los demás», dijo la tejana de 30 años, con la que pocos contaban en las quinielas. Su disco Golden hour dejó nuevamente sin el premio gordo a raperos como Drake, Kendrick Lamar y Post Malone, confirmando la histórica racanería de la Academia de Grabación hacia los poetas sucios de la calle estadounidense. En un gesto de protesta hacia esa recurrente sequía, Lamar y Gambino ni siquiera asistieron a la ceremonia. Tampoco estuvo por desavenencias con la organización Ariana Grande, galardonada por el mejor disco de pop vocal.

RAPEROS ‘ON FIRE’

Drake explicó esa desconexión entre el hip-hop y los Grammy al recoger su gramófono a la mejor canción de rap (God’s plan). Les dijo a sus compañeros de género que no necesitan ganar nada para sentirse valorados, el reconocimiento viene de aquellos que cantan sus canciones, van a sus conciertos y los encumbran en la calle. «No necesitáis esto», clamó desde el escenario. Pero lo cierto es que no fue una mala noche para el hip-hop. Childish Gambino, seudónimo que esconde al rapero y actor Donald Glover, se llevó dos de los cuatro grandes premios de la noche –mejor canción y grabación del año–, además de mejor vídeo y actuación de rap, por This is America, un gráfico balazo en la conciencia del país. Era la primera vez que una pieza de rap era reconocida como mejor canción del año. También Cardi B rompió con la tradición e hizo historia, al ser la primera mujer en conquistar el mejor disco de rap por Invasion of privacy.

El otro dulce exquisito de la noche, el que distingue al artista novel, fue para la británica Dua Lipa, que comenzó su carrera colgando versiones en Youtube cuando tenía 14 años. Poco antes había protagonizado una de las actuaciones más hipnóticas de la noche junto a junto a St. Vincent. También brilló Brandi Carlile con la desnudez de su guitarra y su sonido Americana. Se llevó tres Grammy, al igual que Lady Gaga, tran dramática y afectada ella. Dos de ellos por Shallow, una de los duetos con Bradley Cooper de la película Ha nacido una estrella.

La gala fue tan larga como siempre. Casi tres horas y 45 minutos, toda una prueba de fidelidad para el espectador. Keys la condujo con enorme naturalidad y calidez, pero sin grandes filigranas retóricas ni guiños políticos ni sarcasmo para buscar unas risas. Dejó otra de las actuaciones destacadas de la noche, una interpretación con dos pianos de clásicos de Nat King Cole o Ella Mai.

Pero si hubo un clásico entre tanta estrella de la música más comercial fue la gran señora del country, Dolly Parton, que cantó un medley de su larguísima lista de hits junto a algunas de sus alumnas, como Kate Perry o su ahijada Miley Cyrus. Mucho más polémico fue el tributo a Motown, a cargo de Jennifer López, una artista sin ninguna vinculación a la escudería de Detroit. Las redes fustigaron a la organización por no haber escogido a ninguna de las leyendas vivas de la cuna del soul. Tampoco ayudó que la puertorriqueña del Bronx hiciera aparentemente playback para cubrir el expediente.

No está del todo claro que el rock y sus derivados estén muertos, pero en cualquier caso los Grammy decidieron enterrarlos en esta 61ª edición celebrada en el Staples Center de Los Ángeles. Solo Red Hot Chilli Peppers subió al escenario. No lo hicieron ninguno de los premiados en las categorías del ramo: Greta Van Fleet (mejor disco de rock), Beck (disco de música alternativa) y Chris Cornell (actuación de rock), un gramófono póstumo para el fallecido vocalista de Soundgarden.

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