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Presentación de 'Pan, educación y libertad'

Petros Márkaris: "Estoy cansado de esta crisis tan larga, como ciudadano y como escritor"

 

El griego Petros Márkaris, en una de sus anteriores visitas a España. - Foto: E. P.

G. AGUERRI / F. VALERO
29/01/2014

Petros Márkaris recibe hoy --a las 20.00 horas, en el Teatro Principal-- el primer premio de honor Aragón Negro. Autor de guiones para teatro, televisión (la serie Anatomía de un crimen) y también para el cine, sobre todo para películas de Theo Angelopoulos, su popularidad internacional le llegó sin embargo de forma tardía con sus novelas de intriga protagonizadas por el policía Kostas Jaritos.

 

--Enhorabuena por el premio, lo primero. ¿Ponía a Zaragoza en el mapa?

-- Cuando me enteré de que me habían dado el premio de honor de novela negra en Zaragoza me sentí emocionado. Yo he oído hablar de Zaragoza, pero no he estado nunca allí. Y ahora tengo verdaderos deseos de conocer la ciudad, de ir a verla con Juan Bolea, que me ha dicho que dedicaremos un día a recorrerla.

 

--Usted se considera familia de Vázquez Montalbán y Andrea Camilleri. De hecho, se les engloba en un género denominado Novela negra mediterránea. ¿Lo comparte?

--Montalbán, Camilleri y yo, en efecto, escribimos novela policíaca mediterránea, con unas características comunes muy concretas. Por ejemplo, nuestros protagonistas están ligados a una ciudad o a un territorio muy definido. En el caso de Montalbán era Barcelona, en el de Camilleri es Sicilia y en el mío es Atenas. Además se trata de tres detectives que conceden mucha importancia al acto de comer, que disfrutan con una buena comida y que, en lo que se refiere a Carvalho, es incluso un buen cocinero.

 

--¿Cómo definiría el género?

--La novela policiaca que practicamos debe ir más allá de la intriga criminal. Pero, de hecho, se trata de algo que ya apareció en la literatura burguesa del siglo XIX. Este enfoque no es nuevo. Se encuentra en obras como Crimen y castigo, de Dostoievski, y en muchas novelas de Charles Dickens. Como les digo a muchos jóvenes escritores, la mezcla de trama criminal y trasfondo social no es algo caído del cielo, tiene muchos antecedentes.

 

--Sus policías (Pepe Carvalho, Montalbano y Jaritos) tienen un rasgo común (muy mediterráneo), el de la ironía y el sentido del humor. ¿Es necesaria hoy esa ironía para afrontar la cruda realidad?

-- Los detectives de Montalbán y Camilleri y Kostas Jaritos se mueven en una realidad europea y, como hombres del sur que son, contemplan esa situación de una manera muy irónica, cínica en ocasiones, lo que no deja de ser un comportamiento muy propio del mediterráneo. Pero eso no impide, por otro lado, que afronten los retos con seriedad, que valoren la gravedad de la situación. Una cosa es compatible con la otra.

 

--¿Cómo surge Kostas Jaritos?

--Debo aclarar que yo no creé a Kostas Jaritos. Me creó él a mí. Y cuando se me apareció, lo hizo con toda su familia, su mujer y su hija. Esto fue allá por 1990 ó 1992. Yo entonces era un pequeño burgués y la verdad es que su aparición en mi vida no me hizo gracia. No quería saber nada de ellos. '¡Olvidaos de mí!', les dije. '¡Dejad de torturarme!'. Luego, poco a poco, fui aprendiendo que Kostas era un policía y eso me causó extrañeza. Yo no tenía nada que ver con su mundo. De hecho, tampoco es que sintiera una especial simpatía por la Policía en general. ¿Cómo podía crearlo entonces? De ahí que se vistiera de paisano, sin uniforme y que acabaran adoptando un aire que me recordaba a mi propia familia, a mis padres.

 

--Usted tiene un pasado cosmopolita y una formación académica alemana. ¿Como ve el hecho de que Alemania imponga su criterio económico? ¿Ser economista le ha ayudado a entender la situación?

--Es una vieja historia. Se da la circunstancia de que, por mi biografía, tengo un gran vínculo con Alemania. Tengo el privilegio y la ventaja de conocer a los alemanes muy bien y sé cómo tratarles e incluso convencerles. Yo por eso les digo que tienen que reflexionar. Tiene que entender a la gente del sur de Europa para que la solución de sus problemas no resulte algo tan doloroso como está siendo. Es preciso, les digo, que hagan un esfuerzo por entender la forma de pensar de los europeos de países como Grecia, Italia, España y Portugal. Lo más importante es que crecí en dos países, como Grecia y Turquía, que tienen unas economías muy débiles e inestables. Por eso veo lo difícil que es salir de esta situación de crisis y detesto a los políticos que engañan a sus ciudadanos y les hacen creer que la solución es sencilla y que todo se resolverá enseguida.

 

--Sus últimas novela de Jaritos retratan precisamente el sufrimiento del pueblo griego y las turbulencias que ha provocado la situación. En Pan, educación y libertad plantea una Grecia que vuele al dracma y lo mismo va a pasar en España e Italia. ¿Tan malo ha sido el euro?

--A mí me parece que la forma en que se aplicó y se aplica el euro, a las economías de 17 países muy diferentes, fue muy torpe y que eso genera muchos problemas. Ahora bien, cuando en Pan, educación y libertad planteo la salida de la zona euro y la vuelta al dracma, no me refiero a algo que sería deseable en la realidad. No hay manera de dar marcha atrás. Esto es como la teoría del laberinto. Nadie te fuerza a entrar, pero una vez dentro no vale con decir que quieres salir. Tienes que encontrar la salida. Está claro que ningún país puede desenvolverse solo. Estamos atascados en el laberinto. Lo siento. Creo que no soy muy optimista respecto al futuro, pero es así como pienso.

 

--Ha anunciado que esta, en principio, trilogía sobre la crisis va a concluir con un cuarto libro Títulos de crédito. Un epílogo. ¿Qué le cansa más, escribir de la crisis o la crisis?

-- Evidentemente, estoy cansado de esta crisis tan larga. De hecho, estoy cansado como ciudadano y también como escritor. Con mi última novela, que tengo en preparación, voy a poner punto final a la serie sobre el impacto de la crisis en Grecia. Estoy harto de este tema y de la duración de la recesión. Puedo hacer que Kostas Jaritos se meta en otros mundos, al margen de la economía, pero lo que no puedo hacer es poner fin a esta crisis. De ahí que no soporte a los políticos que tratan de vender falsos atajos para mejorar la situación.

--¿Ve alguna esperanza en su país y en el resto de los países mediterráneos que estamos sufriendo los dictámenes de las grandes finanzas y los bancos? ¿Saldremos de la crisis? ¿Podemos hacer algo además de protestar?

--Ya lo creo que hay esperanza en el sur de Europa. Somos países muy luchadores, como lo hemos demostrado a lo largo de la historia. Pienso que lo que hace falta es que dediquemos tiempo a reflexionar y que, solo después de haber hecho esto, reaccionemos. Ahora bien, salir de la crisis no significa crecer económicamente, aumentar la producción. No saldremos de la crisis mientras haya casi un 30% de paro y que el 60% de los más jóvenes no tengan trabajo. La solución pasa por crear empleo para todos y por conseguir que los trabajadores ganen sueldos dignos con los que mantener a sus familias.

Revista RedAragon

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